martes 28 de abril de 2009

Rv: CÉSAR VALLEJO Y LA VANGUARDIA LITERARIA / Araceli Soní Soto.



--- El mar, 28/4/09, Alfredo Rubio-Bazán <alfredorubiobazan@gmail.com> escribió:

De: Alfredo Rubio-Bazán <alfredorubiobazan@gmail.com>
Asunto: CÉSAR VALLEJO Y LA VANGUARDIA LITERARIA / Araceli Soní Soto.
Para:
Fecha: martes, 28 abril, 2009 7:46

CÉSAR VALLEJO Y LA VANGUARDIA LITERARIA

Araceli Soní Soto

 

César Vallejo, sin duda, se inscribe en el movimiento de vanguardia literaria latinoamericana, cuyos años de florecimiento se ubican entre 1920-1930. El poeta escribió su segunda obra, Trilce, en 1922 y a la fecha es considerada una de las obras más representativas de la vanguardia, en la cual se observa un cambio radical en el empleo de la forma, no sólo en relación con la producción literaria de su entorno inmediato, sino respecto a la primera del mismo autor, Los heraldos negros, de sello romántico y modernista. Sin embargo, Trilce no es una consecuencia de los acontecimientos de vanguardia, sino la impulsora de ese movimiento, pues constituye un proyecto estético inédito que irradió la cultura emergente de la época tanto en Perú como en América Latina. La obra, no sólo tiene características novedosas propias de la vanguardia, sino que posee rasgos excepcionales en cuanto a su sentido profundo en el tratamiento temático en el que se funden elementos americanos, regionales e indígenas con influencias europeas.

 

LA VANGUARDIA LITERARIA Y EL SURGIMIENTO DE TRILCE

 

CONTEXTO CULTURAL DEL PERÚ DURANTE LA VANGUARDIA

 

LA PARTICIPACIÓN DE VALLEJO EN LOS MANIFIESTOS DE VANGUARDIA

 

TRILCE

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Araceli Soní Soto es profesora-investigadora adscrita al Departamento de Educación y Comunicación de la UAM-Xochimilco. Correo electrónico: asoni@correo.xoc.uam.mx

 

TODO EL TEXTO EN PDF ADJUNTO


lunes 27 de abril de 2009

Fwd: dos envios: Isla Negra 180 y convocatoria a palabra en el mundo



---------- Mensaje reenviado ----------
De: Luis Anamaria <luismiguel1952@gmail.com>
Fecha: 27 de abril de 2009 10:36
Asunto: Fwd: dos envios: Isla Negra 180 y convocatoria a palabra en el mundo
Para: socialismo peruano <luismiguel1952.socialismoperuano@blogger.com>




---------- Mensaje reenviado ----------
De: gabriel impaglione <impaglioneg@yahoo.es>
Fecha: 27 de abril de 2009 10:32
Asunto: dos envios: Isla Negra 180 y convocatoria a palabra en el mundo
Para: luismiguel1952@gmail.com



 
Y aquí vamos... en poesía...
 
ánimo compañeras, compañeros, amigas/ amigos en el arte y en la construcción de un futuro distinto y de todos.
Un encuentro entre amigos en casa, alrededor de la poesia, es un paso (/ como dice Tito Alvarado),
una activdad escolar, universitaria, callejera, es otro paso... desde una radio hacemos también camino.
Hagan vuestra Palabra en el mundo en casa ciudad, hagamos de todos el mundo en poesia...
 
cariños
gabriel
 
  
 
ayudennos a multiplicar casa por casa la poesia!!
sumen, convoquen, unanse, entre todos solo puede ser posible!!!
 
 
 Convocatoria
III Festival Palabra en el mundo,

Vorto en la mondo, Palavra no mundo, Parola nel Mondo, Worte in der Welt, Rimayninchi llapan llaqtapi, Paraulas in su Mundu, Cuvant in Lume, Parole dans le Monde, Ordet i verden, Word in the world, palabra no mundo

14 al 17 de mayo del 2009

La Paz, el pan y el agua de cada día


A los poetas que también son organizadores, gente de palabra y acción; a los profesores, en la tarea de poner luces en la mente: a los periodistas, los de las verdades que otros callan; a los trabajadores de la cultura, aquellos que hacen florecer los sueños. Cinco experiencias son toda una historia, cinco veces hemos llamado a celebrar la poesía leyendo como un acto de solidaridad, ya sea con el Festival Internacional de Poesía de La Habana o el Congreso Brasileño de Poesía, y la respuesta ha sido siempre un poco más de lo esperado y un poco menos de lo posible..

Por este medio llamamos a todos los poetas, profesores, periodistas y trabajadores de la cultura a que asuman como suya esta iniciativa, ahora Palabra en el mundo es un Festival de Poesía que se da en todo lugar donde encontremos eco.

Decimos que la paz mundial es posible si logremos unir nuestras voces, decimos que el agua y la tierra pueden y deben ser un recurso de todos, decimos que el futuro depende de nuestros actos presentes, decimos que la poesía de los actos puede más que los cañones, decimos que la civilización toda depende de que sea más fuerte la palabra y los hechos de amor a la vida y no la hecatombe de las armas o los descalabros de la bolsa, decimos poesía y decimos unamos nuestras voces en un coro polifónico, decimos poesía y con ella iluminamos la vida, alegramos el camino, señalamos los efectos, abrazamos la causa de cantarle al amanecer, a la hierba creciendo, a la flor en su acto de florecer, decimos poesía para acariciar, para susurrar, para cantar, para gritar y en cada uno de estos gestos decimos con los maestros: cambiar la vida.

Por estas razones de amor y poesía llamamos a organizar en cada lugar: escuela, teatro, café, restaurante, anfiteatro, playa, parque, plaza, calle, casa particular, casa de cultura, estación de radio, canal de televisión, sala de conferencia, centro comercial, o donde sea imposible, una o muchas lecturas de poesía, que unidas a otras en distintos puntos del planeta, darán forma al Festival de Poesía: Palabra en el mundo.

Las ideas que pretendemos poner en movimiento parten de la poesía y en tanto poesía van mucho más allá del simple hecho de leer poemas. Se pretende que este Festival sea un lugar de encuentro, una cita insoslayable, una comunión de los que escriben y los que la viven, una huella en el alma, un ponernos de acuerdo en lo necesario, lo que no tiene nombre, un momento para cargar nuestras armas de futuro.

En consideración a que nos proponemos lograr la participación de cientos de escuelas primarias y secundarias, y teniendo presente que en los dos hemisferios deben estar los niños en clase, el III Festival Palabra en el mundo se desarrollará, en cada lugar que lo acoja, del jueves 14 al domingo17 de mayo del 2009.

Creemos que se puede, creemos que se debe y sobre todo queremos ir a las escuelas y leer poesía a los niños, que la lean ellos y que dejen constancia de su sentir y visión, ya sea en composiciones, poemas, dibujos u otra forma artística, estos resultados se intercambiaran con otras escuelas.

Esta llamado lo hace Proyecto Cultural SUR Internacional y Revista Isla Negra, en cada lugar lo pueden asumir como suyo y trabajar en común acuerdo las más diversas entidades culturales. Lo dejamos en sus manos en la esperanza de que cada uno le agregue corazón y fuerza para que la poesía sea algo más que palabras.


Gabriel Impaglione
Tito Alvarado

comunicaciones: poesia@argentina.com (gabriel Impaglione)


aqui envio la convocatoria.
veras que es libre y se ajusta a las posibilidades de desarrollar una dinamica propia en cada lugar de acuerdo a las posibilidades/ necesidades locales.
La idea basica es que cada uno de nosotros arme una lectura poetica en su ciudad, no importa que sea multitudinaria, claro que si se logra mejor, pero es de base, multiplicar poesia donde se pueda, desde una plaza o una casa hasta un teatro... la sumatoria de todas las actividades entre estos dias nos dara una masiva lectura simultanea mundial en el marco de un Festival de Poesia En Todas partes...
es inèdito y cada uno es libre de aportar las variantes posibles: musicos, actores, muestras plasticas, titeres, en fin... la multidisciplinariedad como parte de la idea central (promover poesia).
Incluimos actividades de las escuelas:
charlas de poetas en escuelas, los mismos docentes que hablen de poesia, y que los chicos escriban o elijan una poesia y la ilustren; con estas ilustraciones puede montarse una muestra en la escuela o se intercambian entre colegios o se muestran en las vidrieras de la ciudad. Mas poesia, con participacion de los chicos. (semillero de lectores y autores)
 
Ojala se sumen!!
Y puedan tambien difundirlo de manera tal que muchos otros se sumen en todas partes, asi vamos construyendo esta red abierta y plural en poesia.
 
La convocatoria es con este encabezado que ves y alli se añade la institucion, el grupo, etc que convocan a nivel local.
Es de todos y por ende no hay jerarquias ni buros...
con Tito Alvarado asumimos la convocatoria general pues nace de una idea compartida cuando estableciamos estrategias de difusiòn en el seno del comite internacional de apoyo al festival de poesia de la habana...
alla en la isla los poetas hacen palabra en el mundo una semana despues de nosotros por razones de cronograma del festival, pero estan difundiendo y participando tambien en estas fechas.
Creo que sumando las ciudades que han participado hasta ahora de las cinco ediciones de Palabra en el mundo rondaremos las 500. veremos de que somos capaces en mayo entre todos.
 
Necesitare estos datos para incluir cada actividad que se realice en el programa general:
pais
ciudad
lugar
organizadores
participantes.
 
esta informacion se difunde de manera masiva.
 
Quienes quieran invitar a los medios locales, no solo a cubrir la actividad sino tambien a participar pueden hacerlo.
Una radio puede durante esos dias hacer un programa o microprogramas de poesia para adherir, la tv local un programa o serie de entrevistas a autores locales o incluso una tandita cultural con una poesia en una placa leida. Los periodico pueden publicar una pagina o un suplementde poesia.
Muchos municipios han declarado la actividad de la ciudad en el marco de palabra en el mundo de interes municipal, eso puede abrir espacios convoantes ya que generalmente se le hace mas publicdad, se otorgan espacios mas comodos, se puede realiza alguna publicacion economica tipo cuaderno con las poesias de los participantes, etc.
 
se puede sumar charlas sobre poesia, muestras de libros, charlas con autores...
es inagotable el espacio.
 
un abrazo cordial
 



 












--
Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
http://centenariogeorgettevallejo.blogspot.com/
http://socialismoperuano.blog.terra.com.pe/
cel 993754274



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Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
http://centenariogeorgettevallejo.blogspot.com/
http://socialismoperuano.blog.terra.com.pe/
cel 993754274

Rv: : PREMIOS LITERARIOS RULFO RADIO FRANCE



--- El lun, 27/4/09, castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com> escribió:

De: castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com>
Asunto: : PREMIOS LITERARIOS RULFO RADIO FRANCE
Para: poesia@cristinacastello.com
Fecha: lunes, 27 abril, 2009 2:53

Sent: Monday, April 27, 2009 4:41 AM
Subject: PREMIOS LITERARIOS RULFO RADIO FRANCE
--------------
No puedo enviar a los grupos de Yahoo, pues va en adjunto.
Sería bueno que los administradores de los sitios, hagan llegar esto de alguna manera.
No hay poesía... antes había.
No hubo en 2008 ni ahora,.
Cuento, novela corta y fotografía.
 
con ustedes,
 
Cristina Castello

Rv: Antonio Gamoneda- français -espagnol. L'UN DES PLUS GRANDS POÈTES DU MONDE. uno de los más grandes poetas del mundo. IMPERDIBLE



--- El lun, 27/4/09, castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com> escribió:

De: castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com>
Asunto: Antonio Gamoneda- français -espagnol. L'UN DES PLUS GRANDS POÈTES DU MONDE. uno de los más grandes poetas del mundo. IMPERDIBLE
Para: poesie@cristinacastello.com
Fecha: lunes, 27 abril, 2009 4:55

 
lundi 27 avril 2009

Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda
Oviedo (dans les Asturies) – Espagne. 1931. Il réside à León depuis 1934
(textes et poèmes en version française et espagnol)

De « Cecilia » - 2004, Éditions « Lettres vives »

(Antonio Gamoneda - Photo de Amando Casado)

Tu es seule en toi-même, sous ta lumière, à pleurer. Il y a un pétale blessé sur ton visage.
Tes pleurs
coulent dans mes veines. Tu
es ma maladie et tu me sauves.

Traduit de l'espagnol par Jacques Ancet

-------------

« ENTRE EN TA MÈRE… »

Entre en ta mère et ouvre en elle tes paupières,

entre doucement dans son cœur ;
Redeviens fruit dans le silence. Soyez
comme un arbre qui enveloppe la palpitation
des oiseaux
et il s'incline, et en descendent le parfum et
l'ombre.

De « Cecilia » [Fundación César Manrique, 2004].
Éditions « Lettres vives »,

Collection « Terre de poésie » dirigée par Claire Tiévant.
Traduit de l'espagnol par Jacques Ancet

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« Froid des limites » (1998)

Est-ce la lumière cette substance que traversent les oiseaux ?
Dans le tremblement du silice se déposent quartz et épines polies par le vertige. Tu sens la plainte de la mer. Ensuite,
le froid des limites.
Éditions « Lettres vives » 2000
Traduit de l'espagnol par
Jacques Ancet

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Passion du regard

(1963-1970) - Éditions « Lettres Vives »


(© « Chaise de profil » - Antonio Tàpies)


Dis-moi, que vois-tu dans l'armoire horrible
et dans la vaisselle des pleurs : c'est quoi ?

Quand tu contemples la mélancolie
dans les pharmacies et que, sur les murs,
les accusations déjà sont écrites,
qui es-tu à la fin, pourquoi te taire ?

http://humeursdejeandornac.blogspot.com/2009/04/antonio-gamoneda.html
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ANTONIO GAMONEDA
Oviedo (en Asturias) – España. 1931, el poeta reside en León desde 1934


«Entra en tu madre…»


« Entra en tu madre y abre en ella tus párpados,
entra despacio en su corazón.
Vuelve a ser fruto en el silencio. Sed
como un árbol que envuelve la palpitación de los pájaros
y se inclina, y descienden el perfume y la sombra. »


Dos poemas de Gamoneda

Caigo sobre unas manos
Cuando no sabía
aún que yo vivía en unas manos,
ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.

Yo sentía que la noche era dulce
como una leche silenciosa. Y grande.
Mucho más grande que mi vida.

Madre:
era tus manos y la noche juntas.
Por eso aquella oscuridad me amaba.

No lo recuerdo pero está conmigo.
Donde yo existo más, en lo olvidado,
están las manos y la noche.

A veces,
cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra
y ya no puedo más y está vacío
el mundo, alguna vez, sube el olvido
aún al corazón.

Y me arrodilloa
respirar sobre tus manos.

Bajo
y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;
y tus manos son grandes; y la noche
viene otra vez, viene otra vez.

Descanso
de ser hombre, descanso de ser hombre.

*****

II.-

Cantidades de tiempo
sitúan cantidades de sonido.
Escucho más allá de la muerte.

La música se alza
de un pozo de silencio;
es labranza del aire
en tímpanos de fuego

y ha entrado en mí.
Ahora es música mi pensamiento.

---------------------

De «Libro del frío», 1992


«Pavana Impura»

1. Tu cabello en sus manos; arde en las manos del vigilante
de la nieve.

Son las cebadas, la siesta de las serpientes y tu cabello en el
pasado.

Abre tus ojos para que yo vea las cebadas blancas: tu cabeza
en las manos del vigilante de la nieve.

* * *

2. Todos los árboles se han puesto a gemir dentro de mi espíritu
al recordar tus bragas en la oscuridad, la luz debajo de tu piel,
tus pétalos vivientes.

Atravesando los aniversarios, a veces viajan las palomas ebrias.

Venga desnuda tu misericordia, ah paloma mortal, hija del
campo.
Leer la continuación en :

GEORGETTE VALLEJO AL FIN DE LA BATALLA


INVITACION ESPECIAL


AUTOR
MIGUEL PACHAS ALMEYDA




COMENTARISTAS:
CÉSAR VALLEJO YNFANTES
JORGE KISHIMOTO YOSHIMURA
GLADYS FLORES HEREDIA

PRESENTACION ARTÍSTICA:
LINO BOLAÑOS
RICARDO ELÍAS


FECHA: MARTES 28 ABRIL 2009
HORA : 7.00 P. M.
LUGAR : BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ
(Av. de la Poesía 160 San Borja. Cuadra 20 de
Javier Prado Este).



Este martes 28 de abril cerraremos con broche de oro las celebraciones por el mes de las letras. La biblioteca nacional del Perú, le rinde un justo homenaje a Georgette Vallejo en reconocimiento a su abnegada labor en difundir y defender la memoria de nuestro inmortal poeta.

A estas alturas, el libro Georgette Vallejo al fin de la batalla, es traducida al francés e ingles en la ciudad de París por la catedrática-traductora francesa, Claire Parisot. Sin duda, aquella traducción brindará a la figura de Georgette, un reconocimiento universal a su gran labor.

Llegan a mi mente en estos momentos, las proféticas palabras de Max Silva Tuesta –mi Maestro- quien con tenor filosófico escribió en la contracarátula del libro lo siguiente: “Sólo el Tiempo –ese supremo hacedor de balances y liquidaciones–, sólo el Tiempo llegará a empotrar en la conciencia de los peruanos lo que Georgette Vallejo tuvo de trascendente en la vida y obra del César de nuestra poesía…”. Considero que –sin temor a equivocarme o emitir exageraciones–, ya se irradian nítidos haces de reconocimientos a la labor georgettiana, de parte de intelectuales incluidos algunos vallejistas y de la prensa nacional e internacional.

Su figura se engrandece con el pasar del tiempo. Manuel Moreno acaba de dedicar una Ode a Georgette en la “Maison de l’Amerique Latine” en Paris el 15 de abril 2009, con ocasión del 71 aniversario de la muerte del poeta César Vallejo. Asimismo, con María del Pilar Medina llevan adelante el proyecto de un cortometraje sobre la vida y obra de Georgette. Por otro lado, alverto Aznarán muy pronto publicará su obra dedicada a Georgette y Vallejo intitulado Piedra angular y de toque del recreacionismo integral. humano-universal ( vallejismo).

Lima y París, entonces, se unen y cierran filas en esta hermosa cruzada, rindiendo un merecido tributo a la tenaz esposa del autor de Escalas.


LOS ESPERAMOS EN ESTA CITA GEORGETTIANA.


Miguel Pachas Almeyda almeyda560@hotmail.com 26-04-09.

jueves 23 de abril de 2009

Rv: Discurso de Juan Marsé. Ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 23 de abril de 2009. El País



--- El jue, 23/4/09, Abanto Aragon David Antonio <dabanto@norma.com.pe> escribió:

De: Abanto Aragon David Antonio <dabanto@norma.com.pe>
Asunto: Discurso de Juan Marsé. Ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 23 de abril de 2009. El País
Para: "Abanto Aragon David Antonio" <dabanto@norma.com.pe>
Fecha: jueves, 23 abril, 2009 9:50

 

ELPAIS.COMCultura

 

 


ELPAIS.com  > Cultura                                                                                                        

Jueves, 23/4/2009, 16:31 h

 

Ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 23 de abril de 2009

 

 

DISCURSO DE JUAN MARSÉ

 

 

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas y amigos, señoras y señores.

 

Contra la literatura del ombligo

Contra la literatura del ombligo

Juan Marsé se distancia de las lenguas y defiende el pensamiento al recoger el Premio Cervantes en Alcalá

·                             Perfil de Juan Marsé, por ROSA MORA

·                             Texto íntegro del discurso

 

Quisiera ante todo expresar mi agradecimiento a los miembros del jurado y a todas aquellas instituciones y personas que hacen posible, año tras año, el Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes. Me preceden, en lo más cercano de una larga lista de nombres ilustres, dos grandes poetas que admiro, Antonio Gamoneda y Juan Gelman, celebrados aquí en 2006 y 2007, y siento como si la poesía me tendiera la mano.

Así que no podía esperar mejores valedores ni mejor acogida.

Porque la verdad es que yo nunca me vi donde ustedes me ven ahora. Los que me conocen saben que me da bastante apuro hablar en público. Créanme si les digo que el otro día, en Barcelona, antes de emprender viaje, tentado estuve de entrar en casa de don Antonio Moreno, que guarda la cabeza encantada y parlante desde los tiempos en que don Quijote y Sancho visitaron la ciudad, y traerme esa testa para que hablara hoy en mi lugar. A buen seguro que habría dicho palabras más sabias y de más provecho que las mías.

Sin embargo, la ilusión de recibir el premio que tan generosamente se me otorga se ha impuesto, venciendo las aprensiones. Sé lo que representa tan alta distinción y a lo que ella me obliga en el futuro. Aquí, ahora, se me ofrece también la oportunidad de exponer algunas consideraciones sobre mi persona y mi trabajo, pero antes quisiera, con su permiso, ampliar el capítulo de agradecimientos, evocando el recuerdo de algunos amigos que hace mucho tiempo, cincuenta años atrás, cuando empecé a publicar, me otorgaron su confianza y su apoyo. Algunas de estas personas están entre nosotros, otras se fueron ya. A todas ellas debo buena parte del alto honor que hoy se me concede. Son, en primer lugar, Paulina Crusat, desde su amada Sevilla y su generosa tutela, y desde Barcelona Carlos Barra1 y Víctor Seix, que en mil novecientos cincuenta y nueve me acogieron en su editorial, al frente de un irrepetible comité de lectura. Aquel comité estaba compuesto por Joan Petit, Jaime Gil de Biedma, Jaime Salinas, Gabriel y Juan Ferrater, Luis y José Agustín Goytisolo, José M" Valverde, Josep Mª. Castellet, Miquel Barceló, Rosa Regas y Salvador Clotas. Y no quiero olvidarme de los escritores amigos de Madrid, que por aquellos años nos visitaban a menudo, mis entrañables Juan García Hortelano, Ángel González y Pepe Caballero Bonald, y Gabriel Celaya y Juan Benet. Y de manera muy especial deseo mencionar a Carmen Balcells, mi agente literaria de toda la vida, de ésta y la de más allá, sobre todo desde el día que tomé prestada una ocurrencia de Groucho Marx y le dije: Querida Carmen, me has dado tantas alegrías, que tengo ordenado, para cuando me muera, que me incineren y te entreguen el diez por ciento de mis cenizas.

Antes de conocer a estas personas, que habrían de ser tan importantes en mi vida, yo no había tratado a nadie que tuviera que ver con la literatura, o con el mundillo literario. Prácticamente no había salido del taller de joyería de mi barrio, en el que entré como aprendiz a los 13años, y me apresuro a decir que muy contento, pues la necesidad de llevar otro jornal a casa me liberó de un fastidioso colegio en el que no me enseñaron nada, salvo cantar el Cara al Sol y rezar el rosario todos los días. Y cuando publico los primeros relatos en la revista Ínsula y la primera novela en Seix Barral, sigo en ese taller. Por cierto que mis credenciales sociales y laborales, al darme a conocer en aquel estupendo grupo editorial, suscitaron ciertas expectativas, no estrictamente literarias, sino más bien ideológicas, asociadas a las premisas de un realismo social muy en auge por aquellos años. Fue algo presentido: nadie habló nunca de ello, pero flotaba en el aire la idea, la posibilidad de que el recién llegado a la trinchera noble de las letras aportara una narrativa de denuncia, un testimonio objetivo y de primera mano de los afanes y las virtudes intrínsecas de la clase obrera. Yo podía quizás haber sido, lo digo sin un ápice de sarcasmo, el "escritor obrero" que al parecer faltaba en el prestigioso catálogo de la editorial. Halagadora posibilidad que a su debido tiempo, la fábula de un joven charnego del Monte Carmelo, desarraigado y sin trabajo, soñador y sin medios de fortuna, pero también sin conciencia de clase, se encargaría de desbaratar.

Confieso que no me habría disgustado satisfacer aquellas expectativas, entregar la gran novela sobre la clase obrera de la Barcelona de la postguerra. Pero lo que yo entonces deseaba de verdad, era abandonar el trabajo manual y disponer de más tiempo libre para leer y escribir.

Aquellos años de paciente trabajo artesanal en el taller podrían haberme dejado unos hábitos que, me gusta pensarlo, persisten al componer un texto. Pero la cocina del escritor nunca me ha parecido un sitio muy cómodo para recibir visitas. No me siento a gusto manejando teorías acerca de la naturaleza o la finalidad de la ficción. Para la famosa pregunta: ¿qué entendemos hoy por novela?, dispongo de mil famosas respuestas, que nunca, a la hora de ponerme a trabajar, me han servido de gran cosa. No me considero un intelectual, solamente un narrador. Los planteamientos peliagudos, la teoría asomando su hocico impertinente en medio de la fabulación, el relato mirándose el ombligo, la llamada metaliteratura, en fin, son vías abiertas a un tipo de especulación que me deja frío y me inhibe; bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces.

Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos: procura tener una buna historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo. Ciertamente es un utillaje del que no puede uno presumir. Porque el oficio comporta, por supuesto, otras obligaciones y menesteres. Alguna vez he reflexionado sobre el asunto, pero no he llegado muy lejos; sobre la persistencia de la vocación, por ejemplo, en tiempos de silencio, o sobre el imperioso dictado de la memoria y sus laberintos.

Veamos si consigo explicarme.

En el origen de la vocación, allá por los años cuarenta del siglo pasado, habría en la imaginación del aprendiz de escritor un famoso esqueleto de leopardo sobre las nieves del Kilimanjaro, una imagen germina1 que evoca una senda recorrida, de la cual, sin embargo, no queda ningún rastro, ninguna huella. Sería algo parecido al recorrido del Minotauro en su laberinto. Nadie sabe si el monstruo podrá salir, si recuerda el trazado de su propia obra, los oscuros motivos que le indujeron a su construcción, y los meandros y detalles de su intríngulis. Nadie sabe si, en realidad, es prisionero de su obra. Sabemos, eso sí, que Teseo ha sido lo bastante ingenioso para tender un hilo que le permite rehacer el camino y salir.

Pues bien, ese hilo, ese ingenioso ardid, no sería otra cosa que el relato literario, la forma inteligible que desvela la personal arquitectura monstruosa, al fondo de la cual se esconde el terrible constructor, con sus sueños y obsesiones, su verdad y sus quimeras. El escritor, en fin. Él es, a la vez, los despojos del remoto leopardo y el urdidor del trazado inextricable que lo encierra herméticamente en su propia obra. Frente a este misterio, o tal vez sería mejor decir frente a este galimatías, a tenor de la confusa exposición que temo haber hecho, siempre me reconfortó recordar algo que dejó dicho el gran poeta, y controvertido ciudadano, Ezra Pound: El esmero en el trabajo, el cuidado de la lengua, es la única convicción moral del escritor.

 

Lo suscribo, pero con la mayor cautela. Porque pienso que muchas cosas que se dicen o escriben, en el idioma que sea y por muy auténtico que éste se presuma, deberían a menudo merecer más atención y consideración que la misma lengua en la que se expresan.

Actualmente los medios de comunicación son tan abrumadores y omnipresentes, se siente uno tan asediado las 24 horas del día por una información tan apremiante, insidiosa y reiterativa, que casi no hay tiempo para la reflexión. La televisión debería contribuir a reconocer y asumir la variedad lingüística del país, y es de suponer que en cierta medida lo hace, pero no parece que nadie se pare a pensar en los contenidos de esa televisión ni en su nefasta influencia cultural y educativa. A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión. En la lengua que sea. Como saben ustedes, soy un catalán que escribe en lengua castellana. Yo nunca vi en ello nada anormal. Y aunque creo que la inmensa mayoría comparte mi opinión, hay sin embargo quién piensa que se trata de una anomalía, un desacuerdo entre lo que soy y represento, y lo que debería haber sido y haber quizá representado. Dicho sea de paso, desacuerdos entre lo que soy y lo que podría haber sido en esta vida, como escritor y como simple individuo, tengo para dar y tomar, o, como decimos en Cataluña, per donar i per vendre. Mis apellidos, de no mediar el azar, podían haber sido diferentes, y mi vida también. Y puestos a elegir, la verdad es que yo hubiese preferido ser Ramón Llul o Miguel de Cervantes, por ejemplo, o Joseph Conrad, aquel marino polaco que, finalmente, escribió en inglés. En todo caso, con el nombre que tengo, con éste o con cualquier otro, nunca he querido representar a nadie más que a mí mismo.

Añadiré dos o tres cosas acerca de mi formación como ciudadano y como escritor. La dualidad cultural y lingüística de Cataluña, que tanto preocupa, y que en mi opinión nos enriquece a todos, yo la he vivido desde que tengo uso de razón, en la calle y en mi propia casa, con la familia y con los amigos, y la sigo viviendo. Puede que comporte efectivamente un equívoco, un cierto desgarro cultural, pero es una terca y persistente realidad. Y el realismo, además de una sensata manera de ver las cosas, es una corriente literaria muy nuestra, y que aún goza de un sólido prestigio, pese a los embates de la caprichosa modistería. En fin, no quiero instalarme en la identidad cultural para dar lecciones a nadie, y tampoco pretendo hacer aquí una defensa excesiva del realismo. Pero, como dijo Woody Allen en una de sus buenas películas, el realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec. Quizá no estaría de más tenerlo en cuenta.

No voy a enumerar las anomalías que por imperativo histórico sufrió el aprendiz de escritor. Y la más determinante no fue aquella escuela inoperante y beatorra de la dictadura, la del lema Por el imperio hacia Dios, escuela donde ciertamente se prohibió leer y escribir catalán, y hasta hablarlo en horas de clase. No, no fue sólo por eso que un buen día me encontré manejando una lengua, y no la otra; fueron los tebeos y los cuentos que leíamos, las aventis que nos contábamos y las películas, las de amor y las de risa, y todo aquello que iba conformando nuestra educación sentimental, las poesías y el teatro de aficionados, las canciones de amor y las primeras novelas, ya no solo las de aventuras, de Julio Verne o Emilio Salgari, sino las de Baroja, Dickens, Balzac, o los cuentos de Maupassant y de Hemingway, o los versos de Gustavo Adolfo Bécquer y de Rubén Dario.

Fue el vuelo solitario de la imaginación en los primeros tanteos de la escritura, cuando todavía el aprendiz de escritor no se propone reflejar la vida, porque la realidad no le interesa ni la entiende, y 10 que hace es imitar y copiar a los autores que lee, es entonces cuando, de manera natural y espontánea, la lengua que se impone es la predominante, la de los sueños y las aventis, la lengua en la que uno ha mamado los mitos literarios y cinematográficos, la que ha dado alas a la imaginación.

Después, en plena adolescencia, don Quijote irrumpe en mi vida por mediación de un convecino, un gallego, vendedor ambulante de libros y enciclopedias, empeñado en colocarme un lote de novelas de Vicki Baum y Louis Bromfield, a pagar en cómodos plazos. Debo hacer constar que en casa de mis padres, en la postguerra, apenas había una docena de libros. Antes hubo muchos en lengua catalana, según mi madre, pero, después de una purga preventiva por razones de seguridad, sólo quedaron dos. La purga la efectuó mi padre, que había estado preso por rojo separatista y republicano. Uno de aquellos dos libros era de Apel-les Mestres, con hermosas ilustraciones de hadas y ondinas; el otro era un viejo volumen que recogía la historia del pueblo de mi madre, titulado: Notes Històriques de la Parroquia i Vila de l''Arboç, aplegades i comentades per Mossèn Gaietà Viaplana, rector de l'Arboç. Pasé con él muchas horas entretenido. Los demás libros habían sido sacrificados en una hoguera nocturna, en el jardín de una convecina, junto con un montón de revistas gráficas, agendas y carnets, fotografías, cartas y documentos diversos, cuya posesión, por aquellos días, debía resultar comprometedora. Acudieron otros vecinos, todos traían algo que pensaban debía ser quemado. Era poco después de acabada la guerra, yo debía de tener siete años, pero recuerdo muy bien la fogata en medio del pequeño y sombrío jardín, los libros abriéndose al calor como flores rojas, las páginas desprendidas arrugándose y bailando sobre la cresta de las llamas, revoloteando un instante como grandes mariposas negras. Recuerdo la constelación de chispas y pavesas subiendo hacia la noche estrellada, la ceniza fugaz de las palabras y de las ilustraciones, sobre todo porque acabé pillando un gran berrinche al ver allí de pronto, devorado por el fuego, mi primer ejemplar de las hazañas del piloto Bill Barnes, el Aventurero del Aire, una novelita de quiosco de 60 céntimos, de la colección Hombres Audaces. Mi padre la había cogido por descuido junto con otros libros. Entre los que quedaron en la pequeña librería casera, salvados porque eran en lengua castellana, y que pude leer a su debido tiempo, recuerdo cuatro o cinco títulos: El libro de la selva, Genoveva de Brabante, Tarzán de los monos, Humillados y ofendidos y La historia de San Michele.

Cuando el Quijote entra en mi vida cumplo los 16, vivo en la barriada de la Salut, situada en lo alto de Gracia, cerca del parque Güell, y sigo en el taller. Años atrás había iniciado una intensa relación con la literatura de quiosco, y enseguida la amplié con autores que por aquel entonces, en los años cuarenta, gozaban de gran predicamento, como Somerset Maugham, Stefan Zweig, Knut Hamsun y otros. Y no tardé en descubrir a mis admirados Baroja y Galdós, a Dickens y a los grandes novelistas del XIX, que nunca me he cansado de leer.

Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si  recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes, sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero hoy le gusta pensar que algo percibió de aquel prodigio fundacional, del remoto primer deslumbramiento que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir nada nuevo, al asunto que articula la entera composición del genial libro, la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna. Lionef Trilling dijo que toda obra de ficción en prosa, es inevitablemente una variación del tema de Don Quijote. Por mi parte sólo puedo decir que, desde no sé cuánto tiempo, quizá desde aquellas tardes soleadas en el parque de Gaudí, de un modo u otro, consciente o no de ello, he buscado en toda obra narrativa de ficción un eco, o un aroma, de ese eterno conflicto entre apariencia y realidad, que de tantas maneras se manifiesta en el transcurso de nuestras vidas.

Porque yo soy ante todo un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación.

Tan adicto soy a la ficción, que a veces pienso que solamente la parte inventada, la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo.

Una excesiva dosis de realidad puede resultar indigesta, incluso para un adicto a la realidad y al bistec como Sancho y como yo. Se trataría de ser algo más lanzados en esta cuestión, un poco locos, y admitir la posibilidad de que lo inventado puede tener más peso y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido. Como nos enseñó don Quijote. Desde su primera salida al campo de Montiel, o desde la primera de sus famosas hazañas, él es el guardián del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños.

Debo referirme también, como complemento importante a una formación muy precaria, al cine y a sus queridos fantasmas. Porque cuando aún leía tebeos y novelas de Edgar Wallace y Karl May, el chico ya era muy peliculero, insoportablemente peliculero. Lo propició el hecho de que, durante cuatro años, entrara sin pagar en los cines de programa doble del barrio, y entonces había no pocos, gracias a que mi padre, por su trabajo en el Servicio Municipal de Higiene, Desinfección y Desratización de locales públicos, conocía a muchos porteros y acomodadores. Estoy por decir que gracias a las ratas de la Barcelona gris, penitente y mísera de los años cuarenta, el cine propició y redobló mi natural tendencia a la hipnosis ante cualquier género de fabulación. La facultad de embaucar, de fraguar ilusiones mediante imágenes, arraigó con el gusto por la lectura desde el primer momento, y, con el tiempo, pude celebrar las películas de John Ford, de Rossellini o de Mizoguchi, por ejemplo, con la misma o parecida intensidad que muchas novelas.

Sabemos que algunas estrategias narrativas de la novelística contemporánea tienen su origen en el arte cinematográfico. Los Chaplin, Renoir, Lubitsch, Walsh, Lang, De Sica, Buñuel, Erice, Truffaut, Welles, Bardem, Berlanga y Azcona, Keaton o Hitchcock, por citar unos cuantos, nos hablaron de otra armonía posible entre los sueños y el mundo. Y en mi lista de personajes de ficción favoritos, Harry Lime y Viridiana son tan memorables como Julien Sorel o Ana Ozores. Cuando uno era todavía un mozalbete presumido, ir al cine era algo que formaba parte de la cultura popular, un rito semanal en el que participaba toda la familia, toda la comunidad. Descodificar el drama, la comedia o la aventura en las fotografías expuestas en el panel de la entrada de los cines, descifrar una sonrisa, un gesto, una mirada de los protagonistas, apartar luego las cortinas y penetrar en la oscuridad rasgada por una plata luminosa, era tan emocionante como adentrarse en la trama de una buena novela o memorizar un poema. A lo largo de más de tres décadas, desde los años veinte del mudo hasta mediados los sesenta, antes del auge y el abuso de la tecnología, el cine estableció con la novelística una alianza para intercambiar formas y contenidos, palabras sabias, mitos, una sensibilidad y una estética del gesto, y hasta unos hábitos de comportamiento. La novela asumió la impronta decididamente visual de la narrativa cinematográfica, el potencial simbólico de las imágenes y su cadencia, y el deseo de hacerle ver al lector lo que lee, que yo comparto, propició en la ficción literaria nuevasformas y tendencias.

También la memoria histórica y sus vericuetos y espejismos, un asunto tan de actualidad, podría ser comparada a una cinta de celuloide sensible e inflamable, con su apagada voz en off: Hace casi cuarenta años, trabajando en una novela donde se abrían muchas puertas a la memoria personal y a sus espejos deformantes, tuve que parar porque no daba con el tono en el que debía ser contada la historia. Había que escoger la voz, o mejor dicho, las diversas voces que tramaban la historia. Y no encontré la solución hasta que recordé el juego de las aventis infantiles, y, sobre todo, hasta que vinieron en mi ayuda estos versos de Antonio Machado:

En los labios niños

las canciones llevan

confusa la historia

y clara la pena.

Sabemos que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder, sabemos que hablar de ello en nuestros días conlleva para muchos, todavía, una carga de dolor y resentimiento, suspicacias y malentendidos. "La memoria nos construye como seres morales", escribe José-Carlos Mainer, y añade: "pero también sabemos que es un hecho privado y mudable, fantasioso y mendaz". Hay una memoria compartida, que no debería arrogarse nadie, una memoria que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada. El lenguaje oficial había suplantado al lenguaje real. En la calle y en los papeles las palabras vivían bajo sospecha, muchas cosas parecían no tener nombre, porque nadie jamás se atrevía a nombrarlas, otras se habían vuelto decididamente equívocas y apenas podía uno reconocerlas. Las palabras acudían medrosas, emboscadas, traicionando el sentido al que se debían. Afectadas por el expolio y el descrédito, sometidas a la censura y al escarmiento, o destinadas a la impostura, de pronto perdían su referente, enmascaraban su verdadero sentido y cambiaban de significado. Entre las pomposas palabras que entonces nos caían desde los balcones y despachos oficiales, desde el cuartel y desde el púlpito, entre esas palabras fraudulentas y las palabras que la gente intercambiaba en la calle, en el trabajo y en casa -palabras de familia gastadas tibiamente, según testimonio del poeta-, había un abismo.

Este desacuerdo entre apariencia y realidad, entre lo que oficialmente se decía que éramos (adictos, felices, reconciliados, bien pagados, píos feligreses todos) y tal cómo nosotros nos veíamos en realidad, no tiene por supuesto nada que ver con el glorioso equívoco que propició la locura y forjó la leyenda de don Quijote. Pero son muchas, y todas vigentes, las lecciones que ofrece la obra de Cervantes. Y así, el aprendiz de escritor tomaría buena nota de la primera y más sencilla de todas ellas, esa que dice: Las cosas no siempre son lo que parecen. No lo eran entonces para el valeroso caballero, en aquel siglo tan pródigo en espejismos, y por supuesto tampoco lo son hoy. Sin ir más lejos, las famosas armas de destrucción masiva, por ejemplo, que no hace mucho tiempo algunos casi juraban haber visto, al final resultaron ser un par de zapatos.

Pero yo me estaba refiriendo a nuestros años de incienso y plomo bajo el palio de la luz crepuscular, aquel tiempo en el que no solamente la prensa y la radio, el Boletín Oficial del Estado y la Hoja Dominical mentían sobre lo que nos estaba ocurriendo, sino que hasta los espejos mentían. Y fue entonces, todavía en años de aprendizaje de quién les habla, cuando la imaginación echó una mirada sobre aquel expolio de la memoria, y le tendió la mano.

Era una labor complementaria, en todo caso, porque imaginación y memoria, para el escritor, son dos palabras que van siempre entrelazadas, y a menudo resulta difícil separarlas. Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en la literatura de ficción científica más futurista y fantástica. No hay literatura sin memoria. Incluso la memoria trapacera puede hacer buena literatura. La tan reiterada advocación "hay que olvidar el pasado", lógicamente no se aviene con la naturaleza y la función de la escritura. Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso el laberinto, cuidando, pues, de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo aquella vez, para poder volver al exterior, y contarlo. Sobre todo, en lo que a mí respecta por lo menos, persistir en la búsqueda de algo, que nunca he sabido definir, pero que tiene que ver, por encima de cualquier otra finalidad, con alguna forma de belleza.

 


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Rv: la mejor lírica que se ha escrito en español en los últimos siglos



--- El jue, 23/4/09, castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com> escribió:

De: castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com>
Asunto: la mejor lírica que se ha escrito en español en los últimos siglos
Para: Undisclosed-Recipient@yahoo.com
Fecha: jueves, 23 abril, 2009 2:23

 
 
«Te beberé el cabello / y cerraré los ojos. / Tú seguirás manando / tu cabello, / turbio de besos».

Éste es el primer poema manuscrito de Antonio Gamoneda que se conserva. Data de 1947, cuando el poeta apenas contaba 16 años. A partir de ahí comenzó una carrera literaria que ha convertido al poeta nacido en Oviedo en 1931 en «uno de los más importantes de los siglos XX y XXI no sólo en España, sino también en Europa», según explicaba ayer el mierense José Manuel Cuesta Abad, profesor de Teoría de la Literatura de la Universidad Autónoma de Madrid, quien remataba el elogio hacia Gamoneda señalando que de su pluma «ha brotado, sin duda, la mejor lírica que se ha escrito en español en los últimos siglos».

La continuación en ;

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009041600_46_746511__Sociedad-y-Cultura-Gamoneda-alquimista-palabra


lunes 20 de abril de 2009

Rv: BOSQUE DE PALABRAS, Ernesto R. del Valle: "Aves canoras de Cuba"



--- El lun, 20/4/09, Julio Carmona <te.educa2008@gmail.com> escribió:

De: Julio Carmona <te.educa2008@gmail.com>
Asunto: BOSQUE DE PALABRAS, Ernesto R. del Valle: "Aves canoras de Cuba"
Para:
Fecha: lunes, 20 abril, 2009 7:36


BOSQUE DE PALABRAS publica el día de hoy los siguientes textos de Ernesto R. del Valle: 

AVES CANORAS DE CUBA.
VIENEN LAS AVES CANORAS
DE LA ISLA CONTAGIOSA,
VIENEN DEL SUEÑO Y LA GLOSA
LOS TRINOS QUE TANTO AÑORAS.
TOCORORO
 …y tal parece que ondea
en un sueño mi bandera
cuando el sol de primavera
en su plumaje  chispea.
 
TOMEGUIN
Su vuelo fino se expande,
piérdese en el horizonte
para su vuelo no hay monte
que sus alas no demande.
 
ZORZAL
Un punto en el manigual
es su estancia y de lo umbrío
se escapa este sueño mío
hecho espejismo rural
 
JUDIO
Va la noche en su plumaje
con el susto de su prisa
es el vigía que avisa
los peligros del paisaje.
 
RUISEÑOR
Aristócrata viajero
de las planicies cubanas
su trinar en las mañanas
va trepando mi sendero.
 
 
SINSONTE
Antología rural
imitador de otras aves,
emites notas y claves:
eres cantor especial
 
CANARIO
Encarcelan  tu amarillo
en un espacio tan breve
que tus alas, cuando llueve,
van a tu corazoncillo.
 
 GORRIóN
Nervioso farandulero
de la aurora y los ocasos
vienes y vas en retazos
de revuelos callejeros.
 
MAYITO
Modesto pulso es tu vuelo
y en arabesca alegría
vas dibujando en el día
el plumaje de tu anhelo.
 
BIJIRITA
El trinar con que entretienes
el silencio en la manigua
rompe la costumbre antigua
de irte cuando ya vienes.
 
PERICO
Carnavalesco deudor
de madre naturaleza
en tus plumas llevas presa
la magia del esplendor.
 
AURA (Tiñosa)
Planeas avizorando
la carroña que alimenta
para que Natura sienta
que su vida vas cuidando.
 
ZUN-ZUN
Cual niño me sorprendí
al ver al zunzún un día,
y me dura todavía
su mágico  frenesí.

Ernesto R. del Valle, 
Cuba


Julio Carmona

Miembro del Comité de Redacción de la Revista Digital argentina
<www.redaccionpopular.com>
Colaborador de la Revista Digital española
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También se me puede escribir a:

carmona.juliocesar@gmail.com
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sábado 18 de abril de 2009

CENTENARIO DE GEORGETTE VALLEJO

Fw: SABADO 18 DE ABRIL 2009 - 3:00 p.m. - INAUGURACiÓN DE LA EXPOSICIÓN: JAUJA Y SUS ENCANTOS - LA CASONA



--- El vie, 17/4/09, pilar roca <pilarroca@terra.com.pe> escribió:

De: pilar roca <pilarroca@terra.com.pe>
Asunto: Fw: SABADO 18 DE ABRIL 2009 - 3:00 p.m. - INAUGURACiÓN DE LA EXPOSICIÓN: JAUJA Y SUS ENCANTOS - LA CASONA
Para: "Pilar Roca" <pilarroca@terra.com.pe>
Fecha: viernes, 17 abril, 2009 11:18

 
 
 
 

Inauguración de la exposición
JAUJA Y SUS ENCANTOS

Jauja es una provincia que está ubicada en el centro del Perú, en la Región Junín, en pleno Valle del Mantaro. Jauja es también el nombre de uno de los 34 distritos que conforman esta provincia y es la capital de ambos. Además fue la primera capital del Perú y una de las primeras ciudades fundada por Francisco Pizarro.
Ya que el 25 de abril se conmemora el 475 aniversario de su fundación, Carlos H. Loayza Peralta ha organizado la exposición "Jauja… y sus encantos" donde se mostrarán los principales atractivos turísticos y las riquezas de esta provincia. "Con el agradecimiento de haber sido cobijado desde mi niñez en tan hermosa tierra y conociendo por más de cuarenta años su bello folklore (…) me siento en la necesidad permanente de dar a conocer por medio de esta modesta exposición, los encantos de tan bella ciudad", explica el organizador de la muestra.
El objetivo de esta exhibición es dar a conocer la belleza de Jauja y de sus 34 distritos y 187 comunidades, que cuentan con una gran tradición de celebraciones, cuyo calendario festivo contempla fiestas patronales y barriales. La muestra, que busca incentivar el turismo en esta región, comprende fotografías inéditas de los distritos de Jauja. En las imágenes podrán verse lugares turísticos como la Plaza de Armas, el nevado del Pariacaca, el Centro Arqueológico Tunanmarca, la Piedra de Tulunco, la Capilla de Cristo Pobre, entre otros.
También se exhibirán las vestimentas usadas en las danzas: la Tunantada, la Pandilla, la Pachahuara, la Huaylijia, la Jija, el Auquish Capitán, los Carnavales y el Corcovado, que se presentan en las fiestas de Jauja.
La exposición inaugura el sábado 18 de abril, a las 4:00 p.m., en el Centro Cultural de San Marcos (Av. Nicolás de Piérola 1222, Parque Universitario). Se proyectará un especial sobre las actividades turísticas y el folklore de Jauja.
La muestra podrá visitarse hasta el 3 de mayo, de lunes a sábado de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. y de 2:00  p.m. a 5:00 p.m. El ingreso es libre.



Internal Virus Database is out of date.
Checked by AVG - www.avg.com
Version: 8.0.237 / Virus Database: 270.11.1/1962 - Release Date: 02/20/09 07:26:00


__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 3999 (20090410) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

Mensaje verificado por el Antispam Terra.

viernes 17 de abril de 2009

Rv: « Fugue de mort » /«Fuga de la muerte»- Paul Celan. Français-castillan



--- El vie, 17/4/09, castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com> escribió:

De: castello.cristina@gmail.com <castello.cristina@gmail.com>
Asunto: « Fugue de mort » /«Fuga de la muerte»- Paul Celan. Français-castillan
Para: poesie@cristinacastello.com
Fecha: viernes, 17 abril, 2009 2:02

 
 

« Fugue de mort »

Paul Celan

(Czernowitz, ville d'Ukraine autrefois appelée Czernowitz.
1920- Paris 1970)
version française et espagnole)


« Fugue de mort »


(© Oeuvre de Hans Hartung)
Lait noir du petit matin nous le buvons au soir
Nous le buvons au midi et au matin nous le buvons à la nuit
Nous buvons et buvons
À la pelle nous creusons une tombe dans les airs là on gît non serré
Un homme habite dans la maison celui-ci joue avec les serpents celui-ci écrit
Celui-ci écrit quand vers l'Allemagne le noir tombe tes cheveux d'or Margarete
Il écrit cela et marche au-dehors et les étoiles fulgurent
Il siffle ses molosses
Il siffle pour faire sortir ses juifs les laissant à la pelle creuser une tombe dans la terre
Il nous commande jouez jusqu'à la danse

 
Lire la suite du poème sur :
 
========
«Fuga de la muerte»
Paul Celan


Rumania, 1947 - (publicación del primer borrador de este poema)

Negra leche del alba la bebemos de noche
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar
Leer la continuación del poema en:
 

jueves 16 de abril de 2009

Rv: [foro_centenario] VALLEJO Y MARIATEGUI: UN CAMINO DE CREACIÓN HEROICA - VIERNES 17 / UNMSM



--- El jue, 16/4/09, walter f. <pioneroazul@hotmail.com> escribió:

De: walter f. <pioneroazul@hotmail.com>
Asunto: [foro_centenario] VALLEJO Y MARIATEGUI: UN CAMINO DE CREACIÓN HEROICA - VIERNES 17 / UNMSM
Para:
Fecha: jueves, 16 abril, 2009 8:13




Conferencia - Homenaje
VALLEJO Y MARIÁTEGUI

Un camino de creación heroica
 
VIERNES 17 DE ABRIL - 2:30 P.M.
 
Exponen:
Cesar Vallejo Infantes

Dante Castro Arrasco
Jaime Lastra Dominguez

 

Lugar: Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Facultad de Derecho y Ciencia Política - AULA 148

 

Organiza:

 INTEGRACIÓN ESTUDIANTIL 

 

Ingreso Libre





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    Rv: Lo que es necesario aprender. Entrevista con Luis Jaime Cisneros por Enrique Planas. El Comercio



    --- El jue, 16/4/09, Abanto Aragon David Antonio <dabanto@norma.com.pe> escribió:

    De: Abanto Aragon David Antonio <dabanto@norma.com.pe>
    Asunto: Lo que es necesario aprender. Entrevista con Luis Jaime Cisneros por Enrique Planas. El Comercio
    Para: "Abanto Aragon David Antonio" <dabanto@norma.com.pe>
    Fecha: jueves, 16 abril, 2009 4:43

     

    Miércoles, 01 de abril de 2009


    ENTREVISTA. LUIS JAIME CISNEROS

    Lo que es necesario aprender

    MAESTRO DE VARIAS GENERACIONES DE PERUANOS, UNO DE NUESTROS MÁS SABIOS LINGÜISTAS LANZA "AULA ABIERTA", RECOLECCIÓN DE LÚCIDOS ENSAYOS SOBRE LA EDUCACIÓN DENTRO DEL AULA Y FUERA DE ELLA

     

    Por: Enrique Planas

     

    FOTOS: Juan Ponce

    EL ENSAYISTA. Maestro del género del ensayo, Cisneros dialoga con el lector sobre los retos de la educación peruana, el placer de la lectura y, como no, la institución universitaria.

    Puede ser que sus investigaciones sobre lingüística o filología no despierten la masiva lectoría de que gozan sus ensayos. Quizás la futura publicación de sus vastos estudios sobre el lenguaje del escritor colonial Juan de Espinoza Medrano "El Lunarejo", o su ensayo sobre los 400 años del Parnaso Antártico no entusiasmen tanto a los periodistas como su más reciente compilación de ensayos sobre educación. Como sucedió con otros textos parecidos, "Aula abierta" le debe su existencia más al entusiasmo del atento editor del grupo Norma que al interés del propio Luis Jaime Cisneros (Lima, 1921) por publicar textos que considera tan efímeros como suelen ser las páginas de un periódico.

    Es fácil adivinar la causa de esta sintonía con el lector común: su enorme virtud como ensayista, su capacidad para sopesar ideas y compartirlas con el lector, como si participara con él en una amena tertulia. "El ensayo es lo que más falta en este país", admite el maestro. "Es lo que más leo".

    Para Cisneros, lingüista, filólogo y entrañable catedrático de la PUCP, uno de los tantos problemas de la escuela, intensificado en los últimos años, es asociar el hábito lector solo a las novelas, los cuentos y los poemas. "Nunca se les ha ocurrido leer ensayos", lamenta. "Nunca en la escuela le han propuesto a un alumno leer un capítulo de la "Historia de la República" de Jorge Basadre, o de "El Perú contemporáneo" de García Calderón. Nada que se relacione con la inteligencia y la razón interesa. Si hubieran enseñado a los jóvenes a apreciar los ensayos, los habrían capacitado para entender mejor las novelas", dice.

     

    ENTRE MAESTROS. Influencia permanente en los ensayos del estudioso limeño es la obra de su recordado Jorge Basadre.

    ¿Eso no sucedía con las generaciones anteriores?
    Me asombra mucho, y lo repito a cada rato, cómo han cambiado los chicos en los últimos 30 años. Los jóvenes con los que uno iniciaba la universidad, leían a Unamuno. Y no se trataba de "La tía Tula" sino de "La agonía del cristianismo". Leían a Ortega, a Sartre. ¿Por qué leían esas cosas los chicos de entonces? Porque era lo que los maestros leían también. Ahora está la Internet, y la escuela ha terminado reemplazando el conocimiento por la información.

    Una preocupación que desarrolla en diferentes ensayos de "Aula abierta" es el decrecimiento de los estudios de humanidades frente al entusiasmo por la computadora…
    Esa es una visión absurda. La escuela no ha aprovechado en hacerles descubrir a los chicos que todos esos adelantos tecnológicos han sido fruto de la reflexión, de la inteligencia. No nacieron por manipular botones. En los últimos diez años en la universidad, he tenido que ir modificando los libros de ingreso a las disciplinas porque toda esta consulta digital ha generado que los chicos no acierten al enfrentarse con libros teóricos.

    Curiosamente, en tiempos de entusiasmo de la técnica, según usted tampoco la ciencia y la investigación pasan por un buen momento.
    ¡Lo que yo sé de los griegos y latinos lo aprendí en la secundaria! Esta sociedad que la gente se empeña en llamarla de consumo, se ha ido deteriorando por el prestigio del dinero.

    ¿Qué siente cuando la gente le pregunta por qué escribe sobre educación y no sobre política?
    ¡Nadie me entenderá nunca eso! Cuando escribo sobre educación estoy escribiendo sobre política. Escribo sobre lo que la gente necesita saber.

     

    TAREA PENDIENTE. Uno de los males de la escuela —alerta Cisneros— es no entender el valor del ensayo para estimular el pensamiento crítico.

    ¿Está satisfecho con que el tema educativo se haya instalado en la agenda política del gobierno?
    Hará cuestión de diez años, colegas y antiguos colegas míos me decían: "Por favor, te mando a mi hijo a ver si lo convences. ¡Se le ha ocurrido ir a estudiar al Tecsup!". Por supuesto, el chico venía a conversar conmigo y luego partía al Tecsup. ¡Ahora quieren que sus hijos sean chefs! Y no se trata de que lo quieran realmente, sino que han descubierto que eso da dinero. Siempre he insistido en que si la escuela pone a un muchacho en actitud de trabajar para realizarse, está en capacidad de descubrir cómo puede ser feliz. Sin embargo, la escuela ha sucumbido en el error de que hay que preparar a los jóvenes para el éxito. Y ocurre que el éxito en estos años está extremado y torpemente vinculado con el dinero. Los maestros enseñan lo que les enseñaron y creen que el mundo se repite. Y ocurre todo lo contrario. No vivimos de la repetición, sino de la reflexión constante. Por eso no sabemos para qué estamos trabajando. No sabemos cómo será el porvenir. Vivimos un desconcierto general.

    Sucede también con los libros de ensayo que no solo "conversan" con los lectores sino también con otros libros. Y "Aula abierta" tiene una gran sintonía con otro libro notable, "Diario educar", del desaparecido Constantino Carvallo.
    He visto crecer a Constantino. Lo he visto en su entorno familiar, vinculado con su padre. Su hermana fue jefa de prácticas de mi curso. ¡He visto lo pegado a los libros que han crecido estos chicos! Cuando uno hace comentarios en las librerías con los libreros, descubre que, entre las profesiones ajenas a las letras, los mejores lectores son los médicos. Y dentro de ellos, los psiquiatras y los clínicos. ¿Por qué? Tengo una explicación ingenua, después de todo yo fui estudiante de medicina. Los médicos son los que están más vinculados con las urgencias. Yo era muy orgulloso de muchacho, muy creído. Un jefe de clínica, Nicolás Romano, era un hombre que me decía continuamente: "Cisneros, usted no va a ser médico nunca. Usted es un engreído. Usted está acostumbrado a la calle Villamonte (lugar de la antigua Facultad de Letras). Los pacientes que vienen por acá nunca leerán el "Quijote". Son sucios, analfabetos. Y a usted, Cisneros, se le nota en la cara que no le cae la gente sucia. Usted no los deja explicarse, los interrumpe. Les critica cómo hablan. ¡Tiene que aprender a escucharlos!". (Silencio. Cisneros se emociona con el recuerdo.) Yo siento que le debo mucho a ese hombre. Me enseñó a escuchar, a valorar a la gente. Mi inquietud por la enseñanza tiene que ver mucho con el saber escuchar. Constantino era un hombre que sabía escuchar.

    Otra presencia poderosa en el libro es la del historiador Jorge Basadre…
    A Basadre lo conocí cuando yo estudiaba en Buenos Aires, en una visita oficial que él hizo. Lo recuerdo bien. Fui a conocerlo a una conferencia. Al presentarme me preguntó qué hacía, qué estudiaba, cuándo pensaba regresar al Perú. Me preguntó además qué libro conocía sobre historia peruana. Y yo, como era un muchacho idiota, le dije que conocía los libros de Carlos Wiesse (maestro tacneño, contemporáneo de Basadre). Él se sonrió y me preguntó: "Usted sabe francés? "Sí, por supuesto", le respondí. Entonces escribió con su letrita puntiaguda: "Francisco García Calderón, Le Perou Contemporaine". Fue un libro para empezar a comprender al Perú, que releí con gran frecuencia. Cada vez que lo leo me parece que lo escribió anteayer. ¡Qué difícil es ser peruano! ¡Pero cómo invita a ahondar en la búsqueda de una fisonomía del país!

    En su libro recuerda a desaparecidas personalidades, como Wáshington Delgado, Javier Sologuren o Alfredo Torero. ¿Cómo puede explicarse una generación tan brillante e irrepetible como la del 50?
    No me he puesto especialmente a reflexionar sobre mi generación, quizás porque soy miembro de ella y me es imposible verla con distancia. ¡Y cuando la pueda ver de lejos habré perdido el habla! (ríe). Pero sí creo que un centro importante para convocar a esta gente fue la peña Pancho Fierro, donde nos reuníamos por razones distintas. Era una época en que el teatro de García Lorca moldeaba a mucha gente joven, y nos hizo reparar en lo que cada uno llevaba dentro. Era como convertirse en discípulos de Freud sin haberlo leído. Descubrimos que nuestra voz era importante y que en el arte es urgente que nos veamos, que nos escuchemos. ¿Qué cosas comenzó a escribir esta generación? Pues reflexiones sobre la soledad de uno mismo. Importantes en la medida en que descubrían que uno mismo es miembro de una comunidad de individuos.

     

    EL LIBRO

    Dentro del "Aula abierta"
    El más reciente libro de ensayos de Luis Jaime Cisneros se divide en ocho capítulos temáticos, en los que reflexiona sobre la identidad peruana, los jóvenes, la educación, perfiles de peruanos notables, el rol de la universidad, la pasión lectora, el lenguaje y breves asedios al inmortal "Quijote" de Cervantes.

    TÍTULO: Aula abierta

    AUTOR: Luis Jaime Cisneros

    EDITORIAL: Grupo Editorial Norma

     

    © Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú

     

    http://www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/lo-que-necesario-aprender/20090405/269110

     


     

       

     

     


    Rv: [PERU_LIBRE] César Vallejo, Inmortal



    --- El jue, 16/4/09, José Eduardo B. Gutarra <pepagu@hotmail.com> escribió:

    De: José Eduardo B. Gutarra <pepagu@hotmail.com>
    Asunto: [PERU_LIBRE] César Vallejo, Inmortal
    Para: "peru libre" <peru_libre@gruposyahoo.com>
    Fecha: jueves, 16 abril, 2009 4:15



    VALLEJO, INMORTAL

     

    Ya va a venir el día, ponte el alma.

    Los desgraciados, César Vallejo

     

    Hoy se cumplen 71 años de la muerte del mejor exponente de las letras peruanas y uno de los mejores del todos los tiempos en el mundo,… quizás el mejor que ha existido. Su calidad como poeta es increíble, así lo reconocen millones de hombres en el mundo entero. A vista de críticos su poesía, y su obra literaria en general, no tiene cánones específicos para ser encasillado en tal o cual escuela o corriente literaria.

     

    Pero Vallejo no fue exclusivamente un poeta, un escritor, fue sobre todo un hombre. Sí, un hombre de profunda sensibilidad: de ahí su excepcional forma de escribir. Mas esta sensibilidad no sólo lo hizo un gran poeta sino un hombre solidario, un hombre que amaba a sus prójimos, un hombre de fe…

     

    El mejor poeta, el Poeta Universal, lastimosamente, como muchos otros grandes escritores, no es reconocido ni estudiado como se merece en su propia patria: uno no es profeta en su propia tierra, ya lo decía Jesús. Pero no es por casualidad que Vallejo y otros grandes de las letras no sean estudiados. La política educativa estatal peruana responde a los intereses de las capas dominantes de nuestro país. Es casi prohibido hablar de Vallejo y su obra completa. De Vallejo en el colegio apenas leemos su poemario Los heraldos negros y de suerte el cuento Paco Yunque. Haciéndonos creer que fue el maestro César un sujeto triste, penoso, incapaz de alzar la cabeza y luchar.

     

    Vallejo pasó de ser el Poeta del dolor a ser el Poeta Revolucionario. Es decir, pasó de la tristeza a la esperanza. El sobrenombre de Poeta Revolucionario no pudo ser mejor para describir a Vallejo: ya que con su gran ingenio revolucionó la poesía mundial, la elevó a niveles antes nunca alcanzados por algún otro poeta y al mismo tiempo fue un revolucionario social ya por su postura ante la Vida , ya por su fe por el porvenir.

     

    Y por más que Vallejo intente ser callado, ocultado, él sale a la luz, sale radiante fresco, con su rostro de hombre reacio, que a veces llora sabiendo que su llanto es de hombre. Lo mismo intentaron hacer con el Amauta, Mariátegui, pero vemos que él ha sido el autor más leído por los peruanos en el pasado siglo; así también intentan callar a poetas hijos del pueblo y que enarbolan las banderas del pueblo; están: Manuel Scorza, Juan Gonzalo Rossé y otro muchos más. Y, es que a Vallejo lo quieren hacer callar porque él fue (y es) comunista, su obra es comunista (su obra madura) y para interpretarlo y comprenderlo a cabalidad no podemos olvidarnos de su militancia comunista.

     

    No olvidemos que su obra no fue exclusivamente poética – sin dejar de lado que la poesía fue su "fuerte", dejándonos obras como España, aparta de mí este cáliz, que es canto a los milicianos partidarios de la república española, o Poemas humanos, una serie de escritos que hablan del porvenir, del futuro, de la esperanza, de la lucha por un mundo igualitario, justo, solidario y lleno de Amor – sino también narrativa (El Tungsteno, Fabla Salvaje, Más allá de la vida o la muerte,…), asimismo hizo teatro y ensayos (El arte y la Revolución , Reflexiones al pie del Kremlin,  Rusia ante el segundo plan quinquenal,…) . Toda esa gran obra la hizo a pesar de las muchas peripecias por las que atravesó.

     

    Amauta, César Vallejo, vives en el corazón del pueblo, de los pueblos del mundo. Y sabemos que tú estarás compañero, camarada, cuando llegue la Victoria Final como lo decía José Carlos.

     

    Vamos a ver, hombre;
    cuéntame lo que me pasa,
    que yo, aunque grite, estoy siempre a tus órdenes.

    Otro poco de calma, camarada. César Vallejo

     

    José Eduardo B. Gutarra

    Miércoles, 15 de abril de 2009.

    http://www.youtube. com/watch? v=B779pkrDvcU


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    CESAR VALLEJO: EL ROMANTICISMO EN LA POESIA CASTELLANA

    Señor Rector,
    Señores Catedráticos,
    Señores:
    Hace más de una centuria que la mentalidad germana echó las bases de la ciencia crítica en el Arte. Los hermanos Schlegel, que sin disputa representan esta epifanía, tienen la gloria de haber fundado de este modo, el mejor instrumento con el que en nuestros tiempos se registran científicamente las diversas manifestaciones del arte bello.
    Desde entonces la crítica artística ha dejado de ser el ligero análisis de las formas y la observación más o menos incompleta de una determinada manera de la técnica, para convertirse en el juicio amplio y profundo, resultado de una visión científica hecha a través de un prisma, de cuyas múltiples facetas, concurren en armoniosa teoría, muchas luces a una alta y vigorosa conclusión. Queremos decir con esto, que el crítico es hoy el maestro que corrige, el cincel que lima las obras de otras actividades, pero que corrige y lima conforme a los modelos que, a fuerza de un ansioso trabajo de perfeccionamiento, ha logrado obtener como ideales.
    Y no parezca hipérbole el atribuir a la critica contemporánea esta elevada misión integrativa y de mejora, si de antemano nos descartamos de creer con algunos publicistas didácticos, que el arte critico no tiene influencia modificativa sobre la obra que juzga.
    Toda ciencia como todo hombre, todo pensamiento como todo mecanismo, pueden aportar un rayo más de luz o algún contingente de fuerza progresiva para que la vida avance por horizontes más brillantes en el camino de la civilización; o al contrario, pueden constituir un elemento negativo de progreso, que en último examen, es una corriente estática. Y como para los fueros de la experiencia, base de toda ciencia, es necesario apreciar en todo trabajo lo que en justos términos, importe de algún modo los intereses del esfuerzo común; de ahí la razón de la existencia de los valores del espíritu, de ahí la necesidad de poner en transparencia la labor humana, con el objeto de precisar en qué grado y en qué sentido ejerce influjo en la grandiosa obra universal. Y he aquí el importante papel de la Crítica.
    Hasta antes de la revolución romántica no ha habido verdadera sanción en materia literaria, en todos se sintieron como iluminados por el Espíritu Santo de la mentalidad pagana, y todos los que escribían eran poetas, oradores, novelistas o autores dramáticos, pero ninguno quiso criticar. Y es que en una época tan brillante para las letras europeas, un apacible ambiente de optimismo y de fe en los destinos humanos, acariciaba los corazones: todo lo que se hacía era o debía ser bueno, y no había nada digno de censura en literatura. Más tarde el neo-clasicismo del siglo XVIII no podía ofrecer, por la naturaleza misma de su sistema una opinión imparcial sobre labor alguna en poesía; era demasiado académico e inexorable en su preceptiva, y este prejuicio no le permitía encontrar en concepciones libres o que representen alguna innovación, nada que fuera bueno. Y de este modo, hacia fines de aquella centuria, esta carencia de espíritu crítico tolerante y autorizado, con más o menos idénticos caracteres, era general a las más avanzadas literaturas de Europa.
    Faltaba, pues, entonces la acción benéfica de la crítica verdaderamente científica; pues el espíritu analítico del siglo de Luis XIV no fue sino, como lo afirma Le Bon en su obra Psicología de las Revoluciones, la tempestad que tala y destruye, cuya acción fertilizante sólo floreció mucho tiempo más tarde, cuando después de la epopeya napoleónica, bajo el iris de la paz, remozada la humanidad, empieza a vivir de nuevo, y las ciencias, la filosofía y el arte toman por mejores derroteros, cuando el espíritu empieza a pensar sobre la suerte de los pueblos y sobre todo lo que ha hecho en los siglos pasados a favor de su bienestar y progreso. Estalla entonces el movimiento de autonomía romántica en el arte, y se levanta, como lógica consecuencia, la Crítica ocupando el sitio que le corresponde en la literatura.

    I
    ORIGEN DEL ROMANTICISMO

    El genial Taine ha dicho: «La obra literaria es el producto necesario de cierto número de causas generales y permanentes que se pueden reducir a tres: la raza, el medio y el momento. Hay una relación constante entre el estado de alma que produce la síntesis de la raza, del medio y del momento, y el carácter general de las producciones literarias que expresan ese estado de alma.» Sometiéndonos a este principio, vamos a estudiar esa triple virtualidad generadora en el espíritu español, para darnos la explicación de la génesis de la escuela romántica. Mas, es necesario no olvidar que aquellas tres entidades creadoras, citadas por el sabio francés, entrañan en sus términos sintéticos toda una nebulosa de motivos, que nosotros hemos procurado examinar pacientemente, para haceros una exposición sucinta, pero minuciosa y clara en lo posible.

    ELEMENTOS PROVENIENTES DE LA RAZA

    La raza española cumpliendo leyes fatales de evolución y de vida, llegaba a un período de desaliento hacia el siglo XVIII, desaliento enraizado en el excesivo trabajo de las edades pasadas. Si registramos el papel que en ese tiempo ha desempeñado en el escenario de la civilización, si valuamos su contribución al desenvolvimiento humano, no se desmiente lo dicho: las manifestaciones sensibles de aquella época de su vida, todas expresan una visible postración moral e intelectual, como indolente cansancio de las fiebres heroicas de su virilidad y de las exaltaciones pensantes de su juventud de oro.
    Mientras en esta raza latió en toda su fuerza el enérgico espíritu de los bárbaros, luchó en la Edad Media contra la invasión árabe en una gloriosa cruzada de religión y patriotismo, y llevando más tarde su pabellón a la proa de las naves de Colón con rumbo al descubrimiento de América, este pueblo batió entonces, entre todas las naciones del mundo, el récord de brillante y fecunda actividad. En armoniosa comunión con este elemento de carácter, la sangre latina vibrando en profundos esfuerzos de especulaciones filosóficas y sublimes creaciones de arte, rodeó al espíritu español de sólidos títulos de superioridad intelectual, esparciendo ante la historia, luces tan bellas, que hacen honor a la especie humana.
    Pero las preponderancias tienen su fin: cuando se debilitan los mecanismos internos y profundos en la médula misteriosa de la vida, las fuerzas creadoras se tornan en estériles convulsiones de esfuerzo y acción, y el fósforo del cerebro también languidece. La historia puede ofrecernos muchos ejemplos de estas alternativas de decaimiento y pujanza en los pueblos; y sólo aceptando esta verdad es como se explica el nacimiento, transformaciones y muerte de tantas razas que han pasado por el escenario del globo. El eminente sabio Le Bon ha probado que la raza ejemplifica exactamente las mismas operaciones de la vida; y desde que cada individuo como célula del gran organismo ético a que pertenece, nace, crece y muere ¿por qué el todo organizado no ha de nacer, crecer y morir también, cuando la economía humana está sujeta a las variaciones de fuerza vital que en el laboratorio soberano, origina el complejo concurso de mil diversas entidades que elaboran la vida?
    Las fuerzas procedentes del interior del espíritu, aquellas fuerzas permanentes de que nos habla el mismo Taine, cediendo al círculo perenne de potencias externas, cediendo a la acción del medio, había sufrido variaciones de dirección en la raza española, habían sufrido una modificación plural en las intensidades de sus diversas manifestaciones: el sereno pensamiento de Calderón de la Barca y de Fray Luis de León, aquel pensamiento claro, alto y tranquilo, propio de la edad viril de un pueblo, aparece caracterizado por el desbocado vuelo de fantasía, y al sentido reflexión sucede el instinto por los delirios. Y es que hay una ley psicológica en los hombres y las razas, consistente en que, al cesar el pensamiento razonado y sereno de la edad madura, como corolario fatal vuelve el predominio de la fantasía sobre la razón, vuelven los poéticos sueños de los tiempos primitivos, y entonces el espíritu piensa por imágenes, como diría Grenier. Por eso Goethe podía cantar estos hondos versos, cuando declinaban sus años:

    Tornáis de nuevo hermosas imágenes flotantes
    que dulce y melancólico un día os contemplé.
    ¿Asiros y teneros podré feliz como antes?
    ¡Aún vuela hacia vosotros el alma, cuando os ve!...

    El mismo principio anteriormente citado, nos lleva a encontrar en esta raza otra cualidad, cual es, la asombrosa sensibilidad que la caracteriza en el mismo momento histórico al que la referimos, pues esta nota es uno de los elementos característicos de todo estado de febril agitación. De aquí que las menores impresiones, las más sutiles influencias ambientes, haciendo una huella profunda en el perenne hastío de la vida y el adentrarse a los latidos del corazón, creyendo encontrar en ellos, como un ritmo de consuelo, la revelación divina de los últimos destinos de los hombres.
    Sobre estos elementos existen otras inclinaciones fundamentales, que residen en el fondo permanente de la raza; tales son: el espíritu pasional que ha informado siempre todas sus creaciones artísticas, y que se muestra acentuado grandemente en los últimos tiempos; los arranques de valor y arrogancia que hacen del español un espíritu de acometividad y altanería ciegas; los sentimientos innatos del hombre, como el de la dignidad, el amor y la religión, que tienen en esta raza fuerzas profundas y carácter eminentemente ardoroso, al extremo de constituir las más violentas pasiones, debiendo advertir que este último elemento, propio de la raza latina, ha tomado en el español más energía por la influencia de la cálida sangre de los árabes; y en último término, surge aquella predilección que le es fundamental, por la belleza formal, su afecto a las líneas robustas, las proporciones grandiosas y los colores fuertes. Tales el temperamento lírico del romanticismo castellano; el idealismo de Don Quijote enlutado por el negro pesimismo de Espronceda: una poesía en que los ideales se buscan no ya con la serenidad del corazón sano, condición importante para las especulaciones ontológicas, sino con las alas de la imaginación ardiente, dócil instrumento de las fuerzas emotivas. Por último, no debemos olvidar sobre todo esto, la facilidad con que acepta el espíritu español el advenimiento de nuevos sistemas que no se opongan a sus caracteres de raza, facilidad que permitió a la escuela romántica su generación y desarrollo.
    Ahora bien: resumiendo estas consideraciones, veremos que la raza ha dado a la poesía romántica los siguientes elementos:
    1º-El predominio de la fantasía, expresado por una filosofía idealista.
    2º-Un fondo de melancólico y exquisito sentimentalismo.
    3º-Refinada sensibilidad.
    4º-Predominio de los sentimientos de amor, honor, patriotismo y religión, traducidos en sublimes pasiones, violencias de sangre y misticismos fanáticos.
    5º-El instinto por la belleza de las formas y lo sonoro y grandioso.
    6º-Como medio que facilitó el triunfo del romanticismo, el carácter vehemente y voluble de su psicología.

    ELEMENTOS PROVENIENTES DEL MEDIO

    La naturaleza. -Sabido es que la vida humana está determinada en sus distintas manifestaciones intelectuales, por las funciones elementales biológicas. Resultado de éstas es la organización débil o vigorosa de las altas funciones cerebrales; siendo no menos cierto que aun en la idiosincracia especial de cada pueblo, gran parte de los matices diferenciales que lo separan de los demás, son florescencias del peculiar modo como está organizada su vitalidad por la naturaleza circundante. Siempre hubo una correlación, sujeta a leyes perfectamente fijas, entre la obra del individuo y la acción del medio que le ofrecen las condiciones del territorio y clima, juntamente con la realidad objetiva formada por los demás hombres.
    La península española por su situación geográfica, es desde todo punto, favorable para las creaciones artísticas. Pocos pueblos entre los que están situados en tierras europeas, pueden encerrar en sí una fuente tan copiosa e intensa de inspiración. Sólo sería comparable con las maravillosas regiones del Oriente y de Asia, regiones en donde parece que la mano del Creador hubiera sido más pródiga en derramar tanta sublimidad de colores y murmullos, tan pomposos encantos en las formas de la naturaleza, tantas y tan bellas matizaciones de sonido y de luz. La belleza natural en España, sustentada por la vibrante vitalidad profunda de las bajas latitudes, por un poderoso lenguaje, movido y majestuoso, grácil y solemne, cándido y sensual, pero siempre esencialmente expresivo e inquietante, la belleza natural ibérica, decimos, puede considerarse como la India del continente europeo, como una fuente fecunda para la vida del arte. Ahí puede el artista hacer brotar como la bíblica vara de Moisés, con el conjuro divino de su sentido intuitivo y creador, los más robustos raudales de inspiración. En el seno matriz de aquellas comarcas late la belleza perenne, abierta para todos los latidos del corazón, para todas las idealidades humanas, en fin, para todas las diversas capacidades del gusto estético. Todas las bellas artes pueden encontrar en ellas eternas fuentes de inspiración, tanto porque ahí son múltiples y variadas las condiciones del material con que se da concreción a las bellezas naturales suministra infinitas esencias, órdenes elevadísimos de ideas medulares para todo género de obras artísticas, especialmente para las de literatura.
    Decía Oscar Miró Quesada que «las emociones estéticas que la contemplación de la belleza produce, sacuden y revuelven el espíritu profundamente, agitando las actividades psíquicas, sentimentales más ocultas; y siendo de este modo un poderoso reactivo para el alma».
    Efectivamente: la belleza natural, como entidad envolvente del dinamismo espiritual del hombre, como un sistema de influencias de modalidades más o menos duraderas, labra la materia humana ajustándola a moldes determinados, a estados perfectamente precisos, haciendo en este caso los oficios de una verdadera educación. Las primitivas formas pues cumpliendo la ley del doble mecanismo destructivo y constructivo al mismo tiempo que se opera en todo orden de procesos, son modificadas. El medio ambiente natural de España con su belleza exuberante, como es de suponer, ejerce su más directa influencia en la imaginación. De ahí que acordando esta influencia a la predisposición fantaseadora de la raza, dé por resultado el caluroso arrobamiento de la mente, la fuerza instintiva hacia las lucubraciones del ensueño y los infinitos viajes por el país de la pura fantasía.
    Este consorcio entre la facultad suprema del espíritu español y el estímulo del medio a avivar esa representación en el desenfreno locuaz, desviando un tanto serena ponderación del mecanismo intelectual, acarrea desde luego un descenso de capacidad de la razón, reduciendo el campo de este poder culminante del espíritu. Después de la ruptura de las formas anteriores del pensamiento, la naturaleza organiza un florecimiento de nuevos sistemas, de nuevas orientaciones en la actividad consciente, instituyendo una psicología en que la imaginación creadora influye poderosamente sobre la inteligencia del hombre. De esta imaginación que penetra las interioridades de todas las existencias y todos los mecanismos y que traspasa los tiempos y el espacio, de esta importante calificación del espíritu, surge una nueva nota en la psicología española, cual es al adelantarse por acción intuitiva al conocimiento del futuro, la visión lejana de las edades venideras de la vida y el sentimiento de los remotos destinos. Una fuerte poesía metafísica es hija de esta potencia imaginativa, una poesía toda hecha de nostalgia, de añoranza por lo que se contempla en sueños y falta en la realidad, una poesía cuyo rasgo sincrético es el tema del pasado y el eterno problema del futuro.
    De otro lado, una naturaleza como la de España, esencialmente sugestiva, por razón de su misma sublimidad generosa que atrae, que encanta y roba continuamente la atención, tiene por fuerza que modificar la sensibilidad en el sentido de refinarla, de acostumbrarla a perturbarse con los más sutiles roces de las exterioridades, de educarla, en fin; y de aquí la importancia dada a las realidades objetivas más insignificantes, como fuertes motivos de revoluciones profundas en el pensamiento, produciendo desde luego, la inquietud del espíritu y la tensión volitiva encaminada a la acción creadora.
    La exquisita sensibilidad origina, pues, una fermentación de la voluntad; y como según Schopenhauer «bajo cualquier forma que se presente los cuidados que nos inspira una voluntad que no cesa de ser exigente, llenan y agitan sin cesar la conciencia y sin reposo verdadero no hay bienestar posible », es consecuente deducir que el último resultado de esta sensibilidad refinada es la inquietud doliente, el hastío que es el elemento inseparable de la poesía romántica.

    La sociedad. -Hemos dicho que había una decadencia en el pueblo español en el siglo XVIII, y esto mismo se confirma por lo que dice un reputado historiador de nuestros días, cuando deplora que «cuando pasó de este mundo Carlos II, hacía tiempo que habían pasado la gloria y el ingenio de la nación española. No quedaban más que el territorio y la raza: esta última muy disminuida y muy desalentada ».
    Pues bien; el advenimiento de la Casa de Borbón al trono, constituye un acontecimiento de gran importancia para la suerte de la Península, porque los tres primeros reyes de esta dinastía hicieron la regeneración de la sociedad española. Bajo la influencia de Francia, España se convirtió en un pueblo modelado en todo orden en las formas de la sociedad parisiense. Todo se afrancesó: desde las altas esferas intelectuales hasta el modo de vestir, pudiendo decirse que solamente el carácter nacional, cuyos fueros son sagrados por fuertes, subsistió. Esta influencia francesa se fortificó con la abdicación de Carlos VI y con la guerra que antes de este acontecimiento, se había realizado entre ambos países, guerra que ha sido considerada por los historiadores no como la simple oposición entre el principio monárquico y la democracia, sino como la lucha entre el antiguo régimen social, político y religioso y los diversos nuevos sistemas de organización que surgían de la Revolución francesa; y así el proselitismo de las guerras de Napoleón dieron sus frutos con la Constitución de Cádiz, Constitución que representa en términos precisos el triunfo de la libertad del hombre individual y socialmente considerado. Por esto dice Le Bon y otros autores que fue esta reforma un hecho natural en el curso de los siglos; porque el espíritu de libertad es esencialmente necesario al ser humano, como parte integrante de su naturaleza.
    Con esta Constitución se derribó el dogmatismo teológico, la metafísica escolástica que eran la filosofía tradicional de España, enfrentada a las cerebraciones nuevas que habían sido originadas por las necesidades de la época y a la nueva orientación que había tomado el pensamiento científico con los elementos de observación y experiencia ya descubiertos; resultando de esta caída del despotismo intelectual, el sistema de inteligencias libres y nuevas que, primero en las clases ilustradas y más tarde en la masa popular, constituyó con posteriores reformas y nuevas direcciones, el espíritu del pensamiento español en el siglo XIX.
    El catolicismo que había sido el fondo de la unidad de las leyes, carácter y costumbres de la sociedad, en suma del ser colectivo en la Península, también se debilitó con el nacimiento del principio de la duda metódica cartesiana en el pensamiento español y cuando se empezó a meditar independientemente de toda escuela, no tomando ya como fuente de consulta los venerables infolios clásicos, sino los libros franceses, porque éstos eran la libertad del pensamiento, el racionalismo justo, como las obras de Voltaire, Rousseau y otros.
    La moral cristiana con sus devociones piadosas, con el terror de que rodeaba a la práctica de los sacramentos de la penitencia, la superstición sobre tradiciones piadosas y la creencia en espíritus sobrenaturales que habitan la tierra; la moral cristiana, decimos, con todo el cortejo de exageraciones bíblicas, regía la sociedad cuyos principios morales, a pesar de este riguroso fanatismo, atravesaban un período de relajación, en que cedían el triunfo de los caprichos de la pasión y la fuerza con mengua de los fueros de la virtud; sin que por esto desfalleciera el sentimiento de la fe cristiana que continuaba fuertemente arraigado, lo que hiciera decir al padre Coloma que todos los españoles se arrepentían antes de morir.
    Bajo el punto de vista económico, España no gozaba de completa holgura en su riqueza pública y privada, pudiendo decirse que a raíz de la Independencia de América, se produjo en la Península un profundo desasosiego por la bancarrota de sus finanzas; ya sea por el atraso de la ciencia económica importante para dar una mejor orientación al fomento de las industrias y agricultura, o ya porque aquello fuera la consecuencia lógica de pasadas disipaciones económicas llevadas a cabo en ingentes proporciones con motivo de las guerras de religión y de sucesión. La actividad intelectual, por este motivo, languidecía desde el punto de vista científico, ganando en cambio artísticamente; puesto que es un hecho comprobado por la historia de la literatura y por las leyes fisio-psíquicas humanas, que la más alta y sincera poesía es hija de la pobreza, que parece ser uno de los reactivos más enérgicos para despertar la inspiración en las facultades más nobles del artista, generando en el espíritu la ternura sentimental más pura y elevada.
    Y por esto podía cantar un poeta colombiano que:

    A1 blando arrullo de opulenta cuna
    no se mece jovial la poesía.

    La Constitución de 1812, pues, había declarado sin duda muchas libertades para la sociedad y el individuo; pero quedaban aún latentes en el espíritu EL ROMANTICISMO EN LA POESIA CASTELLANA 23 social otras tantas convicciones y anhelos de derechos y libertades. Por esto, en más de la mitad del siglo pasado ha continuado en España viviendo la vieja tendencia llamada el liberalismo, en que se agitan tantos sanos ideales de perfección individual y social, y que ha dado lugar a las diferentes revoluciones habidas en España y en las que han tomado parte, como era lógico, casi todos los poetas.
    Período de declaración de libertades y tolerancias en todo orden de relaciones, los primeros lustros del siglo XIX en que la tierra del Cid se levanta con un nuevo chispazo de luz en el cerebro y un impulso entusiasta en el pecho, fue también generador de la libertad en el arte. ¿Y por qué no había de penetrar la literatura este hálito fecundo de libertad que estallaba como un volcán del seno de los pueblos y se derramaba desde las orillas del Sena hasta la Tierra del Fuego en ultramar? Ya lo dijo Victor Hugo, el caudillo romántico francés, que el principio esencial del Romanticismo era la libertad.
    Tal vez el Romanticismo no hubiera triunfado sobre las demás escuelas de literatura si no se produce la Revolución francesa; de aquí que este movimiento de tanta trascendencia en el terreno de los principios y en el orden de la naturaleza, hallando eco en la península española haya sido en parte la causa eficiente y la única causa ocasional de la revolución romántica contra el estrecho clasicismo reinante.
    Nadie puede, pues, poner en duda que la escuela romántica en España tiene sus más sólidas bases en la revolución filosófica del siglo XVIII, a cuyo soplo se pulverizaron las columnas del antiguo organismo social y tuvo su aurora el espíritu de libertad en el arte; reforma de la que tuvieron que brotar entre muchas nubes de dudas y remolinos de inquietud, los nuevos intereses, las nuevas necesidades, los nuevos derechos que se insinuaban enérgicos, urgentes, improrrogables, como fórmula de solución de la nueva vida de los pueblos. Estas fuerzas opuestas en el seno de las modernas sociabilidades, aquellas agitaciones en la sombra, penetraron en el alma individual, en busca de cristalización. España sintió como los pueblos que más estos afanes por la normalidad, la orientación y el ideal de la civilización moderna, e informada por el nuevo espíritu social que hemos descrito ligeramente, surgió la poesía romántica, a cuya generación y desarrollo conspiraron los siguientes factores provenientes del medio.
    1º-El amor a la naturaleza, la tendencia a ver en ésta la clave del misterio del mundo y a descubrir en todos y cada uno de los seres un pedazo del gran todo que es la Creación, dirigiendo el poeta sus interrogaciones filosóficas a las leyes y mecanismos universales en que cree palpitar el mismo ritmo que palpita en el espíritu humano.
    2°-Como consecuencia de estas concepciones, la idea de su relación secreta e íntima, intensa e invisible entre las bellezas naturales y las del espíritu.
    3°-El espiritualismo filosófico que es uno de los caracteres esenciales del Romanticismo.
    4°-La fantasía ardorosa traducida en los problemas de metafísica y teología que son el fondo común de las creaciones románticas.
    5°-La sutileza en los motivos de inspiración que hace que de los más simples y vulgares incidentes, broten a torrentes las más grandiosas creaciones.
    6°-La fecundidad en la producción artística.
    7°-Libertad en los motivos de inspiración contra el sentido aristocrático del neo-clasicismo; y en la técnica formal, contra la preceptiva de Boileau.
    8°-La hegemonía individual sobre la sociedad, que es también la nota esencial en el Romanticismo.
    9°-Libertad en los ideales.
    10°-De las guerras con Napoleón surgió el sentimiento fuerte del patriotismo, por lo que la tradición y la Edad Media fueron los temas favoritos de inspiración, porque ahí se encuentra la edad heroica española y su misticismo de leyenda.
    11°-La superstición religiosa.
    12º-De la libertad del pensamiento, surge la duda en los destinos del hombre y la conspiración contra los dogmas católicos, traducida en cierta irreligiosidad desesperada y el pesimismo.
    13º-Lucha de sentimientos y pasiones intelectualizados en una orientación más amplia y filosófica.
    14º-Ternura exquisita, y pasiones intelectualizados en una orientación más amplia y filosófica.
    15º-Como elementos comprensivo de todos los anteriores, el lirismo llega a la cúspide de su desarrollo en la poesía.

    ELEMENTOS EXTRANJEROS

    Aquella nueva psicología, aquellas nuevas fuentes de inspiración que hemos dicho caracterizaban al pueblo español, resultado de su raza, de la naturaleza y de las últimas renovaciones de su sociedad, necesitaban una nueva fórmula artística dentro de cuyas proporciones y dirección se trasuntaran en obras literarias. Esta fórmula, estas direcciones surgieron precipitadas y empapadas por las influencias extranjeras.
    Menéndez y Pelayo ha pontificado de este modo:
    «Debemos cultivar relaciones cada día más frecuentes con los doctos de otros países, pospuesta toda mezquina rivalidad, domada toda sugestión de amor propio y hasta perdonando cuando necesiten indulgencias, las asperezas injustas de la crítica, los desahogos de mal humor, los alardes de superioridad petulantes, siempre que estos defectos de crianza y cortesía más que de literatura, vayan compensados con méritos y obsequios reales al ídolo de nuestros amores, a la inmortal y desventurada España, en cuyas aras debe consumir el fuego todo sentimiento impuro y menguado de iracundia o de vanagloria.»
    Traemos esta verdad del caso para manifestar que el Romanticismo no es sólo producto de España, sino también del gran caudal de ideas que le ha venido de las mentalidades de otros países europeos, como vemos a verlo:

    Italia. -Al disiparse las últimas sombras de los tiempos bárbaros, hacia el siglo XIV surgió una poesía completamente autóctona en Italia. Las obras del Dante y de Petrarca, conteniendo un fondo de belleza completamente nuevo, como nueva era la civilización de que brotaban, se esparcieron por toda Europa, y en el mismo siglo, Iñigo López de Mendoza, entre otros autores, escribía sus sonetos a la manera italiana.
    Aquellas obras traducidas al castellano, llevaron un sistema de pensamientos y sentimientos que debían florecer en todo su brío en la literatura del siglo XIX, en que encontraron tierras feraces para su mejor germinación y desarrollo. En primer lugar, la idea del Amor, según el alegorismo florentino, representa la exaltación religiosa en un puro fuego de celestes gozos; es una llama del amor de Dios, bajada al espíritu de la humanidad para enaltecerla e iluminarla, para vivificarla, manteniendo encendido el sentimiento de una ventura remota, de un paraíso celestial, en donde aquella llama se acrecenta, se engrandece al ser recibida en el amor eterno de los cielos. Y este sentimiento de un amor puro, bendito por la mano de Dios, atraviesa la Tierra como soplo de consuelo, haciendo vivir al hombre una nostalgia infinita por el Empíreo; y aunque perfuma la vida, no satisface la sed del corazón que sólo encontrará la dicha completa con la muerte; despertando mientras tanto en el alma un vago anhelo, un perenne dolor de indefinibles ansias, en fin, esa adoración insaciable, ese místico arrobamiento de la pasión pura que hace ver en los ojos del ser amado, un lejano e inasible paraíso. Por esto el amor en el mundo, ese amor que inspirara al verbo dantesco, en este sentido, es una pasión cuanto más bella, más dolorosa, cuanto más metafísica, si cabe la palabra, más melancólica, porque mientras más se descubre un aliento de cielo en él, más intensa, y conmovedora es la reacción a la gloria celestial, y es más triste y tormentoso hacer el viaje por la Tierra, atravesar la cárcel mundanal entre una leve sonrisa de esperanzas y un espasmo de sombra e inquietud. Por esto también la mujer, tierna y sentimental más que el hombre, cristiana y soñadora, dada a los fervores y penumbras religiosas, lleva encerradas en su pecho pasiones en botón que aguardan el conjuro de las santas ternuras y los suspiros amantes, para abrirse en rosas y fragancias espirituales y en dulces desfallecimientos de tímida paloma en ebriedad de cielo. ¡Porque el amor es supremo gozo! ¡Porque el amor es martirio! El amor es el alma del mundo, y todo lo grande de la vida es obra suya; por consiguiente la poesía encuentra en él sus motivos más elevados, es decirlos dramas de la vida en que laten las más grandiosas emociones, los delirios más santos, los sentimientos más nobles y abnegados, en una palabra, en donde la humanidad se manifiesta en la plenitud de sus bellezas y en las más profundas y secretas pulsaciones del corazón. Pero como los sentidos en el hombre se sublevan en contra de aquel género de virtudes e idealidades puras, entonces surgen las luchas en el mundo interno, las batallas corazón adentro, luchas que deben ser vividas por las musas donde quiera que se encuentren: en la cámara de los reyes, o en la choza de los míseros; en las vírgenes que pasan sin mancha por el mundo, o en las figuras bacantes que se arrastran en el fango de la carne y de los vicios; en los héroes o en los cobardes; en los hombres idólatras del bosque o en los ungidos por la luz del bautismo. El degenerado y el virtuoso, el asceta y el sacrílego, el triste y el que vive entre sonrisas y placeres, el poderoso y el siervo, todos constituyen la esencia inspiradora y el objeto de la poesía.
    Siendo cada hombre el fondo mismo de la poesía, la inspiración es personal, subjetiva, porque encada canto va ya una esperanza y una pena, ya una dicha y un desengaño, ya una sonrisa y una lágrima.
    El pensar en el amor absoluto, en la eternidad de este sentimiento, espolea la imaginación española que en el siglo XIX más que nunca era preponderante.
    Además de estas ideas y sentimientos, la influencia italiana, contribuyó para que el endecasílabo florentino subsistiera en la poesía castellana del mismo tiempo, porque estando escritos los versos del Dante y de Petrarca en esa forma métrica, las traducciones a nuestro idioma la conservaron.

    Inglaterra. -Los literatos que más han influido para la producción del Romanticismo en España, han sido Shakespeare, Milton, Lord Byron y Walter Scott. Pero es de notar que las leyendas románticas de algunos de estos autores, especialmente de los dos primeros, son de importación genuinamente italiana, es decir, tomadas de algunos poetas de Italia imitadores a su vez de Dante y Bocaccio.
    Shakespeare, coloso del teatro inglés y una de las más altas figuras del pensamiento humano, tenía que ejercer un extenso y poderoso influjo en las literaturas europeas. El genial autor de Hamlet fue lentamente traducido al castellano en el siglo XVIII y al inaugurarse el XIX; pero de modo más fiel e intenso se han sentido las proyecciones de su temperamento artístico en la mentalidad latina, por medio de la poderosa comprensión francesa que asimilando golosamente sus creaciones, las ha comunicado en seguida al espíritu español. Pues parece que debido a que el pueblo francés tiene un poco más de sangre germana en sus venas, es sin duda que tiene facultad más intuitiva y gusto más simpático para comprender mejor el intelecto septentrional de Europa. La poesía de Shakespeare y Milton trajo a España el sentido del análisis filosófico del hombre, en cuyo seno caben tantas sombras y oposiciones, trajo el estudio de los caracteres universales como la traición y el crimen, la ambición y la intriga, los celos y el suicidio, al lado de grandes virtudes como el amor puro y la piedad, la generosidad y el martirio, la abnegación y el altruismo. Lo maravilloso cristiano, las brujas y los genios maléficos que se hermanan también con las tradiciones piadosas y el carácter supersticioso español, produjeron admiración y entusiasmo entre los poetas castellanos; pues aquellos elementos vienen por un lado, del Paraíso Perdido y por otro, de Macbeth y Romeo y Julieta y otras obras de Shakespeare, debiendo agregar que la gran concepción de la obra de Milton avivó en España las creencias cristianas conjuntamente con la santidad del amor, la debilidad de la mujer, la explicación bíblica del origen del mundo, la inmortalidad del alma y la existencia de los ángeles caídos que suelen venir a la tierra a perturbar y tentar a la humanidad.
    La novela de Walter Scott extendida tan prodigiosamente en los países europeos suscitó en la literatura española el gusto por el color local, el sentimiento de la naturaleza a la que el hombre confía sus efusiones y los secretos más íntimos de sus sueños. La voz de la raza y del momento en las novelas escocesas, también encontró eco en el sentimiento de patriotismo español.
    Y por fin Lord Byron, el noble pesimista, la sombría figura tocada de inquietud y sed de placeres intensos y dolores profundos, llena de desilusiones y hambrienta de desengaños; el alma triste, símbolo de la desesperación humana, llegó al seno de la literatura castellana, y al encontrar en la Península aquel ensimismamiento doloroso, aquella predisposición para la tristeza y el pesimismo, consecuencia de la exquisita sensibilidad del espíritu español, al encontrar, decimos, tan ancho campo, tanta hermandad para su mal, puso su sello firme en la poesía castellana.
    Los poemas de Ossian que llegaron a ser tan populares en Europa y que tan fuertemente se infiltraron en el alma española, son más o menos del mismo espíritu que el de la poesía de los autores anteriormente citados.
    Respecto a la técnica, la influencia inglesa implicaba la ruptura de principios y reglas absolutas en la ejecución, cediendo sólo al espontáneo empuje de la inspiración.

    Alemania. -Tardo fue el siglo de oro de la poesía alemana, pero a fines del siglo XVIII las obras de Goethe y Schiller surgieron circundadas por la aureola de lo original con una luz que al igual de la del alegorismo italiano en la Edad Media, era nueva y de brillantes orientaciones. El pensamiento sereno, el vuelo metafísico, las interrogaciones al infinito y el soplo de cristianismo que impregnan esa poesía, junto con el idealismo, las nebulosidades del Norte y el sincero sentimiento de la limitación de la vida, tales son las direcciones del romanticismo alemán impresas sobre la literatura española, quien lea el Fausto y Werther seguramente recordará sin duda a El Diablo Mundo; quien lea a Schiller recordará a Zorrilla, para no citar más obras que respondan a una comunidad de ideas y sentimientos más íntima. Las bellezas morales constituyen sus más preciosas excelencias, siendo la inspiración variada porque la poesía penetra el cielo y el infierno, la virtud sin mancilla y las figuras mefistofélicas; el templo de Dios y el aquelarre inmundo. Últimamente, cierto suave sentimentalismo en una noche encantada cuando despunta la aurora sobre la negrura de un crimen. Pero sobre todo, tiene relieve la lujuria diabólica despertada por el averno, que hace víctima a la mujer angelical entregada a Jesucristo, y que sin embargo es perdonada por la misericordia infinita del Cielo.
    La mezcla de géneros en la literatura alemana, como se puede ver por el plan y ejecución del Fausto, es una tendencia que llega también a producirse en la literatura castellana del siglo XIX, y que es uno de los caracteres del Romanticismo.

    Francia. -La poesía francesa al finalizar el siglo XVIII se convirtió en un simple mecanismo y en una fría versificación sin alma.
    Antes de Delille, el último de los poetas del siglo XVIII, había existido el tan recordado Andrés Chénier.
    La ley de la herencia y de la transmisión a través de la sangre de una determinada psicología étnica, aun cuando tan discutida y hasta despreciada en los actuales tiempos, es sin duda un hecho.
    Ella está comprobada con el curioso fenómeno de la progenización de Chénier. Hijo de padre francés y de madre griega y nacido en Constantinopla, bajo el abrasador sol de Oriente, supo reunir en un bien señalado hibridismo el carácter de la revolucionaria Francia y las notas sencillas de la olvidada Grecia. Y puede descubrirse en él claramente la línea precisa que separando dos civilizaciones, marca el fin del Clasicismo y la aurora del Romanticismo en literatura, esferas las dos que están determinadas en su poesía: en el sentido clásico por lo mitológico, descriptivo y docente de su inspiración, y la sencillez y la armonía de las formas; y en el sentido romántico, por la duda, la inspiración sincera y su libertad en la ejecución. La última manera de Chénier es en pocas palabras el preludio del romanticismo francés. Más tarde Chauteaubriand, consecuente con las ideas y sentimientos de su siglo, sobre aquella tendencia innovadora, intuitiva tal vez de Chénier, señaló definitivamente los dominios más precisos de la poesía romántica, dominios enteramente contrarios al neo-clasicismo pasado, ejerciendo de este modo una influencia profunda y duradera, tan grande, que como dice Grenier, desde el Renacimiento, no la ha ejercido mayor otro escritor. Fue este hombre el Dante del siglo XIX que renovó, como dice un crítico de nuestros días, por completo el Arte, no sólo en su forma, sino en la materia misma de sus inspiraciones. Díganlo, si no, Atala tan semejante al Tabaré de Zorrilla de San Martín, Los Mártires del Cristianismo y Renato. Madame de Stäel ensanchó aun más el sistema literario de Chateaubriand en su obra. La literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales, en la que dice al tratar de la crítica, siguiendo a Schlegel en cuyos principios se había empapado, que «para juzgar rectamente las obras de la inteligencia, es preciso colocarlas en el medio social en que nacieron», destruyendo así los ideales absolutos de Boileau. «Ante todo una época nueva exige una nueva literatura. Será necesario siempre sin duda alguna el estudio de las obras maestras de la antigüedad y del siglo de Luis XIV, pero solamente para tomarlas como modelo de sencillez, de armonía, de medida y de gusto, no para alimentar eternamente las obras modernas con sus ideas, ficciones y procedimientos, so pena de condenarse a obtener perpetuamente cada vez pruebas más débiles de los ejemplares originales.»
    Madame de Stäel fue, pues, la que fijó después de los hermanos Schlegel los principios sobre los que descansan las orientaciones de la crítica artística contemporánea; aparte de que realizó los ideales románticos que predicaba, en novelas de un fuerte sentimentalismo que penetraron hondamente en el espíritu español; habiendo sido ella quien, como repetimos, empapándose en el Romanticismo alemán llegó el término Romanticismo a la literatura francesa, de donde pasó a España.
    Lamartine, Victor Hugo y Alfred de Musset influyeron posteriormente en el lirismo castellano, y fue el autor de Los Miserables, quien declaró que el principio esencial de la escuela romántica era la libertad literaria.
    La mentalidad francesa ha desempeñado el papel de precisar la orientación del Romanticismo con el material de ideas y sentimientos de los otros pueblos europeos y los suyos propios que eran los mismos, más o menos, que los de España.
    Concluimos pues diciendo que todas estas influencias efectuadas por las literaturas europeas en el espíritu español, fueron como el reactivo que precipitó el florecimiento del romanticismo castellano.

    LA POESÍA CASTELLANA ANTES DEL ROMANTICISMO

    El gran siglo calderoniano había pasado. A la vista de las obras que en el siglo XVIII produjo el parnaso español se nota claramente una decadencia literaria asombrosa. Fuerza era después de todo que el arte como que es el espejo de toda sociabilidad, se agitara entonces en un estertor de asfixia. La crisis social de la época no menos que las preocupaciones políticas y religiosas debían imprimir sus huellas en esa literatura. Y así fue. La poesía entonces no modificaba las condiciones ambientes, no ejercía ninguna reacción saludable en la sociedad, en una palabra no llenaba su misión, porque se hallaba incapacitada para ello.
    La poesía en el entender de Guyau y de la filosofía inglesa, para que se mantenga en su lugar con respecto a su misión en la vida de los pueblos, no sólo debe reflejar, sino que debe refractar las cuestiones que agitan al espíritu humano, es decir darles otra dirección desviándolas en el sentido de la luz; principio que con mejor precisión está condensado en la siguiente fórmula de Fouillée: «El genio y su medio social nos ofrecen el espectáculo de tres sociedades ligadas por una relación de dependencia mutua: 1º-La sociedad real, preexistente que condiciona y en parte suscita el genio; 2º-La sociedad idealmente modificada que concibe el genio mismo, el mundo de voluntades y de pasiones, de inteligencias, que es una especulación acerca de lo posible; 3º-La formación consecutiva de una nueva sociedad, la de los admiradores del genio, que más o menos realizan en sí, por imitación, su innovación. Los genios de acción como los de César y Napoleón realizan sus propósitos por medio de la nueva sociedad que suscitan en torno suyo, y a la cual arrastran consigo; los genios de contemplación y de arte no mueven los cuerpos sino las almas: modifican las costumbres y las ideas.»
    Esto es lo que no realizaba la poesía castellana de la víspera del Romanticismo. Mientras al otro lado de los Pirineos, las letras oficiaban en los altares de la Filosofía y de las diversas ciencias sociales, lo que no quitaba que la poesía, al igual que en la península ibérica, se ahogase entre las voces tumultuosas del evangelio enciclopédico; el espíritu español haciendo parodia inconsciente de la Francia intelectual, rompía en las más fútiles disputas sin norte ni ideales y tan sólo a nombre de los prejuicios de sectas literarias que por entonces se jactaban de abarcar todas las preocupaciones de la época y que a decir verdad no abarcaban ninguna.
    «Nadie niega la inferioridad artística de aquel siglo -dice el eminente Menéndez y Pelayo-. Los excelentes líricos, uno de ellos verdaderamente grande, que aquella centuria engendró en sus postrimerías, pertenecen al siglo XVIII por su nacimiento, educación e ideas y al XIX por la fecha de sus más célebres composiciones en cuyo brío y pujanza no influyó poco la tormenta política de 1808 en todas sus consecuencias; no pudiendo omitirse que los más notables escritores del siglo XVIII son prosistas, y que no pueden ser bien juzgados sino desde este punto de vista.»
    Como espíritu poético, pues, el último tercio del siglo últimamente citado, tenía las alas muertas. Los Moratín en el teatro levantaban las banderas de las unidades griegas, y en sus poesías se respira un pronunciado fondo de moral liberal entre la sencillez y armonía del estilo; notándose un soplo glacial en sus obras, producido por la falta de inspiración sincera. Don Leandro mostrándose opuesto a la tendencia del Hamlet que tradujo él mismo, veía con enojo en esta obra un principio de rebelión contra sus convicciones académicas; todo lo que nos demuestra que correspondía el temperamento literario de ambos poetas al clasicismo entonces imperante.
    La poesía de don Ramón de la Cruz, representando la voz del carácter nacional, del mismo modo que la de García de la Huerta, significaba la visión retrospectiva de las letras del Siglo de Oro español, o por decirlo así una débil intención a favor de la tradición literaria del pueblo castellano.
    Como ya lo dijimos anteriormente, al afirmarse el tratado de Utrech, con el advenimiento de Felipe V, empezó a afrancesarse España en todos los órdenes de actividad, inclusive, desde luego en literatura, hecho que fue de fácil realización, por cuanto desde tiempos atrás se venía sintiendo en la Península un cierto movimiento de admiración por las letras francesas, caracterizado por la traducción de algunas obras cornellianas al castellano. Enfrentóse esta revolución extranjerista a las direcciones clásica y tradicional a que hemos aludido, y que traía desde luego una indiscutible mejora; pues la Poética de Luzán, apóstol de la tendencia francesista comenzó por una crítica encomiable en algún modo, por la agudez con que embestía contra los centenares de poetas charlatanes y oscuros que pululaban entonces en España; enseñando a olvidar toda actualidad para construir de nuevo la poesía española subordinándola a los principios de Boileau. Y sin embargo, no obstante el valor relativo que representaba esta escuela, así como el de las tendencias clásica y tradicional, todo esfuerzo para suscitar una literatura que estuviera a la altura del espíritu del siglo, fracasó.
    ¿A qué obedecía esta resistencia al resurgimiento? Sin duda, a que los movimientos de restauración que se efectuaban no respondían al estado del pueblo español. Debilitado el pensamiento viril y filosófico del espíritu que había informado la poesía del Siglo de Oro, como lo hemos probado al hablar de la raza ¿cómo querer resucitarlo contrariando las leyes de la naturaleza? Producida la voz de libertad y de renovación en las diversas esferas de la actividad humana, como lo hemos visto al tratar del medio social ¿qué fuerza podía tener el carácter preceptivo del clasicismo? Y por fin, las doctrinas de Boileau, si bien servían de una especie de higienización en el parnaso español, como ideal artístico no podían haber prevalecido, por cuanto en la misma literatura francesa, se desmoronaban al influjo arrollador de los nuevos ideales producidos por la revolución de 1789. Arrinconados los literatos españoles de aquella época en la ruina y degeneración de la poesía, se la dieron en remedar los debates que sobre ciencias sociales y filosofía se sostenían en Francia: incapacitados para el vuelo por el éter luminoso de las musas, bajaban a la humilde prosa. Gil y Zárate dice que: «con la decadencia política de España yacían exánimes las artes y las letras que acompañan siempre a los pueblos en su grandeza y los abandonan en sus adversidades».
    Por otro lado, la aparición del espíritu satírico ha sido siempre signo seguro de decrepitud o decadencia literaria. Y todo lo poco de poesía que se conoce como producción de aquel siglo no son otra cosa que sátiras de distinta clase: Juan Pablo Forner, el P. Isla, los fabulistas Iriarte y Samaniego y el moralista Cienfuegos, cuyos versos ampulosos y amanerados, respiran una ironía amarga tras de las líneas de sus personajes, todos estos fueron satíricos.
    En consecuencia, pues, aquella poesía no correspondiendo a los horizontes nuevos que se abrían al espíritu humano, tenía necesariamente que morir para dar paso a otra orientación artística, producto del estado de la raza, el medio y el momento histórico.

    II
    CRÍTICA DEL ROMANTICISMO

    Estudiar una escuela poética, cuyas raíces se esfuman en muchos siglos atrás y cuyas proyecciones aún circulan en las actuales sociabilidades sin distinción étnica de ningún género, será arduo propósito nuestro, tanta por la seria importancia que reviste en sí, esta faz de la actividad intelectual del siglo pasado en que tiene su más palpitante relieve, cuanto porque su amplia visión no cabe dentro del ambiente de este trabajo de suyo preciso y por lo mismo de modestas proporciones.
    Gigantes son casi todos los literatos que han comulgado en el altar de la poesía romántica; y profundos e inmensos los nuevos mundos que han descubierto en el campo del Arte. Y antes de criticar a los representantes de esta escuela, debemos advertir que si no damos previamente la definición del Romanticismo en la poesía castellana, es debido a que correspondiendo este término a tan compleja naturaleza de actividad intelectual y a tan inmensa orientación artística, se nos escapa a una noción precisa y sintética; y creemos que la exposición hecha hasta acá y lo que expondremos seguidamente, dará una idea de la escuela.

    * * *

    Representantes del Romanticismo. -Don Manuel José Quintana es el padre de los poetas revolucionarios.
    Con él empieza el Romanticismo. Algunos creen a Quintana clasicista, sin duda por la heterodoxia que respiran sus odas, por su calurosa elevación pindárica y por su adversión a la tradición española. Acaso podría ser cierto este juicio, procediendo con arreglo a un premeditado prejuicio de secta. Pero felizmente para la crítica contemporánea, todo examen debe realizarse desligado de toda pasión de escuela y dentro de un sano ambiente de imparcialidad y tolerancia. El autor de la oda A la Imprenta es romántico de verdad, porque su inspiración bebe en la vida palpitante de su siglo. En su poesía hay una filosofía entre positivista y sombríamente soñadora, que se hermanaba también, de un lado con el espíritu del medio ambiente, y de otro con aquel elemento étnico intelectual que distinguía a la España de aquellos tiempos.
    ¿Tuvo acaso ningún poema de motivo antiguo o mitológico, ni en las formas de sus versos hay la escultura sencilla y la música clara y argentina, «como leve lluvia de oro sobre campo de cristal», que caracterizan a la poesía clásica? Ningún asunto de importancia más permanente, en que se admire el poderoso ingenio de un hombre repercutiendo en una obra mortal, cuya gloria rece con el trascurso de los siglos, que A la invención de la imprenta, oda de un género de poesía que no pertenece por ningún motivo al seudo-clasicismo, ni por su tema enteramente nuevo, ni por el cristal filosófico con el que ha sido éste contemplado para transportarlo a los dominios del ideal estético, y por último, porque en esta composición se trasparenta la conciencia que la época tenía del valor de cada siglo y de cada actividad. Líneas son éstas, que dan la filiación romántica de la poesía de Quintana.
    Además, en las odas patrióticas de este ingenio se nota el tinte subido de la sangre española que cabrillea bajo el sol meridional, así como el fondo de orgullo patriótico y los velos evanescentes de ensueño voluptuoso latino.
    Todo esto era, pues, cosa propia, enteramente propia de la tendencia romántica, confirmada por la libre variedad del ritmo que hasta la disonancia campea en las estancias del cantor madrileño, en que, para último testimonio de lo que aseguramos, surge ya aquel principio de reforma liberal en el pensamiento español, aquella variación de ideales, el trotar imperioso de las ideas modernas en el solar castellano, o para decirlo todo con un verso de Hugo «la libertad en la luz», aquella reforma de que se expresa Francisco García Calderón, que «disputaba a la tradición el alma de la raza, en el fondo de cuyo conflicto trágico, vibraba la gran lucha entre el orden y la energía libre, la autoridad y la razón, el espíritu colectivo y el espíritu individual». Así, pues, el romanticismo proclamaba el relieve personal en la actividad del mundo, la nota de hegemonía subjetiva pero colocada sobre el lozano campo de las cuestiones del día.
    También traduce el pindarismo de este poeta alguna que otra nota de queda melancolía o algunas actitudes de nostalgia pensativa, como si agotado su plectro grandilocuente, inclinara la frente para tomar aliento y sosegar: es entonces cuando es el español cansado, que suspira emocionado por el otrora de juventud ya pasada.
    Mientras hacia 1830 Hugo y Lamartine, representantes del romanticismo francés, estaban poseídos de principios monárquicos y religiosos, don Manuel Quintana en España, era, como hemos visto, reformador en ambos sistemas sociales, sin que por esto aquella poesía francesa deje de tener una íntima semejanza con el primer poeta romántico español, por la inspiración moderna, libre y apasionada, la predilección por la metafísica hecha de un positivismo forzado por la crisis especulativa de su época, en el que entre un sombrío fondo de misterio y de tristeza, parpadean inciertas perspectivas de idealismo místico, lo que hiciera decir a nuestro poeta que «la preocupación primaria y esencial de la poesía es pintar la naturaleza para agradar, como la de la filosofía explicar sus fenómenos para instruir; así mientras que el filósofo observando los astros indaga sus propiedades, sus distancias y las reglas de su movimiento; el poeta los contempla y traslada a sus versos el efecto que en su imaginación y en sus sentidos hace la luz con que brillan»; por esta metafísica decimos, por la espontánea y movida riqueza del ritmo, desenfrenada y abundante rima, y para decirlo todo, porque llevaba Quintana, por delante de sus versos filosóficamente dulces y penetrantes, como en la proa de dorados bajeles de ensueño, la bandera de su raza y de su siglo.
    Algunos escritores americanos creen ver en José Joaquín Olmedo y Andrés Bello, marcados acentos de romanticismo, por las fuentes de inspiración que en ambos poetas son contemporáneas, y por las orgías de la imaginación, como llamaba Bello a las creaciones puramente fantásticas en que se mengua los fueros de la razón; pero esto no es cierto, porque en Olmedo está patente la entonación homérica, por la sencillez de la descripción, el impersonalismo de sus temas, las alusiones a la epopeya troyana, la reflexión preponderante aun en medio de sus más sublimes arrebatos de la mente, y en fin, por la combinación estrófica que se resuelve en majestuosas silvas de versos clásicamente limpios, claros, en su mayor parte libres. Menéndez y Pelayo ha dicho de él que «de todos los poetas clásicos del siglo XIX, Olmedo es quizá el único que a duras penas puede dar materia para un pequeñísimo volumen», y cita después este símil:

    Tal el joven Aquiles

    del Canto a Bolívar, calificándolo de asombroso y que puede considerarse como la estrofa más literaria y más clásicamente pura.
    * * *

    Por los mismos caracteres, debe descartarse al poeta colombiano de la legión romántica; y basta para ello citar la poesía científica y eminentemente objetiva que informa su temperamento y el prisma virgiliano por medio del cual contempla la naturaleza en su Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida.
    * * *

    Esto mismo no podría decirse del cubano Heredia, quien aunque conceptuado por algunos críticos modernos entre ellos don José Martí, como de filiación clásica, nos parece, siguiendo a Francisco García Calderón, de genuina cepa romántica. Canta Heredia sus ideas y sentimientos personales de una manera persistente en los asuntos que elige como ocasiones para exteriorizar su vida íntima; pues ya se dirija al sol en penetrantes imágenes admirativas, o se destroce el corazón en la tormenta, brilla en el cielo nebuloso de su vida de inquietud, siempre presente, como último refugio, la imagen de Dios destacada en una filosofía propia de su genio original y grande, mientras de noche sobre un monte, descubierta la cabeza, alza la frente en la tempestad; y «cuando haya abandonado a la monstruosa y sublime visión niagaresca, como dice Martí, aquietará su espíritu desolado con el frescor de la lluvia nocturna, pero donde se oiga a los pies de una mujer bramar el mar y rugir el trueno». Esta lúgubre preocupación que levanta en su alma, lo hermoso, lo grande, lo inefable que no cabe en la poesía seudorealista, razonada y serena del clasicismo pasado, ¿no es acaso al entrar en el espíritu de Heredia, ideas que, evocadas constantemente, vienen a asimilarse, a organizar, por decirlo así, la psicología del gran poeta, porque es en él precisamente donde tiene caída, y donde aquel exterior sublime se humana para siempre? Nos parece que sí, porque el inmortal cubano veía en cada una de esas imágenes objetivas, girones de su espíritu, sombrío como la noche, tempestuoso como el huracán y glorioso como el sol. Este es el caso del pesimismo de Alfred de Vigny, el otro caudillo del romanticismo francés, en cuya poesía negrea el alma de Schopenhauer y en que los asuntos son meros pretextos para confiarnos su manera íntima de pensar y sentir, como dice Brunetiere. En este sentido, Heredia es hermano de Lord Byron.
    El ritmo ligero y tumultuoso, el desenfreno de su vocabulario galicista y la pompa natural del verso que es tanta, como dice un autor, que «cuando decae la idea por el asunto pobre o el tema falso, va engañado buen rato el lector, tronando e imperando, sin ver que ya está la estrofa hueca», son las notas características de Heredia. Pues bien ¿qué se deduce de este lenguaje poético, sino que correspondía perfectamente, en este respecto, también la poesía herediana con las reglas románticas, cuyos principios de libertad literaria, eran, después de todo, genuinas manifestaciones, de la libre, confusa y compleja agitación social y política de la época?
    Pues el lema de los adelantados caudillos del Romanticismo era la renovación del estilo y de la métrica en moldes de espontaneidad más libre, a fin de encerrar en ellos las nuevas actividades del siglo.
    «Las divergencias en el procedimiento -dice un sesudo escritor habanense-, al fin y al cabo se han reducido a límites más circunscritos, convirtiéndose, o para ser más exactos, transformándose en el pleito sobre el estilo, pleito que en este campo se halla mejor fundamentado, envolviendo el problema de psicología que en definitiva ha de resolverse dentro de los principios más generales del arte literario.» El estilo, pues en poesía, es la imagen del hombre interno proyectada en el paisaje variable del motivo de inspiración; y los hombres del siglo XIX siendo diferentes de los de tiempos anteriores, necesitaron otras formas de procedimiento literario. «El clasicismo -seguiremos al mismo escritor- hizo una lengua encogida, estratificada, con no sé qué de inmovilidad y aspecto de momia en medio de su vitalidad. El romanticismo, como una erupción ígnea de los períodos de formación del planeta, todo los acudió, rompió, resquebrajó y metamorfoseó, convirtiendo los elementos primordiales en mármoles, jaspes, pórfidos y piedras preciosas.» Y agregaremos nosotros, que Heredia ha hecho esto mismo, con el movimiento y flexibilidad que por obra de su espíritu inquieto y libre, ha dado al léxico clásico.
    * * *

    Llegamos a don José Espronceda «el hombre tipo del Romanticismo».
    La poesía de este hermano de Byron es la imagen fiel, el espíritu eminentemente preciso del romanticismo castellano. A la vista de sus versos que se hunden en el alma del lector como fantásticas lágrimas de sombra y amargura, que horadan al cielo tranquilo de la fe, como crepitantes ascuas de todo un pueblo, de toda una época acaso, que se estremece en las llamas torturantes de una filosofía pesimista hasta el escepticismo; a la vista de sus versos, vemos que en él se cumple de una manera amplia y definitiva la doctrina romántica. Empezando por la orientación de los asuntos de inspiración de Espronceda, el personalismo es, en último análisis, el motivo de todos sus cantos, prestando este positivo elemento de subjetivismo artístico, como dice el inglés Fitzmaurice-Kelly; la vida y colorido a sus cantos, por lo que es sin duda el más distinguido poeta lírico español de su siglo.
    Espronceda se presenta en su poesía en toda su sinceridad, es decir, tal como es en sí mismo, no ya prestando su personalidad para ocuparse de lo que le rodea, como en el romanticismo francés de Victor Hugo, que vino más tarde a dar origen al sentido objetivo y al naturalismo, en que acabó la escuela romántica. No era Espronceda, decimos, nada de esto; pero esta mirada fija con que el poeta apuñaleaba su yo, era hija de la inestabilidad que palpitando en toda esfera de actividad de su siglo, originaba la duda y el escepticismo. Y así, José Martí, ha dicho: «Ni épicos ni líricos pueden ser hoy con naturalidad y sosiego los poetas; ni cabe más lírica que la que saca cada una de sí propio, como si fuera su propio ser el asunto único de cuya existencia no tuviera duda, o como si el problema de la vida humana hubiera sido con tal valentía acometido y con tal ansia investigado, que no cabe motivo mejor, ni más estimulante, ni más ocasionado a profundidad y grandeza que el estudio de sí mismo. Nadie tiene hoy su fe segura. Los mismos que lo creen, se engañan. A todos besó la misma maga. Aunque se despedacen las entrañas, en su rincón más callado están airadas y hambrientas, la Intranquilidad, la Vaga Esperanza, la Visión Secreta. Un inmenso hombre pálido, de rostro enjuto, ojos llorosos y boca seca, vestido de negro, anda con pasos graves, sin reposar ni dormir, por toda la tierra; y se ha sentado en todos los hogares, y ha puesto su mano trémula en todas las cabeceras, ¡qué golpes en el cerebro! ¡qué susto en el pecho! ¡qué demandar lo que no viene! ¡qué no saber lo que se desea! ¡qué sentir a la par deleite y náusea en el espíritu, náusea del día que muere, deleite del alba!» Espronceda es este hombre que vive y vivirá al través de los siglos animando los versos de El Diablo Mundo. La filosofía de este poeta, es la de Byron, hasta tal parentesco, que no falta quien crea ver en sus versos una imitación del autor del Caín. Pero no puede haber peor necedad que esta impostura. Si Espronceda no fuera quien es, una personalidad original, un genio de inconfundible distinción, de sello único, tal vez se pudiera admitir aquella especie. En el poeta español está latente el alma de su raza, es la genuina expresión de la latinidad ibérica del siglo, que se debatía en luchas de todo género, social, político y filosófico, y más que todo, lo distingue su sentimentalismo ardoroso y apasionado, subyugador del cerebro, y el poder creador de su mente soñadora, dócil instrumento del corazón castellano. En sus más sublimes entonaciones, el genio de Espronceda no tiene símil con Byron, y es precisamente en las que está de relieve la tendencia originalmente latina, por la fuerte exaltación emotiva, la emocionante fiereza del color vivo y el desbocado vuelo del ideal imposible perdiéndose por resquicios borrosos que dan a la noche de la nada y el desengaño. Abstracción vacilantemente irreligiosa, actitud como de quien se retira del banquete del mundo, hacia lo oculto, y que con la vista fija en lo que abandona, arma un despectivo ceño de protesta en la frente, y se eleva al flotante contacto de las sombras en que se pierde. Más bien, pudiera verse alguna influencia de Goethe, pero nada más que por lo que toca a la ejecución y plan de El Diablo mundo, y por el espiritualismo de su metafísica. Lo demás es cosa propia de la psicología española del siglo XIX, como se ve por este verso de Espronceda:

    ¡Dicha es soñar, y el riguroso ceño
    no ver jamás de la verdad impía!

    Su principal poema, El Diablo Mundo, es la lucha entre lo vano y pasajero del mundo, y el eterno ideal por la inmortalidad, entre la realidad pueril de la vida
    a la que tanto nuestro afán se adhiere,
    y los destinos eternos, que acaso por obra de intelectualización del sentimiento de perpetuidad instintivo, ha creado el espíritu del hombre. Es pues, esta lucha la lucha de sentimientos de Espronceda, la personificación del espíritu del siglo y de España: es decir, el poeta no intentó pintar el aspecto objetivo de su obra, deliberadamente, con el propósito preconcebido de que su lira fuera el diapasón al que venía a estremecer el soplo tumultuoso y sublime de la vida humana, para, en choque formidable, arrancarle un eco que volviera a las orillas de la historia, como la queja de un siglo que pasa enfermo por el seno mudo de la naturaleza.
    Esto no lo pensó Espronceda, como no pensó el Manco de Lepanto que el fondo de Don Quijote había de espejar eternamente los dos modos opuestos de conceptuar la vida. Su psiquismo era el poema; y cabe decir que la poesía de Espronceda existió, desde el momento en que vivió el poeta.
    En El Diablo Mundo palpita de un lado el mundo con sus cosas que acaban, que nacen y que mueren como fuegos fatuos, y de otro lado una quimera mágica lejana, difusa y misteriosa que atrae desde ultratumba. ¿Tendrá realidad esta visión ultraterrestre? Y en caso de tenerla ¿es el paraíso de que nos habló el Nazareno en el Gólgota?
    Esta epopeya que vivía en el alma de Espronceda, es suya, es su idiosincracia, su personalidad artística, su genialidad filosófica; y es legítima por eso, y porque caracteriza en la fisonomía particular y concreta de un solo hombre, la preocupación metafísica de una época de la humanidad, preocupación consistente en saber dónde está el fondo eterno y absoluto de todas las revoluciones del pensamiento, de todos los ademanes de la sociedad, de toda la marcha evolutiva de la naturaleza. José Espronceda, como romántico de alma, obsesionado por el recuerdo cercano aún, del análisis devastador del siglo anterior y contemplando la inseguridad y la revuelta que bamboleaban la sociedad en su tiempo, como consecuencia de la ausencia de una metafísica firme y fuerte, pensó que si todo, y hasta lo que es obra de la razón y la libertad del hombre, se desmenuza y pulveriza, muere y es reemplazado por otra fórmula, ¿dónde está lo cierto, invariable y eterno? Y este pensamiento del poeta está hecho tangible en la enérgica pintura del «hombre agobiado por la edad, amargado por la dolorosa e inútil experiencia, que cierra desesperado un libro en que leía, y se convence tristemente de la esterilidad de la ciencia».
    Los demás poemas de Espronceda responden al mismo espíritu de El Diablo Mundo, más o menos.
    A un nuevo pensamiento, a una nueva cuestión, eterna, universal, había de exigirse una elocución nueva, un modo nuevo de expresión.
    La manifestación artística del espíritu social que hable en términos tales a todos los hombres, que pueden estos entusiasmarse por ella, amarla, como ama el padre al hijo en quien se traduce dulcemente el alma de quien le dio vida, he allí el ideal del arte. Y esto lo que hizo Espronceda.
    El idioma castellano, por ley de evolución se metamorfoseaba por obra del espíritu innovador de los poetas románticos, como evolucionaba la lengua francesa en el sentido de la riqueza y flexibilidad a precio de quebrar la gramática dictatorial, inclemente y errónea del neo-clasicismo pasado. Sin alterar la sustantividad del léxico español, se llenó muchos vacíos con que se tropezaba para la manifestación de ideas que no podían pasar a la dicción, si las voces que las expresaban no eran consagradas previamente por la academia intransigente y déspota; en una palabra se enriquecía la lengua. Pues bien: esto y la ruptura de leyes sobre el lenguaje poético, llevó a cabo Espronceda fatalmente, irresistiblemente, por fuerza ciega de su psiquismo; y aquella dura preceptiva del verso, al sentir en su seno el robusto temperamento poético de este hombre, estalló en un rompimiento de asfixia, sedienta de espacio y de luz.
    Ros de Olano decía de él, que «aspirando nuestro poeta a compendiar la humanidad en un libro, lo primero que al empezar ha hecho, ha sido romper todos los preceptos establecidos, excepto el de la unidad lógica».
    Basta leer El Diablo Mundo para darse cuenta de la variedad métrica, del juego maravilloso y efectista del ritmo, no menos que de la libertad bien entendida con que ha manejado la rima de modo tan intensamente musical y profundo. Pero no es que él creara esta poética, volvemos a repetirlo, voluntariamente, reflexivamente, que en este caso no hubiera hecho poesía de emoción, poesía de sentimiento y entusiasta vitalidad rítmica: porque Espronceda no es el parnasianismo que sacrifica los tonos de vida a los ingeniosos juegos de color y armonía, en que trasformaron el romanticismo los sucesores de Hugo; ni es el pasticismo griego o helenista, de fría pulcritud y simetría, de algunos pseudo- clásicos anteriores suyos en el parnaso español; no es nada de esto, sino el canto sacudido, descuidado, franco, tumultuosamente melodioso, imagen de la emoción, palpitación intensa del pensamiento grande y hermoso, como un ardoroso toque de sol, dentro del cristal trasparente de la palabra, que se estremece y brilla; canto que se escucha repercutir en el fondo más íntimo del corazón, como la orquesta de la vida universal, en la que vibran desde las silenciosas lágrimas, todas las notas de la gama del corazón humano, hasta las carcajadas del placer. No podía ser otra la música para tan sublime letra.
    Las estrofas llamadas de arte menor, con no sé qué de frívolas, ligeras y pueriles, le prestaron su concurso para lo que por razones de fidelidad en la expresión, podían servir, como orquestación de ideas vulgares por su poca importancia, o como aires juguetones y libres en que se exteriorizan las vanidades del mundo. De eufonía variable, debido a la propia naturaleza de sus organismos prosódicos, estas formas de la métrica no tuvieron nada que mejorar bajo el cincel de Espronceda, después de cuanto las trabajaron los poetas docentes del siglo XVIII. Imagen de los seres, que van por el mundo tras los frívolos placeres, sin tener la idea inquietante y elevada del por qué de las cosas, en esta estrofita:

    Allá va la nave,
    bogad sin temor,
    ya el aura la arrulle,
    ya silve Aquilón.

    Mas, aquel severo y olímpico endecasílabo de los Argensola, inflexible y majestuoso, adoptó una infinita variación de actitudes e intensidades: y con una determinado número de acentos tónicos de lenta duración o de desfile rápido, como cuando dice:

    Los siglos a los siglos se atropellan,
    los hombres a los hombres se suceden...

    O ya estallando den un bronco grito de ansiedad, de dolor o de ira, clava un acento profundo y sostenido en la palabra que esto expresa, aunque por ello se disloque la cadencia total del verso y se altere el sonido prosódico de aquélla. Es el endecasílabo el verso por excelencia, favorito no sólo de Espronceda, sino de todos los poetas románticos españoles. El alejandrino de Berceo y el dodecasílabo de Juan de Mena, metros predilectos también de la musa castellana, parece que no gustaban o no estaban de acuerdo con la organización poética de Espronceda, pues no los ejercitó casi.
    Las leyes del verso, sin duda, como las leyes del lenguaje en general, están basadas en las leyes psicofisiológicas del hombre. Cada pueblo tiene su verso, como cada individuo tiene, por lo común, su voz propia, un timbre especial en sus palabras: podría considerarse a cada forma de la métrica y del ritmo como el timbre especial de la poesía de un pueblo, así como la rima es la nota de distinción por excelencia entre los versos de música igual. Por eso, tal como la Francia del romanticismo tuvo su medio de expresión favorito en el alejandrino del siglo XVIII modificado por Hugo, también el período romántico español halló su mejor cristal de exteriorización en el romance y en el endecasílabo, hecho flexible, adornado de una rima opulenta y rica; por lo que cabe asegurar, sin temor de equivocarnos, que es lógico y racional que aún una misma forma métrica correspondiente a una sociabilidad determinada, es susceptible de trasformación y aun de abandono con el trascurso del tiempo y con la evolución de dicha sociabilidad. Y he aquí la legitimidad de la revolución que Espronceda llevó a efecto, siendo la voz de su pueblo y del momento.
    Don José Espronceda, a nuestro modo de ver, es el jefe del romanticismo en la poesía castellana, porque no es el caudillo de un movimiento intelectual o físico cualquiera, aquel que levanta por primera vez la bandera revolucionaria, aquel que lanza la visión naciente de una nueva actividad, sino aquel que aun militando ya después de otros predecesores suyos en las filas ya formadas, coge el estandarte de rebelión, y levantándose con él, hacia una altura donde no llegó nadie antes, lo bate al lado del sol, como una águila victoriosa, y lo deja clavado arriba, mientras él vuela a la Gloria.
    * * *

    Tras el joven poeta que en treinta y tres años de vida había realizado toda una definitiva misión en el progreso humano, aparece el eminente don José Zorrilla, en cuya figura literaria, según algunos críticos, muestra su más alto relieve el lirismo romántico. Mas toca aquí resolver una cuestión de mucha importancia para los principios de la escuela que recorremos y para su historia. El autor de Don Juan Tenorio no representa el apogeo del romanticismo, por razones bien fundadas.
    Muy por encima de las leyendas en que ha vaciado Zorrilla la nota genuinamente española, en que la poesía que las anima es el rancio perfume de las tradiciones de la raza hilvanadas bajo el ardoroso sol meridiano, muy por encima de las leyendas, está el canto polífono de El Diablo Mundo, de este grandioso poema, hijo de las entrañadas de la humanidad, al mediar la centuria pasada, y que de este modo aventaja en espontaneidad de motivo y en sentimiento cristiano, al Fausto de Goethe. Las leyendas si ganan por su fuente de inspiración, en cuanto es ésta la historia del pueblo español, con todos su episodios guerreros y sus fanatismos, con todas sus efervescencias y sus frágiles ideales, en una palabra, si estos poemas «están escritos en el polvo y en las ruinas de los antiguos monumentos y castillos», podrán siendo la voz de la raza, responder a uno de los caracteres de la poesía romántica, pero su importancia intrínseca no llena el ideal del romanticismo en sus relaciones con la sociedad y la evolución humana. «No descuella, pues, Zorrilla, por la familiaridad con los sistemas filosóficos modernos que forman el rasgo superior en las relaciones de Goethe -dice Camacho Roldán-pero es ante todo, un poeta, poeta de la naturaleza, poeta de la música del lenguaje, poeta de la expresión feliz, que imita del ronco viento el mugidor empuje.»
    Contemporáneo de Espronceda, Zorrilla Tuvo una vida más larga para llevar sus ideales de artista a la realidad; y así fue.
    En la obra literaria de Zorrilla hay dos géneros perfectamente distintos: la dramática y la leyenda. Corresponden al primero el tan popular Don Juan Tenorio y El puñal del godo, entre otros dramas, así como Más vale llegar a tiempo que esperar un año y Ganar perdiendo, entre sus comedias.
    El juicio sobre estas obras lo tiene ya emitido el gran tribunal de la posteridad, y la crítica ha dicho tanto ya sobre ellas, que aquí no nos cabe abordarlas de modo más necesario y nuevo, sino en cuanto estos poemas responden en tal o cual sentido a la escuela de que vamos tratando.
    Desde luego el Don Juan Tenorio es a nuestro modo de ver, el drama de más popularidad de todo lo que sobre teatro se ha escrito en lengua castellana; y este prestigio hondo y sincero de que goza en el seno del pueblo, es, sin duda, motivado por dos razones principales: la fuente en cuyas aguas bebió su inspiración Zorrilla, para elaborar el amplio pensamiento de esta obra, y la forma con que ha sabido corporeizar su ideas. Don Juan Tenorio no es una figura creada por obra Zorrilla, prescindiendo de la visión de la sociedad, por obra a priori de su asombrosa fantasía que de eso y más aún era capaz, sino un personaje que corresponde a la tradición del pueblo español y al espíritu de su sociabilidad; más aún: el protagonista de este drama es el tipo genuino de una idiosincracia del hombre, es en términos precisos, la personificación pasionalmente erótica, irreligiosa y valiente de la humanidad romántica; y como imagen de estas ideas y sentimientos del espíritu, él ha brotado de la sociedad a la escena, como una flor natural, obedeciendo a aquella ley de Guyau que dice que, así como en los macizos de montañas existe algún rincón a donde va a resonar el ritmo plural de la naturaleza y en donde se compendian las voces todas de la comarca; del mismo modo, en la actividad humana brota un hombre que encierra en su vitalidad psíquica superior las tumultuosas palpitaciones del corazón. Tal es Don Juan Tenorio. Corresponde sin duda la médula simple y básica de esta figura del arte, a la existencia real de un hombre, que el pueblo conoció y que la tradición engalanó con fantásticos rasgos y lo pintó con las asombrosas líneas de su rara organización psicológica. Tirso lo llevó a la escena, y en este sentido Tirso fue romántico. Mas Zorrilla le aventajó, porque además de presentarnos la figura en escena, con los caracteres universales a que hemos aludido, le infundió un vigoroso espíritu de latinidad castellana; y es así como Don Juan Tenorio es la imagen pura y fiel del hombre español, y por este motivo es tan favorecido de la estima popular. Y en cuanto al arte formal del desarrollo de la obra, es otra fuerza poderosa que ha detenido y arraigado el pensamiento del autor en la imaginación de todo aquel que habla el idioma español. Por todas partes de oye recitar con deleite trozos enteros de los versos de Don Juan Tenorio, debido a la sublime sencillez del estilo, a la familiar elocución fraseológica y al empleo predilecto del metro romance y del endecasílabo que son para los españoles tan amados y dulces, como que son esos cortes de armonía, los latidos del pecho castellano.
    ¿Y qué distinto diremos de El puñal del godo? La idea dramática organizadora de este poema, no tiene diferente origen de la de Don Juan; también es flor sangre y sentimiento español, también es el trasunto del espíritu social de la época en que fue escrito, y por esto es de genuina inspiración popular, informado como está, por los legendarios recuerdos medievales.
    En el segundo género Zorrilla mantiene el temperamento romántico de los motivos de sus obras dramáticas. Se diría que sus leyendas nos han traído por un milagro de su genio portentoso, desde el camposanto grave y melancólico de la España medieval, el vivo aliento del antiguo amor platónico, de los góticos monasterios solitarios y del místico y ardiente entusiasmo patriótico de los Cides y Pelayos. Nunca el lirismo español supo animarse tan enérgicamente del cálido soplo del alma ibérica; nunca distendió mejor en sus creaciones la malla de los gloriosos recuerdos remotos, ni dio a sus obras más nítidos primores de colorido local y de formas arquitectónicas. Otros poetas habrán hecho cosas mejores en materia de pensamientos altos, perfección lineal y belleza en las tonalidades plásticas, pero ninguno ha conseguido copiar tan fielmente las misteriosas mansiones señoriales de la Edad Media, llenas de penumbras inquietantes y abstracciones monacales, las negras noches de tempestad que enlutan las bravías sierras de España y en las que brama el viento y reina un religioso tono de tristeza espiritual; y en fin, ninguno ha logrado mostrarnos tan claramente los matices esfumados ya, del espíritu de la raza, matices ora de salvajes ímpetus de altanería, ora de suavísimos y alados deliquiso de ternura, ya de sublimes fanatismos cristianos, ya de maldiciente y violenta irreligión; ora de sangre criminal, ora de púrpura de martirio. Admirad un brochazo de belleza quintaesenciada en la ejecución a favor de la idealización, cuando pinta la visión de Margarita la Tornera en el convento:

    Pero con fulgor tan puro,
    tan fosfórico y tan tenue,
    que el templo seguía oscuro
    y en silencio y soledad.

    Sólo de la monja en torno
    se notaba vaporosa
    teñida de azul y rosa
    una extraña claridad...

    Pero algunos críticos murmuran en sus tradiciones falta de estudio en cuanto a especulaciones filosóficas, defecto del que en verdad carece el lirismo del autor en cualquier trozo que se tome al azar de su inmensa obra. Es equivocada e injusta la censura. Dígalo, si no, cuando pontifica cantando que:

    ...la hermosura
    es prenda que con envidia
    el cielo dio, y con perfidia
    por castigo a la mujer.

    Y que quien cifra sobre ella
    el bien del amor ajeno,
    no acierto más que veneno
    en su delicia verter.

    Fácil es ver en la labor literaria de Zorrilla, un carácter común que identifica todas sus poesías, cual es la forma dramática o cuando menos dialogada que emplea siempre, circunstancia que tiene su explicación en el espíritu de vida intensa que el autor quiso comunicar y comunicó a todas sus obras, y a cuyo fin concurre tan fuertemente la dramatización del pensamiento a favor de la claridad y vigor de las ideas.

    No aspiro a más laurel ni a más hazaña,
    que a una sonrisa de mi dulce España.

    Tal cantaba el poeta en su preludio, cuando invitaba a gustar en su poesía:

    las sabrosas historias de otros días.

    En efecto: mientras Espronceda perdía en el sentido nacional de sus temas de inspiración, lanzándose al mundo para recoger de la actividad del espíritu humano las eternas inquietudes, las agitaciones permanentes que lo afanan para la solución de los problemas metafísicos; mientras este coloso del pensamiento espiritualista, afrontando la odisea del siglo en su camino hacia la conquista de sus ideales, cantaba todos los desencantos y todas las dudas en una robusta entonación, libre, candente, arrolladora, como el empuje de la vida misma; Zorrilla, nostálgico de las mocedades de su raza, soñando las horas legendarias del pasado de su pueblo, más español que humano, más patriota que universal, ponía como cuerdas de su lira las viejas fibras del corazón castellano; y de allí que en su poesía, como ya lo hemos dicho, prepondera la ardiente fantasía de las bajas latitudes, la melancolía dorada del meridiano, la irreflexión heroica y fiera, la teología consoladora y la tristeza instintiva del alma española. En este sentido, la obra del autor de Don Juan es el resurgimiento del clasicismo español, en cuanto todos los argumentos de sus obras son tan genuinamente retratos de la realidad social, que parecen, como ya lo hemos dicho, proyecciones de la vida efectiva, repeticiones de hechos, ideas y sentimientos que han pasado por la escena de la vida.
    O si no, ved el hálito vital de que está penetrado un pensamiento que de otro modo expuesto hubiera resultado de fugitiva comprensión:

    ¿No es verdad que cuando a solas
    hablo con vos, Don Rodrigo,
    va vuestra alma en lo que os digo
    como nave entre las olas,
    esperando de un momento
    a otro, verse sumergida
    por la mar embravecida
    de mi airado pensamiento?

    Y la imagen enérgica de una actitud:

    ¿No es verdad que cuando clavo
    mis ojos en vuestro rostro,
    os hielo el alma y os postro
    a mis pies como un esclavo?

    ¿Y qué decir de su técnica?
    Al hablar de Espronceda hemos dicho que el verso predilecto del romanticismo en España ha sido el endecasílabo y esto mismo nos demuestra Zorrilla; pues la mayor parte de sus poemas dramáticos están desarrollados en esta forma métrica, y en el romance asonante secular, el que como muy bien dice Piñeiro, sólo en el plectro zorrillesco goza del natural encanto y la música bravía con que aparece en los cantares de gesta españoles.
    Y por lo que respecta al género tradicionalista, inclusive el poema Granada y Al Hamar, prepondera casi exclusivamente la misma combinación de medida primitiva, algunas veces adornada de rima consonante que si bien le quita su valor de espontaneidad y fácil donaire como metro heroico popular, le hace ganar en fuerza auditiva y en melodía, así como en efecto plástico.
    En consecuencia, don José Zorrilla, puede decirse, sin negar la influencia directriz de Lamartine y Musset, dada la preponderancia que tenía entre todas las literaturas europeas el romanticismo francés, fue un genio cuyas obras son fruto exclusivo de su organización artística y de su temperamento filosófico personales. Y esto está comprobado por el hecho de que ningún poeta del grado suyo, ha sido representante y voz de su raza y de su época en el punto de superarlo o igualarlo; cosa que se manifiesta claramente no sólo en los asuntos, sino también en la técnica formal de sus obras, lo que diera lugar para que don Alberto Lista, como clásico de corazón, en una aguda censura a que diera lugar la ultra libertad de la manera ejecutiva de Zorrilla, exclamara leyendo las grandiosas creaciones de este autor, que «cuando en las alas de la idea quiere volar nuestra fantasía al empíreo, una expresión incorrecta, una voz impropia, un galicismo o neologismo imposibles nos advierte que estamos pegados al fango de la tierra». «No podemos atribuir este defecto a la escuela del Romanticismo actual, tanto porque sus caudillos de Francia no se han libertado nunca del yugo de la gramática, más pesada mil veces en la lengua francesa que en la castellana, como porque existen entre nosotros muchos poetas que pertenecen a la misma escuela y que no obstante la libertad que se toman en sus raptos de imaginación, no se atreven sin embargo a traspasar los límites que el lenguaje poético ya formado ha impuesto a las licencias del genio.»
    Sin duda, Zorrilla, dejaba muy abajo en cuanto a la técnica, a muchos de sus contemporáneos, en su exaltación autónoma y conocimiento profundo de la ciencia de las bellas letras, de ahí que a despecho de los aristarcos y de los juicios de la preceptiva en vez de ser extravíos, como decía el maestro de la Universidad de Madrid, aquellos rompimientos de las reglas académicas del lenguaje, han resultado uno de los mejores méritos de su obra, porque en cuanto a morfología, el verdadero legislador y el motor para la transformación o desaparición de voces, no es la antojadiza voluntad de los literatos, sino la sociedad, que cumple así una de las varias proyecciones de la ley de la evolución del espíritu humano. Por eso es que, Zorrilla penetrado de esta verdad, llevando a su poesía todo el sentir, querer y actuar de su pueblo, él mejor que nadie sabía hasta dónde iba, siguiendo los impulsos de su propia y original orientación artística; y hoy la sociedad ve en su dicción, palabras y voces que todos los días se oyen en las relaciones diversas de la vida del pueblo español. Por esto dice un autor que «no se encuentra en Zorrilla reminiscencia de la grandiosidad de Homero ni de la delicada ternura de Virgilio, ni de la expresión filosófica y culta de Horacio: no se nota en sus versos el sabor exótico pero agradable que la lectura de los literatos extranjeros comunica, pero de él puede decirse lo que Michelet decía de Alejandro Dumas, que era una de las fuerzas de la Naturaleza».

    * * *

    Es verdaderamente admirable la popularidad que llegó a despertar la musa de Zorrilla en las tierras de América, y más sorprendente es todavía ver cómo de todos los grandes bardos que han brillado en los mejores apogeos de las letras españolas, sólo el cisne de Valladolid logró imponer su sello en la poesía latino-americana. Toda la producción del segundo tercio del siglo pasado, está caracterizada por una tendencia bien distinta de la manera de Olmedo y Bello, tendencia que puede descubrirse en Gertrudis Gómez de Avellaneda, honra y prez de la cultura cubana, quien sus poesías líricas, sabe concertar de un modo superior, la febril fantasía de la mística España, con la voluptuosidad inquietantes de la flora tropical. En esta poetisa, que muchos la califican como la más grande de su época, hay la sagrada comunión de los rasgos característicos de Iberia y la índole de la sociedad hispano-americana independiente: es decir que en la poesía de esta ilustre cubana palpita el beso de luz de la madre y el hijo en una identificación fecunda de ambas civilizaciones. Prueba de ello es la virilidad primitiva, la fuerza jovial que se muestra en los lirismos de doña Gertrudis como expresión de americanidad, y las enfermizas y melancólicas quimeras del arte español. Dios y el Hombre es una concepción de visible filiación lamartiniana, por la altura del pensamiento y algún resquicio de panteísmo espiritual. En esta poesía defiende la idea de la libertad en todas las manifestaciones de la actividad humana; y expresa un fondo de misticismo cristiano y de fogoso sentimentalismo.

    * * *

    Representa también el romanticismo de Zorrilla, Plácido, el mulato cubano, en cuya sangre palpitaban más enérgicamente los ideales fervorosos de autonomía americana, y de protesta contra la organización social aristocrática, sobre el sentido monárquico de la psicología española. Los asuntos favoritos de las fábulas en que vaciaba el humorismo escéptico y acre de su situación social deprimida por equívocos principios de superioridad de otras razas, son en su mayor parte cuestiones de moral social elevadas a la categoría de los más avanzados problemas de filosofía. Respira sin embargo gran parte de su poesía, al menos la que se refiere a su juventud, un pronunciado acento erótico, que rebosa en sus sonetos, que son modelos de selección en la forma, a manera de una llamarada azul y escarlata que se infiltra en el corazón, y se desliza con suavidad de labios de mujer, en los más íntimos jardines del sentimiento. Fue también un sacerdote del Romanticismo, porque elevándose a muchos codos más por encima de su época, con intención generosa de iluminado, predicó futuras conquistas de progreso para su patria, por quien lloró siempre en sus más tristes y bellas silvas. En la Siempreviva, la poesía que todos la calificaron como la mejor de su plectro, que dedicó a Martínez de la Rosa, y que fue como la afirmación definitiva de su personalidad literaria, sobre un fondo de ideales monárquicos y de sentimientos de adhesión y cariño para el trono de Cristina, sopla una corriente robusta de panteísmo espiritualista, cuando cree ver en los fenómenos de la naturaleza los reflejos del espíritu social.

    POETAS ROMÁNTICOS PERUANOS

    Como ya hemos dicho, el Romanticismo fue objeto de gran entusiasmo por parte de la mentalidad latino-americana; y no podía ser de otro modo. Ligados nosotros a España por vínculos de sangre, idioma, religión e historia, tenemos razón para sentir en nuestro espíritu todo movimiento que se opere en aquel pueblo. Además, en las primeras épocas de nuestra independencia política, del Perú, al igual que los demás países de Hispano-América, ha sido como una mera proyección de las formas de actividad española, porque a pesar de que, al proclamar nuestra autonomía, había alguna cultura e cierta importancia entre nosotros, sin embargo por muchos años no hemos podido ni podemos aún vivir sin dejar de imitar a los pueblos europeos.
    La literatura peruana de casi todo el siglo XIX es un perfecto romanticismo; y gran popularidad han tenido y tienen aún entre nosotros Zorrilla y Espronceda.
    Don Felipe Pardo y Aliaga, colega del autor de El estudiante de Salamanca, en la Universidad de Madrid, de cuya labor literaria hemos oído disertar en la Facultad de Letras de Lima, es un poeta romántico en cierto modo, no por lo que le toca a la ejecución artística, en que siguió fielmente a su maestro don Alberto lista, sino por el humorismo tan picante y la gracia tan sabrosa e irónica; pues el Romanticismo entre nosotros tuvo en algunos poetas un carácter original en cuanto la poesía tomó un pronunciado sabor ligero y ágil de sal ática, y en cuanto las costumbres, carácter e ideas populares, al pasar a los dominios del arte, ocultan la personalidad del poeta. Don Felipe fue, pues, humorista y amante de pintar las costumbres nacionales, exteriorizándolas en bien cortados sonetos y bellísimas letrillas.
    Manuel Acuña y Gutiérrez Nájera han cultivado este mismo género en Méjico, y por esta razón algunos críticos les niegan parentesco con la poesía romántica, lo que no nos parece justo, puesto que este mismo elemento de ironía y gracia picaresca, cierto más filosófica, surge en Campoamor, quien indudablemente, no por esto, deja de reunir muchos motivos para ser considerado como un neoromántico, calificativo que es aplicable también a los dos poetas mejicanos y a Pardo y Aliaga.
    Después de éste, consideramos a Carlos Augusto Salaverry y Arnaldo Márquez, a quien estimaba tanto el padre Zorrilla, sin duda porque veía en él a un hermano suyo en Apolo. Citamos a estos dos poetas juntamente, porque encontramos una gran semejanza entre sus temperamentos artísticos. El primero militar y el segundo diplomático, los dos han cantado en dulcísimas elegías el sentimentalismo romántico más penetrante. Hemos sentido profundas emociones siempre que los hemos leído; y muchas veces hemos tenido el propósito de hacer un estudio de ambos, especial y detenido, pero la imposibilidad de conseguir todas sus poesías nos lo ha privado. En los dos poetas el tema general y favorito de inspiración es el amor; en Salaverry, el amor a un ángel, como él llama a la mujer objeto de sus sueños; y en Márquez, es el amor a su madre. Lamartine decía que al escribir un verso, lo primero que sentía era una disposición musical sin saber aún qué idea iba a desarrollar, y que todavía mucho después acudía el pensamiento; es decir le ocurría lo que, en virtud de las leyes de la génesis del verso, ocurre a todo poeta verdadero: primero la emoción y después la idea. Pues bien: a Márquez le pasaba lo mismo; casi todas sus poesías empiezan por una mera armonía para entrar después a la concepción general del poema, de lo que nos da una idea la composición titulada A solas, en que empieza diciendo:

    Mi corazón rebosa de armonía.

    Y después, sabe llorar amargamente pensando en la miseria humana, gimiendo que:

    ...El cielo tiene luz, la flor rocío,
    y hasta las olas de los turbios mares
    visten de espumas el azul salobre...
    Yo sólo tengo lágrimas... ¡Soy pobre!

    La falta de esperanza que guíe a manera de una estrella al corazón despedazado por el dolor profundo, en un momento de desengaño, un verso que por su alta filosofía vale por todo un poema y es digno del mismo Espronceda; esto es cuando se dirige a su tierna madre que acongojada vela, para ayudarla a sufrir diciéndole:

    ¡Quién te dará, aunque mienta, una esperanza!

    Salaverry es menos místico que Márquez. La tumba de mis ensueños, tal es en nuestro parecer, su mejor composición, por el espiritualismo erótico, que la informa, la concepción honda de la vida, y más que todo, por el ansia de inmortalidad que la anima, por las rotundas imágenes delicadamente melancólicas, tiernas, nostálgicas y por la casticidad en la elocución y la sobriedad de los giros. Desengañado del mundo, el joven poeta se despedía de las vanas quimeras de la vida, cantando de este modo:

    Quiero un celaje, un lánguido murmullo,
    un perfume, una queja, algún rumor
    que sollozando con doliente arrullo
    repita el eco de mi triste voz!

    Luis Benjamín Cisneros y José Santos Chocano, he aquí otros dos grandes poetas que también guardan entre sí una íntima semejanza. Ya han sido los dos identificados por Ventura García Calderón. Ambos son románticos. El primero lo es en toda su obra; y el segundo es en su primera manera, distinguiéndose éste de aquél, porque, en cuanto es romántico no soporta ningún refinamiento, ninguna reflexiva orientación en el gusto, mientras que Cisneros sabe enfrenar su inspiración y la fuerza emotiva en formas delicadamente pulidas y armoniosas, como se puede ver por estos versos:

    Mil veces triste, en mi abrasada mano
    mi frente joven recliné abatida,
    y he preguntado a mi conciencia en vano
    el último secreto de la vida.

    que no habría escrito Chocano, autor de esta otra estrofa de su primera manera:

    Alta la sien, más con dolor profundo
    dejo la sociedad en que vivía,

    en que se nota que la emoción de tristeza parece que temblara en toda su vitalidad inarmónica en el segundo verso.
    Hugo es el maestro del autor de Iras Santas, en que es desde luego más subjetivo, personal y humano que en el naturalismo de su segunda manera, en que presta sus ideas y sentimientos para traducir en felicísimas comparaciones la relación entre los fenómenos objetivos y los del espíritu.
    Carlos Germán Amézaga pertenece también al romanticismo, no de una manera completa, por la ausencia de sentimentalismo en su poesía, pero sí por la actualidad de sus asuntos de inspiración y por el sentido filosófico a veces demasiado reflexivo y menos espontáneo. Dígalo, si no, su famoso poema Non plus ultra, de ritmo tan variado y melodioso y de dicción tan pura.

    * * *

    Hoy en el Perú, desgraciadamente no hay ya el entusiasmo de otros tiempos por el Romanticismo; y digo desgraciadamente, porque siendo todo sinceridad en esta escuela, es de lamentar que ahora nuestros poetas olviden esta gran cualidad que debe tener todo buen artista. Dados demasiadamente a la imitación, hoy más que nunca se desplega la tendencia desenfrenada por seguir en literatura el camino de los de fuera. Si bien es cierto que, como dice José Enrique Rodó, en América todavía no se puede vivir en poesía sino de prestado, porque atravesamos aún por un período de formación; si bien es cierto que, como dice Justo Sierra, es necesario beber en las fuentes puras de los autores extranjeros para suscitar el buen gusto y los ideales, no por esto debemos seguir ciegamente, de un modo servil a los maestros, aun ahogando la voz de nuestra raza, de nuestro gusto innato y nuestras costumbres. Raza joven aún, en una naturaleza tan rica y grandiosa, como es la nuestra, no debemos, los peruanos en especial, leer a los extranjeros, sólo por leer, sin asimilar sus ideales, sólo para volver a escribir los mismos sentimientos y pensamientos, en las mismas formas y aun en el mismo género de elocución; no. Lectura metódica, tino para conocer nuestras vocaciones y más cultura, he aquí todo lo que José de la Riva Agüero ansía como medio de proclamar nuestra autonomía en literatura.
    Mucho se habla entre nosotros de que los estudios literarios son inútiles. No necesitaremos aquí probar lo erróneo y temerario de semejante afirmación; pero sí debemos declarar que esta aversión al Arte, tan arraigada en el pueblo en los actuales tiempos, es debida a la falta de educación, que no permite tener una idea clara y completa de la vida armónica y plena del hombre, pues ningún pueblo culto e ilustrado repele nunca el noble sacerdocio de la Poesía. Por ahora nosotros anhelamos, pues, la difusión de la cultura en la masa popular y el desarrollo económico, como medio de formar una literatura brillante, digna de nuestra amada Patria.
    Trujillo, Setiembre 22 de 1915.
    EL ROMANTICISMO EN
    LA POESÍA CASTELLANA
    César Vallejo
    Señor Rector,
    Señores Catedráticos,
    Señores:
    Hace más de una centuria que la mentalidad germana echó las bases de la ciencia crítica en el Arte. Los hermanos Schlegel, que sin disputa representan esta epifanía, tienen la gloria de haber fundado de este modo, el mejor instrumento con el que en nuestros tiempos se registran científicamente las diversas manifestaciones del arte bello.
    Desde entonces la crítica artística ha dejado de ser el ligero análisis de las formas y la observación más o menos incompleta de una determinada manera de la técnica, para convertirse en el juicio amplio y profundo, resultado de una visión científica hecha a través de un prisma, de cuyas múltiples facetas, concurren en armoniosa teoría, muchas luces a una alta y vigorosa conclusión. Queremos decir con esto, que el crítico es hoy el maestro que corrige, el cincel que lima las obras de otras actividades, pero que corrige y lima conforme a los modelos que, a fuerza de un ansioso trabajo de perfeccionamiento, ha logrado obtener como ideales.
    Y no parezca hipérbole el atribuir a la critica contemporánea esta elevada misión integrativa y de mejora, si de antemano nos descartamos de creer con algunos publicistas didácticos, que el arte critico no tiene influencia modificativa sobre la obra que juzga.
    Toda ciencia como todo hombre, todo pensamiento como todo mecanismo, pueden aportar un rayo más de luz o algún contingente de fuerza progresiva para que la vida avance por horizontes más brillantes en el camino de la civilización; o al contrario, pueden constituir un elemento negativo de progreso, que en último examen, es una corriente estática. Y como para los fueros de la experiencia, base de toda ciencia, es necesario apreciar en todo trabajo lo que en justos términos, importe de algún modo los intereses del esfuerzo común; de ahí la razón de la existencia de los valores del espíritu, de ahí la necesidad de poner en transparencia la labor humana, con el objeto de precisar en qué grado y en qué sentido ejerce influjo en la grandiosa obra universal. Y he aquí el importante papel de la Crítica.
    Hasta antes de la revolución romántica no ha habido verdadera sanción en materia literaria, en todos se sintieron como iluminados por el Espíritu Santo de la mentalidad pagana, y todos los que escribían eran poetas, oradores, novelistas o autores dramáticos, pero ninguno quiso criticar. Y es que en una época tan brillante para las letras europeas, un apacible ambiente de optimismo y de fe en los destinos humanos, acariciaba los corazones: todo lo que se hacía era o debía ser bueno, y no había nada digno de censura en literatura. Más tarde el neo-clasicismo del siglo XVIII no podía ofrecer, por la naturaleza misma de su sistema una opinión imparcial sobre labor alguna en poesía; era demasiado académico e inexorable en su preceptiva, y este prejuicio no le permitía encontrar en concepciones libres o que representen alguna innovación, nada que fuera bueno. Y de este modo, hacia fines de aquella centuria, esta carencia de espíritu crítico tolerante y autorizado, con más o menos idénticos caracteres, era general a las más avanzadas literaturas de Europa.
    Faltaba, pues, entonces la acción benéfica de la crítica verdaderamente científica; pues el espíritu analítico del siglo de Luis XIV no fue sino, como lo afirma Le Bon en su obra Psicología de las Revoluciones, la tempestad que tala y destruye, cuya acción fertilizante sólo floreció mucho tiempo más tarde, cuando después de la epopeya napoleónica, bajo el iris de la paz, remozada la humanidad, empieza a vivir de nuevo, y las ciencias, la filosofía y el arte toman por mejores derroteros, cuando el espíritu empieza a pensar sobre la suerte de los pueblos y sobre todo lo que ha hecho en los siglos pasados a favor de su bienestar y progreso. Estalla entonces el movimiento de autonomía romántica en el arte, y se levanta, como lógica consecuencia, la Crítica ocupando el sitio que le corresponde en la literatura.

    I
    ORIGEN DEL ROMANTICISMO

    El genial Taine ha dicho: «La obra literaria es el producto necesario de cierto número de causas generales y permanentes que se pueden reducir a tres: la raza, el medio y el momento. Hay una relación constante entre el estado de alma que produce la síntesis de la raza, del medio y del momento, y el carácter general de las producciones literarias que expresan ese estado de alma.» Sometiéndonos a este principio, vamos a estudiar esa triple virtualidad generadora en el espíritu español, para darnos la explicación de la génesis de la escuela romántica. Mas, es necesario no olvidar que aquellas tres entidades creadoras, citadas por el sabio francés, entrañan en sus términos sintéticos toda una nebulosa de motivos, que nosotros hemos procurado examinar pacientemente, para haceros una exposición sucinta, pero minuciosa y clara en lo posible.

    ELEMENTOS PROVENIENTES DE LA RAZA

    La raza española cumpliendo leyes fatales de evolución y de vida, llegaba a un período de desaliento hacia el siglo XVIII, desaliento enraizado en el excesivo trabajo de las edades pasadas. Si registramos el papel que en ese tiempo ha desempeñado en el escenario de la civilización, si valuamos su contribución al desenvolvimiento humano, no se desmiente lo dicho: las manifestaciones sensibles de aquella época de su vida, todas expresan una visible postración moral e intelectual, como indolente cansancio de las fiebres heroicas de su virilidad y de las exaltaciones pensantes de su juventud de oro.
    Mientras en esta raza latió en toda su fuerza el enérgico espíritu de los bárbaros, luchó en la Edad Media contra la invasión árabe en una gloriosa cruzada de religión y patriotismo, y llevando más tarde su pabellón a la proa de las naves de Colón con rumbo al descubrimiento de América, este pueblo batió entonces, entre todas las naciones del mundo, el récord de brillante y fecunda actividad. En armoniosa comunión con este elemento de carácter, la sangre latina vibrando en profundos esfuerzos de especulaciones filosóficas y sublimes creaciones de arte, rodeó al espíritu español de sólidos títulos de superioridad intelectual, esparciendo ante la historia, luces tan bellas, que hacen honor a la especie humana.
    Pero las preponderancias tienen su fin: cuando se debilitan los mecanismos internos y profundos en la médula misteriosa de la vida, las fuerzas creadoras se tornan en estériles convulsiones de esfuerzo y acción, y el fósforo del cerebro también languidece. La historia puede ofrecernos muchos ejemplos de estas alternativas de decaimiento y pujanza en los pueblos; y sólo aceptando esta verdad es como se explica el nacimiento, transformaciones y muerte de tantas razas que han pasado por el escenario del globo. El eminente sabio Le Bon ha probado que la raza ejemplifica exactamente las mismas operaciones de la vida; y desde que cada individuo como célula del gran organismo ético a que pertenece, nace, crece y muere ¿por qué el todo organizado no ha de nacer, crecer y morir también, cuando la economía humana está sujeta a las variaciones de fuerza vital que en el laboratorio soberano, origina el complejo concurso de mil diversas entidades que elaboran la vida?
    Las fuerzas procedentes del interior del espíritu, aquellas fuerzas permanentes de que nos habla el mismo Taine, cediendo al círculo perenne de potencias externas, cediendo a la acción del medio, había sufrido variaciones de dirección en la raza española, habían sufrido una modificación plural en las intensidades de sus diversas manifestaciones: el sereno pensamiento de Calderón de la Barca y de Fray Luis de León, aquel pensamiento claro, alto y tranquilo, propio de la edad viril de un pueblo, aparece caracterizado por el desbocado vuelo de fantasía, y al sentido reflexión sucede el instinto por los delirios. Y es que hay una ley psicológica en los hombres y las razas, consistente en que, al cesar el pensamiento razonado y sereno de la edad madura, como corolario fatal vuelve el predominio de la fantasía sobre la razón, vuelven los poéticos sueños de los tiempos primitivos, y entonces el espíritu piensa por imágenes, como diría Grenier. Por eso Goethe podía cantar estos hondos versos, cuando declinaban sus años:

    Tornáis de nuevo hermosas imágenes flotantes
    que dulce y melancólico un día os contemplé.
    ¿Asiros y teneros podré feliz como antes?
    ¡Aún vuela hacia vosotros el alma, cuando os ve!...

    El mismo principio anteriormente citado, nos lleva a encontrar en esta raza otra cualidad, cual es, la asombrosa sensibilidad que la caracteriza en el mismo momento histórico al que la referimos, pues esta nota es uno de los elementos característicos de todo estado de febril agitación. De aquí que las menores impresiones, las más sutiles influencias ambientes, haciendo una huella profunda en el perenne hastío de la vida y el adentrarse a los latidos del corazón, creyendo encontrar en ellos, como un ritmo de consuelo, la revelación divina de los últimos destinos de los hombres.
    Sobre estos elementos existen otras inclinaciones fundamentales, que residen en el fondo permanente de la raza; tales son: el espíritu pasional que ha informado siempre todas sus creaciones artísticas, y que se muestra acentuado grandemente en los últimos tiempos; los arranques de valor y arrogancia que hacen del español un espíritu de acometividad y altanería ciegas; los sentimientos innatos del hombre, como el de la dignidad, el amor y la religión, que tienen en esta raza fuerzas profundas y carácter eminentemente ardoroso, al extremo de constituir las más violentas pasiones, debiendo advertir que este último elemento, propio de la raza latina, ha tomado en el español más energía por la influencia de la cálida sangre de los árabes; y en último término, surge aquella predilección que le es fundamental, por la belleza formal, su afecto a las líneas robustas, las proporciones grandiosas y los colores fuertes. Tales el temperamento lírico del romanticismo castellano; el idealismo de Don Quijote enlutado por el negro pesimismo de Espronceda: una poesía en que los ideales se buscan no ya con la serenidad del corazón sano, condición importante para las especulaciones ontológicas, sino con las alas de la imaginación ardiente, dócil instrumento de las fuerzas emotivas. Por último, no debemos olvidar sobre todo esto, la facilidad con que acepta el espíritu español el advenimiento de nuevos sistemas que no se opongan a sus caracteres de raza, facilidad que permitió a la escuela romántica su generación y desarrollo.
    Ahora bien: resumiendo estas consideraciones, veremos que la raza ha dado a la poesía romántica los siguientes elementos:
    1º-El predominio de la fantasía, expresado por una filosofía idealista.
    2º-Un fondo de melancólico y exquisito sentimentalismo.
    3º-Refinada sensibilidad.
    4º-Predominio de los sentimientos de amor, honor, patriotismo y religión, traducidos en sublimes pasiones, violencias de sangre y misticismos fanáticos.
    5º-El instinto por la belleza de las formas y lo sonoro y grandioso.
    6º-Como medio que facilitó el triunfo del romanticismo, el carácter vehemente y voluble de su psicología.

    ELEMENTOS PROVENIENTES DEL MEDIO

    La naturaleza. -Sabido es que la vida humana está determinada en sus distintas manifestaciones intelectuales, por las funciones elementales biológicas. Resultado de éstas es la organización débil o vigorosa de las altas funciones cerebrales; siendo no menos cierto que aun en la idiosincracia especial de cada pueblo, gran parte de los matices diferenciales que lo separan de los demás, son florescencias del peculiar modo como está organizada su vitalidad por la naturaleza circundante. Siempre hubo una correlación, sujeta a leyes perfectamente fijas, entre la obra del individuo y la acción del medio que le ofrecen las condiciones del territorio y clima, juntamente con la realidad objetiva formada por los demás hombres.
    La península española por su situación geográfica, es desde todo punto, favorable para las creaciones artísticas. Pocos pueblos entre los que están situados en tierras europeas, pueden encerrar en sí una fuente tan copiosa e intensa de inspiración. Sólo sería comparable con las maravillosas regiones del Oriente y de Asia, regiones en donde parece que la mano del Creador hubiera sido más pródiga en derramar tanta sublimidad de colores y murmullos, tan pomposos encantos en las formas de la naturaleza, tantas y tan bellas matizaciones de sonido y de luz. La belleza natural en España, sustentada por la vibrante vitalidad profunda de las bajas latitudes, por un poderoso lenguaje, movido y majestuoso, grácil y solemne, cándido y sensual, pero siempre esencialmente expresivo e inquietante, la belleza natural ibérica, decimos, puede considerarse como la India del continente europeo, como una fuente fecunda para la vida del arte. Ahí puede el artista hacer brotar como la bíblica vara de Moisés, con el conjuro divino de su sentido intuitivo y creador, los más robustos raudales de inspiración. En el seno matriz de aquellas comarcas late la belleza perenne, abierta para todos los latidos del corazón, para todas las idealidades humanas, en fin, para todas las diversas capacidades del gusto estético. Todas las bellas artes pueden encontrar en ellas eternas fuentes de inspiración, tanto porque ahí son múltiples y variadas las condiciones del material con que se da concreción a las bellezas naturales suministra infinitas esencias, órdenes elevadísimos de ideas medulares para todo género de obras artísticas, especialmente para las de literatura.
    Decía Oscar Miró Quesada que «las emociones estéticas que la contemplación de la belleza produce, sacuden y revuelven el espíritu profundamente, agitando las actividades psíquicas, sentimentales más ocultas; y siendo de este modo un poderoso reactivo para el alma».
    Efectivamente: la belleza natural, como entidad envolvente del dinamismo espiritual del hombre, como un sistema de influencias de modalidades más o menos duraderas, labra la materia humana ajustándola a moldes determinados, a estados perfectamente precisos, haciendo en este caso los oficios de una verdadera educación. Las primitivas formas pues cumpliendo la ley del doble mecanismo destructivo y constructivo al mismo tiempo que se opera en todo orden de procesos, son modificadas. El medio ambiente natural de España con su belleza exuberante, como es de suponer, ejerce su más directa influencia en la imaginación. De ahí que acordando esta influencia a la predisposición fantaseadora de la raza, dé por resultado el caluroso arrobamiento de la mente, la fuerza instintiva hacia las lucubraciones del ensueño y los infinitos viajes por el país de la pura fantasía.
    Este consorcio entre la facultad suprema del espíritu español y el estímulo del medio a avivar esa representación en el desenfreno locuaz, desviando un tanto serena ponderación del mecanismo intelectual, acarrea desde luego un descenso de capacidad de la razón, reduciendo el campo de este poder culminante del espíritu. Después de la ruptura de las formas anteriores del pensamiento, la naturaleza organiza un florecimiento de nuevos sistemas, de nuevas orientaciones en la actividad consciente, instituyendo una psicología en que la imaginación creadora influye poderosamente sobre la inteligencia del hombre. De esta imaginación que penetra las interioridades de todas las existencias y todos los mecanismos y que traspasa los tiempos y el espacio, de esta importante calificación del espíritu, surge una nueva nota en la psicología española, cual es al adelantarse por acción intuitiva al conocimiento del futuro, la visión lejana de las edades venideras de la vida y el sentimiento de los remotos destinos. Una fuerte poesía metafísica es hija de esta potencia imaginativa, una poesía toda hecha de nostalgia, de añoranza por lo que se contempla en sueños y falta en la realidad, una poesía cuyo rasgo sincrético es el tema del pasado y el eterno problema del futuro.
    De otro lado, una naturaleza como la de España, esencialmente sugestiva, por razón de su misma sublimidad generosa que atrae, que encanta y roba continuamente la atención, tiene por fuerza que modificar la sensibilidad en el sentido de refinarla, de acostumbrarla a perturbarse con los más sutiles roces de las exterioridades, de educarla, en fin; y de aquí la importancia dada a las realidades objetivas más insignificantes, como fuertes motivos de revoluciones profundas en el pensamiento, produciendo desde luego, la inquietud del espíritu y la tensión volitiva encaminada a la acción creadora.
    La exquisita sensibilidad origina, pues, una fermentación de la voluntad; y como según Schopenhauer «bajo cualquier forma que se presente los cuidados que nos inspira una voluntad que no cesa de ser exigente, llenan y agitan sin cesar la conciencia y sin reposo verdadero no hay bienestar posible », es consecuente deducir que el último resultado de esta sensibilidad refinada es la inquietud doliente, el hastío que es el elemento inseparable de la poesía romántica.

    La sociedad. -Hemos dicho que había una decadencia en el pueblo español en el siglo XVIII, y esto mismo se confirma por lo que dice un reputado historiador de nuestros días, cuando deplora que «cuando pasó de este mundo Carlos II, hacía tiempo que habían pasado la gloria y el ingenio de la nación española. No quedaban más que el territorio y la raza: esta última muy disminuida y muy desalentada ».
    Pues bien; el advenimiento de la Casa de Borbón al trono, constituye un acontecimiento de gran importancia para la suerte de la Península, porque los tres primeros reyes de esta dinastía hicieron la regeneración de la sociedad española. Bajo la influencia de Francia, España se convirtió en un pueblo modelado en todo orden en las formas de la sociedad parisiense. Todo se afrancesó: desde las altas esferas intelectuales hasta el modo de vestir, pudiendo decirse que solamente el carácter nacional, cuyos fueros son sagrados por fuertes, subsistió. Esta influencia francesa se fortificó con la abdicación de Carlos VI y con la guerra que antes de este acontecimiento, se había realizado entre ambos países, guerra que ha sido considerada por los historiadores no como la simple oposición entre el principio monárquico y la democracia, sino como la lucha entre el antiguo régimen social, político y religioso y los diversos nuevos sistemas de organización que surgían de la Revolución francesa; y así el proselitismo de las guerras de Napoleón dieron sus frutos con la Constitución de Cádiz, Constitución que representa en términos precisos el triunfo de la libertad del hombre individual y socialmente considerado. Por esto dice Le Bon y otros autores que fue esta reforma un hecho natural en el curso de los siglos; porque el espíritu de libertad es esencialmente necesario al ser humano, como parte integrante de su naturaleza.
    Con esta Constitución se derribó el dogmatismo teológico, la metafísica escolástica que eran la filosofía tradicional de España, enfrentada a las cerebraciones nuevas que habían sido originadas por las necesidades de la época y a la nueva orientación que había tomado el pensamiento científico con los elementos de observación y experiencia ya descubiertos; resultando de esta caída del despotismo intelectual, el sistema de inteligencias libres y nuevas que, primero en las clases ilustradas y más tarde en la masa popular, constituyó con posteriores reformas y nuevas direcciones, el espíritu del pensamiento español en el siglo XIX.
    El catolicismo que había sido el fondo de la unidad de las leyes, carácter y costumbres de la sociedad, en suma del ser colectivo en la Península, también se debilitó con el nacimiento del principio de la duda metódica cartesiana en el pensamiento español y cuando se empezó a meditar independientemente de toda escuela, no tomando ya como fuente de consulta los venerables infolios clásicos, sino los libros franceses, porque éstos eran la libertad del pensamiento, el racionalismo justo, como las obras de Voltaire, Rousseau y otros.
    La moral cristiana con sus devociones piadosas, con el terror de que rodeaba a la práctica de los sacramentos de la penitencia, la superstición sobre tradiciones piadosas y la creencia en espíritus sobrenaturales que habitan la tierra; la moral cristiana, decimos, con todo el cortejo de exageraciones bíblicas, regía la sociedad cuyos principios morales, a pesar de este riguroso fanatismo, atravesaban un período de relajación, en que cedían el triunfo de los caprichos de la pasión y la fuerza con mengua de los fueros de la virtud; sin que por esto desfalleciera el sentimiento de la fe cristiana que continuaba fuertemente arraigado, lo que hiciera decir al padre Coloma que todos los españoles se arrepentían antes de morir.
    Bajo el punto de vista económico, España no gozaba de completa holgura en su riqueza pública y privada, pudiendo decirse que a raíz de la Independencia de América, se produjo en la Península un profundo desasosiego por la bancarrota de sus finanzas; ya sea por el atraso de la ciencia económica importante para dar una mejor orientación al fomento de las industrias y agricultura, o ya porque aquello fuera la consecuencia lógica de pasadas disipaciones económicas llevadas a cabo en ingentes proporciones con motivo de las guerras de religión y de sucesión. La actividad intelectual, por este motivo, languidecía desde el punto de vista científico, ganando en cambio artísticamente; puesto que es un hecho comprobado por la historia de la literatura y por las leyes fisio-psíquicas humanas, que la más alta y sincera poesía es hija de la pobreza, que parece ser uno de los reactivos más enérgicos para despertar la inspiración en las facultades más nobles del artista, generando en el espíritu la ternura sentimental más pura y elevada.
    Y por esto podía cantar un poeta colombiano que:

    A1 blando arrullo de opulenta cuna
    no se mece jovial la poesía.

    La Constitución de 1812, pues, había declarado sin duda muchas libertades para la sociedad y el individuo; pero quedaban aún latentes en el espíritu EL ROMANTICISMO EN LA POESIA CASTELLANA 23 social otras tantas convicciones y anhelos de derechos y libertades. Por esto, en más de la mitad del siglo pasado ha continuado en España viviendo la vieja tendencia llamada el liberalismo, en que se agitan tantos sanos ideales de perfección individual y social, y que ha dado lugar a las diferentes revoluciones habidas en España y en las que han tomado parte, como era lógico, casi todos los poetas.
    Período de declaración de libertades y tolerancias en todo orden de relaciones, los primeros lustros del siglo XIX en que la tierra del Cid se levanta con un nuevo chispazo de luz en el cerebro y un impulso entusiasta en el pecho, fue también generador de la libertad en el arte. ¿Y por qué no había de penetrar la literatura este hálito fecundo de libertad que estallaba como un volcán del seno de los pueblos y se derramaba desde las orillas del Sena hasta la Tierra del Fuego en ultramar? Ya lo dijo Victor Hugo, el caudillo romántico francés, que el principio esencial del Romanticismo era la libertad.
    Tal vez el Romanticismo no hubiera triunfado sobre las demás escuelas de literatura si no se produce la Revolución francesa; de aquí que este movimiento de tanta trascendencia en el terreno de los principios y en el orden de la naturaleza, hallando eco en la península española haya sido en parte la causa eficiente y la única causa ocasional de la revolución romántica contra el estrecho clasicismo reinante.
    Nadie puede, pues, poner en duda que la escuela romántica en España tiene sus más sólidas bases en la revolución filosófica del siglo XVIII, a cuyo soplo se pulverizaron las columnas del antiguo organismo social y tuvo su aurora el espíritu de libertad en el arte; reforma de la que tuvieron que brotar entre muchas nubes de dudas y remolinos de inquietud, los nuevos intereses, las nuevas necesidades, los nuevos derechos que se insinuaban enérgicos, urgentes, improrrogables, como fórmula de solución de la nueva vida de los pueblos. Estas fuerzas opuestas en el seno de las modernas sociabilidades, aquellas agitaciones en la sombra, penetraron en el alma individual, en busca de cristalización. España sintió como los pueblos que más estos afanes por la normalidad, la orientación y el ideal de la civilización moderna, e informada por el nuevo espíritu social que hemos descrito ligeramente, surgió la poesía romántica, a cuya generación y desarrollo conspiraron los siguientes factores provenientes del medio.
    1º-El amor a la naturaleza, la tendencia a ver en ésta la clave del misterio del mundo y a descubrir en todos y cada uno de los seres un pedazo del gran todo que es la Creación, dirigiendo el poeta sus interrogaciones filosóficas a las leyes y mecanismos universales en que cree palpitar el mismo ritmo que palpita en el espíritu humano.
    2°-Como consecuencia de estas concepciones, la idea de su relación secreta e íntima, intensa e invisible entre las bellezas naturales y las del espíritu.
    3°-El espiritualismo filosófico que es uno de los caracteres esenciales del Romanticismo.
    4°-La fantasía ardorosa traducida en los problemas de metafísica y teología que son el fondo común de las creaciones románticas.
    5°-La sutileza en los motivos de inspiración que hace que de los más simples y vulgares incidentes, broten a torrentes las más grandiosas creaciones.
    6°-La fecundidad en la producción artística.
    7°-Libertad en los motivos de inspiración contra el sentido aristocrático del neo-clasicismo; y en la técnica formal, contra la preceptiva de Boileau.
    8°-La hegemonía individual sobre la sociedad, que es también la nota esencial en el Romanticismo.
    9°-Libertad en los ideales.
    10°-De las guerras con Napoleón surgió el sentimiento fuerte del patriotismo, por lo que la tradición y la Edad Media fueron los temas favoritos de inspiración, porque ahí se encuentra la edad heroica española y su misticismo de leyenda.
    11°-La superstición religiosa.
    12º-De la libertad del pensamiento, surge la duda en los destinos del hombre y la conspiración contra los dogmas católicos, traducida en cierta irreligiosidad desesperada y el pesimismo.
    13º-Lucha de sentimientos y pasiones intelectualizados en una orientación más amplia y filosófica.
    14º-Ternura exquisita, y pasiones intelectualizados en una orientación más amplia y filosófica.
    15º-Como elementos comprensivo de todos los anteriores, el lirismo llega a la cúspide de su desarrollo en la poesía.

    ELEMENTOS EXTRANJEROS

    Aquella nueva psicología, aquellas nuevas fuentes de inspiración que hemos dicho caracterizaban al pueblo español, resultado de su raza, de la naturaleza y de las últimas renovaciones de su sociedad, necesitaban una nueva fórmula artística dentro de cuyas proporciones y dirección se trasuntaran en obras literarias. Esta fórmula, estas direcciones surgieron precipitadas y empapadas por las influencias extranjeras.
    Menéndez y Pelayo ha pontificado de este modo:
    «Debemos cultivar relaciones cada día más frecuentes con los doctos de otros países, pospuesta toda mezquina rivalidad, domada toda sugestión de amor propio y hasta perdonando cuando necesiten indulgencias, las asperezas injustas de la crítica, los desahogos de mal humor, los alardes de superioridad petulantes, siempre que estos defectos de crianza y cortesía más que de literatura, vayan compensados con méritos y obsequios reales al ídolo de nuestros amores, a la inmortal y desventurada España, en cuyas aras debe consumir el fuego todo sentimiento impuro y menguado de iracundia o de vanagloria.»
    Traemos esta verdad del caso para manifestar que el Romanticismo no es sólo producto de España, sino también del gran caudal de ideas que le ha venido de las mentalidades de otros países europeos, como vemos a verlo:

    Italia. -Al disiparse las últimas sombras de los tiempos bárbaros, hacia el siglo XIV surgió una poesía completamente autóctona en Italia. Las obras del Dante y de Petrarca, conteniendo un fondo de belleza completamente nuevo, como nueva era la civilización de que brotaban, se esparcieron por toda Europa, y en el mismo siglo, Iñigo López de Mendoza, entre otros autores, escribía sus sonetos a la manera italiana.
    Aquellas obras traducidas al castellano, llevaron un sistema de pensamientos y sentimientos que debían florecer en todo su brío en la literatura del siglo XIX, en que encontraron tierras feraces para su mejor germinación y desarrollo. En primer lugar, la idea del Amor, según el alegorismo florentino, representa la exaltación religiosa en un puro fuego de celestes gozos; es una llama del amor de Dios, bajada al espíritu de la humanidad para enaltecerla e iluminarla, para vivificarla, manteniendo encendido el sentimiento de una ventura remota, de un paraíso celestial, en donde aquella llama se acrecenta, se engrandece al ser recibida en el amor eterno de los cielos. Y este sentimiento de un amor puro, bendito por la mano de Dios, atraviesa la Tierra como soplo de consuelo, haciendo vivir al hombre una nostalgia infinita por el Empíreo; y aunque perfuma la vida, no satisface la sed del corazón que sólo encontrará la dicha completa con la muerte; despertando mientras tanto en el alma un vago anhelo, un perenne dolor de indefinibles ansias, en fin, esa adoración insaciable, ese místico arrobamiento de la pasión pura que hace ver en los ojos del ser amado, un lejano e inasible paraíso. Por esto el amor en el mundo, ese amor que inspirara al verbo dantesco, en este sentido, es una pasión cuanto más bella, más dolorosa, cuanto más metafísica, si cabe la palabra, más melancólica, porque mientras más se descubre un aliento de cielo en él, más intensa, y conmovedora es la reacción a la gloria celestial, y es más triste y tormentoso hacer el viaje por la Tierra, atravesar la cárcel mundanal entre una leve sonrisa de esperanzas y un espasmo de sombra e inquietud. Por esto también la mujer, tierna y sentimental más que el hombre, cristiana y soñadora, dada a los fervores y penumbras religiosas, lleva encerradas en su pecho pasiones en botón que aguardan el conjuro de las santas ternuras y los suspiros amantes, para abrirse en rosas y fragancias espirituales y en dulces desfallecimientos de tímida paloma en ebriedad de cielo. ¡Porque el amor es supremo gozo! ¡Porque el amor es martirio! El amor es el alma del mundo, y todo lo grande de la vida es obra suya; por consiguiente la poesía encuentra en él sus motivos más elevados, es decirlos dramas de la vida en que laten las más grandiosas emociones, los delirios más santos, los sentimientos más nobles y abnegados, en una palabra, en donde la humanidad se manifiesta en la plenitud de sus bellezas y en las más profundas y secretas pulsaciones del corazón. Pero como los sentidos en el hombre se sublevan en contra de aquel género de virtudes e idealidades puras, entonces surgen las luchas en el mundo interno, las batallas corazón adentro, luchas que deben ser vividas por las musas donde quiera que se encuentren: en la cámara de los reyes, o en la choza de los míseros; en las vírgenes que pasan sin mancha por el mundo, o en las figuras bacantes que se arrastran en el fango de la carne y de los vicios; en los héroes o en los cobardes; en los hombres idólatras del bosque o en los ungidos por la luz del bautismo. El degenerado y el virtuoso, el asceta y el sacrílego, el triste y el que vive entre sonrisas y placeres, el poderoso y el siervo, todos constituyen la esencia inspiradora y el objeto de la poesía.
    Siendo cada hombre el fondo mismo de la poesía, la inspiración es personal, subjetiva, porque encada canto va ya una esperanza y una pena, ya una dicha y un desengaño, ya una sonrisa y una lágrima.
    El pensar en el amor absoluto, en la eternidad de este sentimiento, espolea la imaginación española que en el siglo XIX más que nunca era preponderante.
    Además de estas ideas y sentimientos, la influencia italiana, contribuyó para que el endecasílabo florentino subsistiera en la poesía castellana del mismo tiempo, porque estando escritos los versos del Dante y de Petrarca en esa forma métrica, las traducciones a nuestro idioma la conservaron.

    Inglaterra. -Los literatos que más han influido para la producción del Romanticismo en España, han sido Shakespeare, Milton, Lord Byron y Walter Scott. Pero es de notar que las leyendas románticas de algunos de estos autores, especialmente de los dos primeros, son de importación genuinamente italiana, es decir, tomadas de algunos poetas de Italia imitadores a su vez de Dante y Bocaccio.
    Shakespeare, coloso del teatro inglés y una de las más altas figuras del pensamiento humano, tenía que ejercer un extenso y poderoso influjo en las literaturas europeas. El genial autor de Hamlet fue lentamente traducido al castellano en el siglo XVIII y al inaugurarse el XIX; pero de modo más fiel e intenso se han sentido las proyecciones de su temperamento artístico en la mentalidad latina, por medio de la poderosa comprensión francesa que asimilando golosamente sus creaciones, las ha comunicado en seguida al espíritu español. Pues parece que debido a que el pueblo francés tiene un poco más de sangre germana en sus venas, es sin duda que tiene facultad más intuitiva y gusto más simpático para comprender mejor el intelecto septentrional de Europa. La poesía de Shakespeare y Milton trajo a España el sentido del análisis filosófico del hombre, en cuyo seno caben tantas sombras y oposiciones, trajo el estudio de los caracteres universales como la traición y el crimen, la ambición y la intriga, los celos y el suicidio, al lado de grandes virtudes como el amor puro y la piedad, la generosidad y el martirio, la abnegación y el altruismo. Lo maravilloso cristiano, las brujas y los genios maléficos que se hermanan también con las tradiciones piadosas y el carácter supersticioso español, produjeron admiración y entusiasmo entre los poetas castellanos; pues aquellos elementos vienen por un lado, del Paraíso Perdido y por otro, de Macbeth y Romeo y Julieta y otras obras de Shakespeare, debiendo agregar que la gran concepción de la obra de Milton avivó en España las creencias cristianas conjuntamente con la santidad del amor, la debilidad de la mujer, la explicación bíblica del origen del mundo, la inmortalidad del alma y la existencia de los ángeles caídos que suelen venir a la tierra a perturbar y tentar a la humanidad.
    La novela de Walter Scott extendida tan prodigiosamente en los países europeos suscitó en la literatura española el gusto por el color local, el sentimiento de la naturaleza a la que el hombre confía sus efusiones y los secretos más íntimos de sus sueños. La voz de la raza y del momento en las novelas escocesas, también encontró eco en el sentimiento de patriotismo español.
    Y por fin Lord Byron, el noble pesimista, la sombría figura tocada de inquietud y sed de placeres intensos y dolores profundos, llena de desilusiones y hambrienta de desengaños; el alma triste, símbolo de la desesperación humana, llegó al seno de la literatura castellana, y al encontrar en la Península aquel ensimismamiento doloroso, aquella predisposición para la tristeza y el pesimismo, consecuencia de la exquisita sensibilidad del espíritu español, al encontrar, decimos, tan ancho campo, tanta hermandad para su mal, puso su sello firme en la poesía castellana.
    Los poemas de Ossian que llegaron a ser tan populares en Europa y que tan fuertemente se infiltraron en el alma española, son más o menos del mismo espíritu que el de la poesía de los autores anteriormente citados.
    Respecto a la técnica, la influencia inglesa implicaba la ruptura de principios y reglas absolutas en la ejecución, cediendo sólo al espontáneo empuje de la inspiración.

    Alemania. -Tardo fue el siglo de oro de la poesía alemana, pero a fines del siglo XVIII las obras de Goethe y Schiller surgieron circundadas por la aureola de lo original con una luz que al igual de la del alegorismo italiano en la Edad Media, era nueva y de brillantes orientaciones. El pensamiento sereno, el vuelo metafísico, las interrogaciones al infinito y el soplo de cristianismo que impregnan esa poesía, junto con el idealismo, las nebulosidades del Norte y el sincero sentimiento de la limitación de la vida, tales son las direcciones del romanticismo alemán impresas sobre la literatura española, quien lea el Fausto y Werther seguramente recordará sin duda a El Diablo Mundo; quien lea a Schiller recordará a Zorrilla, para no citar más obras que respondan a una comunidad de ideas y sentimientos más íntima. Las bellezas morales constituyen sus más preciosas excelencias, siendo la inspiración variada porque la poesía penetra el cielo y el infierno, la virtud sin mancilla y las figuras mefistofélicas; el templo de Dios y el aquelarre inmundo. Últimamente, cierto suave sentimentalismo en una noche encantada cuando despunta la aurora sobre la negrura de un crimen. Pero sobre todo, tiene relieve la lujuria diabólica despertada por el averno, que hace víctima a la mujer angelical entregada a Jesucristo, y que sin embargo es perdonada por la misericordia infinita del Cielo.
    La mezcla de géneros en la literatura alemana, como se puede ver por el plan y ejecución del Fausto, es una tendencia que llega también a producirse en la literatura castellana del siglo XIX, y que es uno de los caracteres del Romanticismo.

    Francia. -La poesía francesa al finalizar el siglo XVIII se convirtió en un simple mecanismo y en una fría versificación sin alma.
    Antes de Delille, el último de los poetas del siglo XVIII, había existido el tan recordado Andrés Chénier.
    La ley de la herencia y de la transmisión a través de la sangre de una determinada psicología étnica, aun cuando tan discutida y hasta despreciada en los actuales tiempos, es sin duda un hecho.
    Ella está comprobada con el curioso fenómeno de la progenización de Chénier. Hijo de padre francés y de madre griega y nacido en Constantinopla, bajo el abrasador sol de Oriente, supo reunir en un bien señalado hibridismo el carácter de la revolucionaria Francia y las notas sencillas de la olvidada Grecia. Y puede descubrirse en él claramente la línea precisa que separando dos civilizaciones, marca el fin del Clasicismo y la aurora del Romanticismo en literatura, esferas las dos que están determinadas en su poesía: en el sentido clásico por lo mitológico, descriptivo y docente de su inspiración, y la sencillez y la armonía de las formas; y en el sentido romántico, por la duda, la inspiración sincera y su libertad en la ejecución. La última manera de Chénier es en pocas palabras el preludio del romanticismo francés. Más tarde Chauteaubriand, consecuente con las ideas y sentimientos de su siglo, sobre aquella tendencia innovadora, intuitiva tal vez de Chénier, señaló definitivamente los dominios más precisos de la poesía romántica, dominios enteramente contrarios al neo-clasicismo pasado, ejerciendo de este modo una influencia profunda y duradera, tan grande, que como dice Grenier, desde el Renacimiento, no la ha ejercido mayor otro escritor. Fue este hombre el Dante del siglo XIX que renovó, como dice un crítico de nuestros días, por completo el Arte, no sólo en su forma, sino en la materia misma de sus inspiraciones. Díganlo, si no, Atala tan semejante al Tabaré de Zorrilla de San Martín, Los Mártires del Cristianismo y Renato. Madame de Stäel ensanchó aun más el sistema literario de Chateaubriand en su obra. La literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales, en la que dice al tratar de la crítica, siguiendo a Schlegel en cuyos principios se había empapado, que «para juzgar rectamente las obras de la inteligencia, es preciso colocarlas en el medio social en que nacieron», destruyendo así los ideales absolutos de Boileau. «Ante todo una época nueva exige una nueva literatura. Será necesario siempre sin duda alguna el estudio de las obras maestras de la antigüedad y del siglo de Luis XIV, pero solamente para tomarlas como modelo de sencillez, de armonía, de medida y de gusto, no para alimentar eternamente las obras modernas con sus ideas, ficciones y procedimientos, so pena de condenarse a obtener perpetuamente cada vez pruebas más débiles de los ejemplares originales.»
    Madame de Stäel fue, pues, la que fijó después de los hermanos Schlegel los principios sobre los que descansan las orientaciones de la crítica artística contemporánea; aparte de que realizó los ideales románticos que predicaba, en novelas de un fuerte sentimentalismo que penetraron hondamente en el espíritu español; habiendo sido ella quien, como repetimos, empapándose en el Romanticismo alemán llegó el término Romanticismo a la literatura francesa, de donde pasó a España.
    Lamartine, Victor Hugo y Alfred de Musset influyeron posteriormente en el lirismo castellano, y fue el autor de Los Miserables, quien declaró que el principio esencial de la escuela romántica era la libertad literaria.
    La mentalidad francesa ha desempeñado el papel de precisar la orientación del Romanticismo con el material de ideas y sentimientos de los otros pueblos europeos y los suyos propios que eran los mismos, más o menos, que los de España.
    Concluimos pues diciendo que todas estas influencias efectuadas por las literaturas europeas en el espíritu español, fueron como el reactivo que precipitó el florecimiento del romanticismo castellano.

    LA POESÍA CASTELLANA ANTES DEL ROMANTICISMO

    El gran siglo calderoniano había pasado. A la vista de las obras que en el siglo XVIII produjo el parnaso español se nota claramente una decadencia literaria asombrosa. Fuerza era después de todo que el arte como que es el espejo de toda sociabilidad, se agitara entonces en un estertor de asfixia. La crisis social de la época no menos que las preocupaciones políticas y religiosas debían imprimir sus huellas en esa literatura. Y así fue. La poesía entonces no modificaba las condiciones ambientes, no ejercía ninguna reacción saludable en la sociedad, en una palabra no llenaba su misión, porque se hallaba incapacitada para ello.
    La poesía en el entender de Guyau y de la filosofía inglesa, para que se mantenga en su lugar con respecto a su misión en la vida de los pueblos, no sólo debe reflejar, sino que debe refractar las cuestiones que agitan al espíritu humano, es decir darles otra dirección desviándolas en el sentido de la luz; principio que con mejor precisión está condensado en la siguiente fórmula de Fouillée: «El genio y su medio social nos ofrecen el espectáculo de tres sociedades ligadas por una relación de dependencia mutua: 1º-La sociedad real, preexistente que condiciona y en parte suscita el genio; 2º-La sociedad idealmente modificada que concibe el genio mismo, el mundo de voluntades y de pasiones, de inteligencias, que es una especulación acerca de lo posible; 3º-La formación consecutiva de una nueva sociedad, la de los admiradores del genio, que más o menos realizan en sí, por imitación, su innovación. Los genios de acción como los de César y Napoleón realizan sus propósitos por medio de la nueva sociedad que suscitan en torno suyo, y a la cual arrastran consigo; los genios de contemplación y de arte no mueven los cuerpos sino las almas: modifican las costumbres y las ideas.»
    Esto es lo que no realizaba la poesía castellana de la víspera del Romanticismo. Mientras al otro lado de los Pirineos, las letras oficiaban en los altares de la Filosofía y de las diversas ciencias sociales, lo que no quitaba que la poesía, al igual que en la península ibérica, se ahogase entre las voces tumultuosas del evangelio enciclopédico; el espíritu español haciendo parodia inconsciente de la Francia intelectual, rompía en las más fútiles disputas sin norte ni ideales y tan sólo a nombre de los prejuicios de sectas literarias que por entonces se jactaban de abarcar todas las preocupaciones de la época y que a decir verdad no abarcaban ninguna.
    «Nadie niega la inferioridad artística de aquel siglo -dice el eminente Menéndez y Pelayo-. Los excelentes líricos, uno de ellos verdaderamente grande, que aquella centuria engendró en sus postrimerías, pertenecen al siglo XVIII por su nacimiento, educación e ideas y al XIX por la fecha de sus más célebres composiciones en cuyo brío y pujanza no influyó poco la tormenta política de 1808 en todas sus consecuencias; no pudiendo omitirse que los más notables escritores del siglo XVIII son prosistas, y que no pueden ser bien juzgados sino desde este punto de vista.»
    Como espíritu poético, pues, el último tercio del siglo últimamente citado, tenía las alas muertas. Los Moratín en el teatro levantaban las banderas de las unidades griegas, y en sus poesías se respira un pronunciado fondo de moral liberal entre la sencillez y armonía del estilo; notándose un soplo glacial en sus obras, producido por la falta de inspiración sincera. Don Leandro mostrándose opuesto a la tendencia del Hamlet que tradujo él mismo, veía con enojo en esta obra un principio de rebelión contra sus convicciones académicas; todo lo que nos demuestra que correspondía el temperamento literario de ambos poetas al clasicismo entonces imperante.
    La poesía de don Ramón de la Cruz, representando la voz del carácter nacional, del mismo modo que la de García de la Huerta, significaba la visión retrospectiva de las letras del Siglo de Oro español, o por decirlo así una débil intención a favor de la tradición literaria del pueblo castellano.
    Como ya lo dijimos anteriormente, al afirmarse el tratado de Utrech, con el advenimiento de Felipe V, empezó a afrancesarse España en todos los órdenes de actividad, inclusive, desde luego en literatura, hecho que fue de fácil realización, por cuanto desde tiempos atrás se venía sintiendo en la Península un cierto movimiento de admiración por las letras francesas, caracterizado por la traducción de algunas obras cornellianas al castellano. Enfrentóse esta revolución extranjerista a las direcciones clásica y tradicional a que hemos aludido, y que traía desde luego una indiscutible mejora; pues la Poética de Luzán, apóstol de la tendencia francesista comenzó por una crítica encomiable en algún modo, por la agudez con que embestía contra los centenares de poetas charlatanes y oscuros que pululaban entonces en España; enseñando a olvidar toda actualidad para construir de nuevo la poesía española subordinándola a los principios de Boileau. Y sin embargo, no obstante el valor relativo que representaba esta escuela, así como el de las tendencias clásica y tradicional, todo esfuerzo para suscitar una literatura que estuviera a la altura del espíritu del siglo, fracasó.
    ¿A qué obedecía esta resistencia al resurgimiento? Sin duda, a que los movimientos de restauración que se efectuaban no respondían al estado del pueblo español. Debilitado el pensamiento viril y filosófico del espíritu que había informado la poesía del Siglo de Oro, como lo hemos probado al hablar de la raza ¿cómo querer resucitarlo contrariando las leyes de la naturaleza? Producida la voz de libertad y de renovación en las diversas esferas de la actividad humana, como lo hemos visto al tratar del medio social ¿qué fuerza podía tener el carácter preceptivo del clasicismo? Y por fin, las doctrinas de Boileau, si bien servían de una especie de higienización en el parnaso español, como ideal artístico no podían haber prevalecido, por cuanto en la misma literatura francesa, se desmoronaban al influjo arrollador de los nuevos ideales producidos por la revolución de 1789. Arrinconados los literatos españoles de aquella época en la ruina y degeneración de la poesía, se la dieron en remedar los debates que sobre ciencias sociales y filosofía se sostenían en Francia: incapacitados para el vuelo por el éter luminoso de las musas, bajaban a la humilde prosa. Gil y Zárate dice que: «con la decadencia política de España yacían exánimes las artes y las letras que acompañan siempre a los pueblos en su grandeza y los abandonan en sus adversidades».
    Por otro lado, la aparición del espíritu satírico ha sido siempre signo seguro de decrepitud o decadencia literaria. Y todo lo poco de poesía que se conoce como producción de aquel siglo no son otra cosa que sátiras de distinta clase: Juan Pablo Forner, el P. Isla, los fabulistas Iriarte y Samaniego y el moralista Cienfuegos, cuyos versos ampulosos y amanerados, respiran una ironía amarga tras de las líneas de sus personajes, todos estos fueron satíricos.
    En consecuencia, pues, aquella poesía no correspondiendo a los horizontes nuevos que se abrían al espíritu humano, tenía necesariamente que morir para dar paso a otra orientación artística, producto del estado de la raza, el medio y el momento histórico.

    II
    CRÍTICA DEL ROMANTICISMO

    Estudiar una escuela poética, cuyas raíces se esfuman en muchos siglos atrás y cuyas proyecciones aún circulan en las actuales sociabilidades sin distinción étnica de ningún género, será arduo propósito nuestro, tanta por la seria importancia que reviste en sí, esta faz de la actividad intelectual del siglo pasado en que tiene su más palpitante relieve, cuanto porque su amplia visión no cabe dentro del ambiente de este trabajo de suyo preciso y por lo mismo de modestas proporciones.
    Gigantes son casi todos los literatos que han comulgado en el altar de la poesía romántica; y profundos e inmensos los nuevos mundos que han descubierto en el campo del Arte. Y antes de criticar a los representantes de esta escuela, debemos advertir que si no damos previamente la definición del Romanticismo en la poesía castellana, es debido a que correspondiendo este término a tan compleja naturaleza de actividad intelectual y a tan inmensa orientación artística, se nos escapa a una noción precisa y sintética; y creemos que la exposición hecha hasta acá y lo que expondremos seguidamente, dará una idea de la escuela.

    * * *

    Representantes del Romanticismo. -Don Manuel José Quintana es el padre de los poetas revolucionarios.
    Con él empieza el Romanticismo. Algunos creen a Quintana clasicista, sin duda por la heterodoxia que respiran sus odas, por su calurosa elevación pindárica y por su adversión a la tradición española. Acaso podría ser cierto este juicio, procediendo con arreglo a un premeditado prejuicio de secta. Pero felizmente para la crítica contemporánea, todo examen debe realizarse desligado de toda pasión de escuela y dentro de un sano ambiente de imparcialidad y tolerancia. El autor de la oda A la Imprenta es romántico de verdad, porque su inspiración bebe en la vida palpitante de su siglo. En su poesía hay una filosofía entre positivista y sombríamente soñadora, que se hermanaba también, de un lado con el espíritu del medio ambiente, y de otro con aquel elemento étnico intelectual que distinguía a la España de aquellos tiempos.
    ¿Tuvo acaso ningún poema de motivo antiguo o mitológico, ni en las formas de sus versos hay la escultura sencilla y la música clara y argentina, «como leve lluvia de oro sobre campo de cristal», que caracterizan a la poesía clásica? Ningún asunto de importancia más permanente, en que se admire el poderoso ingenio de un hombre repercutiendo en una obra mortal, cuya gloria rece con el trascurso de los siglos, que A la invención de la imprenta, oda de un género de poesía que no pertenece por ningún motivo al seudo-clasicismo, ni por su tema enteramente nuevo, ni por el cristal filosófico con el que ha sido éste contemplado para transportarlo a los dominios del ideal estético, y por último, porque en esta composición se trasparenta la conciencia que la época tenía del valor de cada siglo y de cada actividad. Líneas son éstas, que dan la filiación romántica de la poesía de Quintana.
    Además, en las odas patrióticas de este ingenio se nota el tinte subido de la sangre española que cabrillea bajo el sol meridional, así como el fondo de orgullo patriótico y los velos evanescentes de ensueño voluptuoso latino.
    Todo esto era, pues, cosa propia, enteramente propia de la tendencia romántica, confirmada por la libre variedad del ritmo que hasta la disonancia campea en las estancias del cantor madrileño, en que, para último testimonio de lo que aseguramos, surge ya aquel principio de reforma liberal en el pensamiento español, aquella variación de ideales, el trotar imperioso de las ideas modernas en el solar castellano, o para decirlo todo con un verso de Hugo «la libertad en la luz», aquella reforma de que se expresa Francisco García Calderón, que «disputaba a la tradición el alma de la raza, en el fondo de cuyo conflicto trágico, vibraba la gran lucha entre el orden y la energía libre, la autoridad y la razón, el espíritu colectivo y el espíritu individual». Así, pues, el romanticismo proclamaba el relieve personal en la actividad del mundo, la nota de hegemonía subjetiva pero colocada sobre el lozano campo de las cuestiones del día.
    También traduce el pindarismo de este poeta alguna que otra nota de queda melancolía o algunas actitudes de nostalgia pensativa, como si agotado su plectro grandilocuente, inclinara la frente para tomar aliento y sosegar: es entonces cuando es el español cansado, que suspira emocionado por el otrora de juventud ya pasada.
    Mientras hacia 1830 Hugo y Lamartine, representantes del romanticismo francés, estaban poseídos de principios monárquicos y religiosos, don Manuel Quintana en España, era, como hemos visto, reformador en ambos sistemas sociales, sin que por esto aquella poesía francesa deje de tener una íntima semejanza con el primer poeta romántico español, por la inspiración moderna, libre y apasionada, la predilección por la metafísica hecha de un positivismo forzado por la crisis especulativa de su época, en el que entre un sombrío fondo de misterio y de tristeza, parpadean inciertas perspectivas de idealismo místico, lo que hiciera decir a nuestro poeta que «la preocupación primaria y esencial de la poesía es pintar la naturaleza para agradar, como la de la filosofía explicar sus fenómenos para instruir; así mientras que el filósofo observando los astros indaga sus propiedades, sus distancias y las reglas de su movimiento; el poeta los contempla y traslada a sus versos el efecto que en su imaginación y en sus sentidos hace la luz con que brillan»; por esta metafísica decimos, por la espontánea y movida riqueza del ritmo, desenfrenada y abundante rima, y para decirlo todo, porque llevaba Quintana, por delante de sus versos filosóficamente dulces y penetrantes, como en la proa de dorados bajeles de ensueño, la bandera de su raza y de su siglo.
    Algunos escritores americanos creen ver en José Joaquín Olmedo y Andrés Bello, marcados acentos de romanticismo, por las fuentes de inspiración que en ambos poetas son contemporáneas, y por las orgías de la imaginación, como llamaba Bello a las creaciones puramente fantásticas en que se mengua los fueros de la razón; pero esto no es cierto, porque en Olmedo está patente la entonación homérica, por la sencillez de la descripción, el impersonalismo de sus temas, las alusiones a la epopeya troyana, la reflexión preponderante aun en medio de sus más sublimes arrebatos de la mente, y en fin, por la combinación estrófica que se resuelve en majestuosas silvas de versos clásicamente limpios, claros, en su mayor parte libres. Menéndez y Pelayo ha dicho de él que «de todos los poetas clásicos del siglo XIX, Olmedo es quizá el único que a duras penas puede dar materia para un pequeñísimo volumen», y cita después este símil:

    Tal el joven Aquiles

    del Canto a Bolívar, calificándolo de asombroso y que puede considerarse como la estrofa más literaria y más clásicamente pura.
    * * *

    Por los mismos caracteres, debe descartarse al poeta colombiano de la legión romántica; y basta para ello citar la poesía científica y eminentemente objetiva que informa su temperamento y el prisma virgiliano por medio del cual contempla la naturaleza en su Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida.
    * * *

    Esto mismo no podría decirse del cubano Heredia, quien aunque conceptuado por algunos críticos modernos entre ellos don José Martí, como de filiación clásica, nos parece, siguiendo a Francisco García Calderón, de genuina cepa romántica. Canta Heredia sus ideas y sentimientos personales de una manera persistente en los asuntos que elige como ocasiones para exteriorizar su vida íntima; pues ya se dirija al sol en penetrantes imágenes admirativas, o se destroce el corazón en la tormenta, brilla en el cielo nebuloso de su vida de inquietud, siempre presente, como último refugio, la imagen de Dios destacada en una filosofía propia de su genio original y grande, mientras de noche sobre un monte, descubierta la cabeza, alza la frente en la tempestad; y «cuando haya abandonado a la monstruosa y sublime visión niagaresca, como dice Martí, aquietará su espíritu desolado con el frescor de la lluvia nocturna, pero donde se oiga a los pies de una mujer bramar el mar y rugir el trueno». Esta lúgubre preocupación que levanta en su alma, lo hermoso, lo grande, lo inefable que no cabe en la poesía seudorealista, razonada y serena del clasicismo pasado, ¿no es acaso al entrar en el espíritu de Heredia, ideas que, evocadas constantemente, vienen a asimilarse, a organizar, por decirlo así, la psicología del gran poeta, porque es en él precisamente donde tiene caída, y donde aquel exterior sublime se humana para siempre? Nos parece que sí, porque el inmortal cubano veía en cada una de esas imágenes objetivas, girones de su espíritu, sombrío como la noche, tempestuoso como el huracán y glorioso como el sol. Este es el caso del pesimismo de Alfred de Vigny, el otro caudillo del romanticismo francés, en cuya poesía negrea el alma de Schopenhauer y en que los asuntos son meros pretextos para confiarnos su manera íntima de pensar y sentir, como dice Brunetiere. En este sentido, Heredia es hermano de Lord Byron.
    El ritmo ligero y tumultuoso, el desenfreno de su vocabulario galicista y la pompa natural del verso que es tanta, como dice un autor, que «cuando decae la idea por el asunto pobre o el tema falso, va engañado buen rato el lector, tronando e imperando, sin ver que ya está la estrofa hueca», son las notas características de Heredia. Pues bien ¿qué se deduce de este lenguaje poético, sino que correspondía perfectamente, en este respecto, también la poesía herediana con las reglas románticas, cuyos principios de libertad literaria, eran, después de todo, genuinas manifestaciones, de la libre, confusa y compleja agitación social y política de la época?
    Pues el lema de los adelantados caudillos del Romanticismo era la renovación del estilo y de la métrica en moldes de espontaneidad más libre, a fin de encerrar en ellos las nuevas actividades del siglo.
    «Las divergencias en el procedimiento -dice un sesudo escritor habanense-, al fin y al cabo se han reducido a límites más circunscritos, convirtiéndose, o para ser más exactos, transformándose en el pleito sobre el estilo, pleito que en este campo se halla mejor fundamentado, envolviendo el problema de psicología que en definitiva ha de resolverse dentro de los principios más generales del arte literario.» El estilo, pues en poesía, es la imagen del hombre interno proyectada en el paisaje variable del motivo de inspiración; y los hombres del siglo XIX siendo diferentes de los de tiempos anteriores, necesitaron otras formas de procedimiento literario. «El clasicismo -seguiremos al mismo escritor- hizo una lengua encogida, estratificada, con no sé qué de inmovilidad y aspecto de momia en medio de su vitalidad. El romanticismo, como una erupción ígnea de los períodos de formación del planeta, todo los acudió, rompió, resquebrajó y metamorfoseó, convirtiendo los elementos primordiales en mármoles, jaspes, pórfidos y piedras preciosas.» Y agregaremos nosotros, que Heredia ha hecho esto mismo, con el movimiento y flexibilidad que por obra de su espíritu inquieto y libre, ha dado al léxico clásico.
    * * *

    Llegamos a don José Espronceda «el hombre tipo del Romanticismo».
    La poesía de este hermano de Byron es la imagen fiel, el espíritu eminentemente preciso del romanticismo castellano. A la vista de sus versos que se hunden en el alma del lector como fantásticas lágrimas de sombra y amargura, que horadan al cielo tranquilo de la fe, como crepitantes ascuas de todo un pueblo, de toda una época acaso, que se estremece en las llamas torturantes de una filosofía pesimista hasta el escepticismo; a la vista de sus versos, vemos que en él se cumple de una manera amplia y definitiva la doctrina romántica. Empezando por la orientación de los asuntos de inspiración de Espronceda, el personalismo es, en último análisis, el motivo de todos sus cantos, prestando este positivo elemento de subjetivismo artístico, como dice el inglés Fitzmaurice-Kelly; la vida y colorido a sus cantos, por lo que es sin duda el más distinguido poeta lírico español de su siglo.
    Espronceda se presenta en su poesía en toda su sinceridad, es decir, tal como es en sí mismo, no ya prestando su personalidad para ocuparse de lo que le rodea, como en el romanticismo francés de Victor Hugo, que vino más tarde a dar origen al sentido objetivo y al naturalismo, en que acabó la escuela romántica. No era Espronceda, decimos, nada de esto; pero esta mirada fija con que el poeta apuñaleaba su yo, era hija de la inestabilidad que palpitando en toda esfera de actividad de su siglo, originaba la duda y el escepticismo. Y así, José Martí, ha dicho: «Ni épicos ni líricos pueden ser hoy con naturalidad y sosiego los poetas; ni cabe más lírica que la que saca cada una de sí propio, como si fuera su propio ser el asunto único de cuya existencia no tuviera duda, o como si el problema de la vida humana hubiera sido con tal valentía acometido y con tal ansia investigado, que no cabe motivo mejor, ni más estimulante, ni más ocasionado a profundidad y grandeza que el estudio de sí mismo. Nadie tiene hoy su fe segura. Los mismos que lo creen, se engañan. A todos besó la misma maga. Aunque se despedacen las entrañas, en su rincón más callado están airadas y hambrientas, la Intranquilidad, la Vaga Esperanza, la Visión Secreta. Un inmenso hombre pálido, de rostro enjuto, ojos llorosos y boca seca, vestido de negro, anda con pasos graves, sin reposar ni dormir, por toda la tierra; y se ha sentado en todos los hogares, y ha puesto su mano trémula en todas las cabeceras, ¡qué golpes en el cerebro! ¡qué susto en el pecho! ¡qué demandar lo que no viene! ¡qué no saber lo que se desea! ¡qué sentir a la par deleite y náusea en el espíritu, náusea del día que muere, deleite del alba!» Espronceda es este hombre que vive y vivirá al través de los siglos animando los versos de El Diablo Mundo. La filosofía de este poeta, es la de Byron, hasta tal parentesco, que no falta quien crea ver en sus versos una imitación del autor del Caín. Pero no puede haber peor necedad que esta impostura. Si Espronceda no fuera quien es, una personalidad original, un genio de inconfundible distinción, de sello único, tal vez se pudiera admitir aquella especie. En el poeta español está latente el alma de su raza, es la genuina expresión de la latinidad ibérica del siglo, que se debatía en luchas de todo género, social, político y filosófico, y más que todo, lo distingue su sentimentalismo ardoroso y apasionado, subyugador del cerebro, y el poder creador de su mente soñadora, dócil instrumento del corazón castellano. En sus más sublimes entonaciones, el genio de Espronceda no tiene símil con Byron, y es precisamente en las que está de relieve la tendencia originalmente latina, por la fuerte exaltación emotiva, la emocionante fiereza del color vivo y el desbocado vuelo del ideal imposible perdiéndose por resquicios borrosos que dan a la noche de la nada y el desengaño. Abstracción vacilantemente irreligiosa, actitud como de quien se retira del banquete del mundo, hacia lo oculto, y que con la vista fija en lo que abandona, arma un despectivo ceño de protesta en la frente, y se eleva al flotante contacto de las sombras en que se pierde. Más bien, pudiera verse alguna influencia de Goethe, pero nada más que por lo que toca a la ejecución y plan de El Diablo mundo, y por el espiritualismo de su metafísica. Lo demás es cosa propia de la psicología española del siglo XIX, como se ve por este verso de Espronceda:

    ¡Dicha es soñar, y el riguroso ceño
    no ver jamás de la verdad impía!

    Su principal poema, El Diablo Mundo, es la lucha entre lo vano y pasajero del mundo, y el eterno ideal por la inmortalidad, entre la realidad pueril de la vida
    a la que tanto nuestro afán se adhiere,
    y los destinos eternos, que acaso por obra de intelectualización del sentimiento de perpetuidad instintivo, ha creado el espíritu del hombre. Es pues, esta lucha la lucha de sentimientos de Espronceda, la personificación del espíritu del siglo y de España: es decir, el poeta no intentó pintar el aspecto objetivo de su obra, deliberadamente, con el propósito preconcebido de que su lira fuera el diapasón al que venía a estremecer el soplo tumultuoso y sublime de la vida humana, para, en choque formidable, arrancarle un eco que volviera a las orillas de la historia, como la queja de un siglo que pasa enfermo por el seno mudo de la naturaleza.
    Esto no lo pensó Espronceda, como no pensó el Manco de Lepanto que el fondo de Don Quijote había de espejar eternamente los dos modos opuestos de conceptuar la vida. Su psiquismo era el poema; y cabe decir que la poesía de Espronceda existió, desde el momento en que vivió el poeta.
    En El Diablo Mundo palpita de un lado el mundo con sus cosas que acaban, que nacen y que mueren como fuegos fatuos, y de otro lado una quimera mágica lejana, difusa y misteriosa que atrae desde ultratumba. ¿Tendrá realidad esta visión ultraterrestre? Y en caso de tenerla ¿es el paraíso de que nos habló el Nazareno en el Gólgota?
    Esta epopeya que vivía en el alma de Espronceda, es suya, es su idiosincracia, su personalidad artística, su genialidad filosófica; y es legítima por eso, y porque caracteriza en la fisonomía particular y concreta de un solo hombre, la preocupación metafísica de una época de la humanidad, preocupación consistente en saber dónde está el fondo eterno y absoluto de todas las revoluciones del pensamiento, de todos los ademanes de la sociedad, de toda la marcha evolutiva de la naturaleza. José Espronceda, como romántico de alma, obsesionado por el recuerdo cercano aún, del análisis devastador del siglo anterior y contemplando la inseguridad y la revuelta que bamboleaban la sociedad en su tiempo, como consecuencia de la ausencia de una metafísica firme y fuerte, pensó que si todo, y hasta lo que es obra de la razón y la libertad del hombre, se desmenuza y pulveriza, muere y es reemplazado por otra fórmula, ¿dónde está lo cierto, invariable y eterno? Y este pensamiento del poeta está hecho tangible en la enérgica pintura del «hombre agobiado por la edad, amargado por la dolorosa e inútil experiencia, que cierra desesperado un libro en que leía, y se convence tristemente de la esterilidad de la ciencia».
    Los demás poemas de Espronceda responden al mismo espíritu de El Diablo Mundo, más o menos.
    A un nuevo pensamiento, a una nueva cuestión, eterna, universal, había de exigirse una elocución nueva, un modo nuevo de expresión.
    La manifestación artística del espíritu social que hable en términos tales a todos los hombres, que pueden estos entusiasmarse por ella, amarla, como ama el padre al hijo en quien se traduce dulcemente el alma de quien le dio vida, he allí el ideal del arte. Y esto lo que hizo Espronceda.
    El idioma castellano, por ley de evolución se metamorfoseaba por obra del espíritu innovador de los poetas románticos, como evolucionaba la lengua francesa en el sentido de la riqueza y flexibilidad a precio de quebrar la gramática dictatorial, inclemente y errónea del neo-clasicismo pasado. Sin alterar la sustantividad del léxico español, se llenó muchos vacíos con que se tropezaba para la manifestación de ideas que no podían pasar a la dicción, si las voces que las expresaban no eran consagradas previamente por la academia intransigente y déspota; en una palabra se enriquecía la lengua. Pues bien: esto y la ruptura de leyes sobre el lenguaje poético, llevó a cabo Espronceda fatalmente, irresistiblemente, por fuerza ciega de su psiquismo; y aquella dura preceptiva del verso, al sentir en su seno el robusto temperamento poético de este hombre, estalló en un rompimiento de asfixia, sedienta de espacio y de luz.
    Ros de Olano decía de él, que «aspirando nuestro poeta a compendiar la humanidad en un libro, lo primero que al empezar ha hecho, ha sido romper todos los preceptos establecidos, excepto el de la unidad lógica».
    Basta leer El Diablo Mundo para darse cuenta de la variedad métrica, del juego maravilloso y efectista del ritmo, no menos que de la libertad bien entendida con que ha manejado la rima de modo tan intensamente musical y profundo. Pero no es que él creara esta poética, volvemos a repetirlo, voluntariamente, reflexivamente, que en este caso no hubiera hecho poesía de emoción, poesía de sentimiento y entusiasta vitalidad rítmica: porque Espronceda no es el parnasianismo que sacrifica los tonos de vida a los ingeniosos juegos de color y armonía, en que trasformaron el romanticismo los sucesores de Hugo; ni es el pasticismo griego o helenista, de fría pulcritud y simetría, de algunos pseudo- clásicos anteriores suyos en el parnaso español; no es nada de esto, sino el canto sacudido, descuidado, franco, tumultuosamente melodioso, imagen de la emoción, palpitación intensa del pensamiento grande y hermoso, como un ardoroso toque de sol, dentro del cristal trasparente de la palabra, que se estremece y brilla; canto que se escucha repercutir en el fondo más íntimo del corazón, como la orquesta de la vida universal, en la que vibran desde las silenciosas lágrimas, todas las notas de la gama del corazón humano, hasta las carcajadas del placer. No podía ser otra la música para tan sublime letra.
    Las estrofas llamadas de arte menor, con no sé qué de frívolas, ligeras y pueriles, le prestaron su concurso para lo que por razones de fidelidad en la expresión, podían servir, como orquestación de ideas vulgares por su poca importancia, o como aires juguetones y libres en que se exteriorizan las vanidades del mundo. De eufonía variable, debido a la propia naturaleza de sus organismos prosódicos, estas formas de la métrica no tuvieron nada que mejorar bajo el cincel de Espronceda, después de cuanto las trabajaron los poetas docentes del siglo XVIII. Imagen de los seres, que van por el mundo tras los frívolos placeres, sin tener la idea inquietante y elevada del por qué de las cosas, en esta estrofita:

    Allá va la nave,
    bogad sin temor,
    ya el aura la arrulle,
    ya silve Aquilón.

    Mas, aquel severo y olímpico endecasílabo de los Argensola, inflexible y majestuoso, adoptó una infinita variación de actitudes e intensidades: y con una determinado número de acentos tónicos de lenta duración o de desfile rápido, como cuando dice:

    Los siglos a los siglos se atropellan,
    los hombres a los hombres se suceden...

    O ya estallando den un bronco grito de ansiedad, de dolor o de ira, clava un acento profundo y sostenido en la palabra que esto expresa, aunque por ello se disloque la cadencia total del verso y se altere el sonido prosódico de aquélla. Es el endecasílabo el verso por excelencia, favorito no sólo de Espronceda, sino de todos los poetas románticos españoles. El alejandrino de Berceo y el dodecasílabo de Juan de Mena, metros predilectos también de la musa castellana, parece que no gustaban o no estaban de acuerdo con la organización poética de Espronceda, pues no los ejercitó casi.
    Las leyes del verso, sin duda, como las leyes del lenguaje en general, están basadas en las leyes psicofisiológicas del hombre. Cada pueblo tiene su verso, como cada individuo tiene, por lo común, su voz propia, un timbre especial en sus palabras: podría considerarse a cada forma de la métrica y del ritmo como el timbre especial de la poesía de un pueblo, así como la rima es la nota de distinción por excelencia entre los versos de música igual. Por eso, tal como la Francia del romanticismo tuvo su medio de expresión favorito en el alejandrino del siglo XVIII modificado por Hugo, también el período romántico español halló su mejor cristal de exteriorización en el romance y en el endecasílabo, hecho flexible, adornado de una rima opulenta y rica; por lo que cabe asegurar, sin temor de equivocarnos, que es lógico y racional que aún una misma forma métrica correspondiente a una sociabilidad determinada, es susceptible de trasformación y aun de abandono con el trascurso del tiempo y con la evolución de dicha sociabilidad. Y he aquí la legitimidad de la revolución que Espronceda llevó a efecto, siendo la voz de su pueblo y del momento.
    Don José Espronceda, a nuestro modo de ver, es el jefe del romanticismo en la poesía castellana, porque no es el caudillo de un movimiento intelectual o físico cualquiera, aquel que levanta por primera vez la bandera revolucionaria, aquel que lanza la visión naciente de una nueva actividad, sino aquel que aun militando ya después de otros predecesores suyos en las filas ya formadas, coge el estandarte de rebelión, y levantándose con él, hacia una altura donde no llegó nadie antes, lo bate al lado del sol, como una águila victoriosa, y lo deja clavado arriba, mientras él vuela a la Gloria.
    * * *

    Tras el joven poeta que en treinta y tres años de vida había realizado toda una definitiva misión en el progreso humano, aparece el eminente don José Zorrilla, en cuya figura literaria, según algunos críticos, muestra su más alto relieve el lirismo romántico. Mas toca aquí resolver una cuestión de mucha importancia para los principios de la escuela que recorremos y para su historia. El autor de Don Juan Tenorio no representa el apogeo del romanticismo, por razones bien fundadas.
    Muy por encima de las leyendas en que ha vaciado Zorrilla la nota genuinamente española, en que la poesía que las anima es el rancio perfume de las tradiciones de la raza hilvanadas bajo el ardoroso sol meridiano, muy por encima de las leyendas, está el canto polífono de El Diablo Mundo, de este grandioso poema, hijo de las entrañadas de la humanidad, al mediar la centuria pasada, y que de este modo aventaja en espontaneidad de motivo y en sentimiento cristiano, al Fausto de Goethe. Las leyendas si ganan por su fuente de inspiración, en cuanto es ésta la historia del pueblo español, con todos su episodios guerreros y sus fanatismos, con todas sus efervescencias y sus frágiles ideales, en una palabra, si estos poemas «están escritos en el polvo y en las ruinas de los antiguos monumentos y castillos», podrán siendo la voz de la raza, responder a uno de los caracteres de la poesía romántica, pero su importancia intrínseca no llena el ideal del romanticismo en sus relaciones con la sociedad y la evolución humana. «No descuella, pues, Zorrilla, por la familiaridad con los sistemas filosóficos modernos que forman el rasgo superior en las relaciones de Goethe -dice Camacho Roldán-pero es ante todo, un poeta, poeta de la naturaleza, poeta de la música del lenguaje, poeta de la expresión feliz, que imita del ronco viento el mugidor empuje.»
    Contemporáneo de Espronceda, Zorrilla Tuvo una vida más larga para llevar sus ideales de artista a la realidad; y así fue.
    En la obra literaria de Zorrilla hay dos géneros perfectamente distintos: la dramática y la leyenda. Corresponden al primero el tan popular Don Juan Tenorio y El puñal del godo, entre otros dramas, así como Más vale llegar a tiempo que esperar un año y Ganar perdiendo, entre sus comedias.
    El juicio sobre estas obras lo tiene ya emitido el gran tribunal de la posteridad, y la crítica ha dicho tanto ya sobre ellas, que aquí no nos cabe abordarlas de modo más necesario y nuevo, sino en cuanto estos poemas responden en tal o cual sentido a la escuela de que vamos tratando.
    Desde luego el Don Juan Tenorio es a nuestro modo de ver, el drama de más popularidad de todo lo que sobre teatro se ha escrito en lengua castellana; y este prestigio hondo y sincero de que goza en el seno del pueblo, es, sin duda, motivado por dos razones principales: la fuente en cuyas aguas bebió su inspiración Zorrilla, para elaborar el amplio pensamiento de esta obra, y la forma con que ha sabido corporeizar su ideas. Don Juan Tenorio no es una figura creada por obra Zorrilla, prescindiendo de la visión de la sociedad, por obra a priori de su asombrosa fantasía que de eso y más aún era capaz, sino un personaje que corresponde a la tradición del pueblo español y al espíritu de su sociabilidad; más aún: el protagonista de este drama es el tipo genuino de una idiosincracia del hombre, es en términos precisos, la personificación pasionalmente erótica, irreligiosa y valiente de la humanidad romántica; y como imagen de estas ideas y sentimientos del espíritu, él ha brotado de la sociedad a la escena, como una flor natural, obedeciendo a aquella ley de Guyau que dice que, así como en los macizos de montañas existe algún rincón a donde va a resonar el ritmo plural de la naturaleza y en donde se compendian las voces todas de la comarca; del mismo modo, en la actividad humana brota un hombre que encierra en su vitalidad psíquica superior las tumultuosas palpitaciones del corazón. Tal es Don Juan Tenorio. Corresponde sin duda la médula simple y básica de esta figura del arte, a la existencia real de un hombre, que el pueblo conoció y que la tradición engalanó con fantásticos rasgos y lo pintó con las asombrosas líneas de su rara organización psicológica. Tirso lo llevó a la escena, y en este sentido Tirso fue romántico. Mas Zorrilla le aventajó, porque además de presentarnos la figura en escena, con los caracteres universales a que hemos aludido, le infundió un vigoroso espíritu de latinidad castellana; y es así como Don Juan Tenorio es la imagen pura y fiel del hombre español, y por este motivo es tan favorecido de la estima popular. Y en cuanto al arte formal del desarrollo de la obra, es otra fuerza poderosa que ha detenido y arraigado el pensamiento del autor en la imaginación de todo aquel que habla el idioma español. Por todas partes de oye recitar con deleite trozos enteros de los versos de Don Juan Tenorio, debido a la sublime sencillez del estilo, a la familiar elocución fraseológica y al empleo predilecto del metro romance y del endecasílabo que son para los españoles tan amados y dulces, como que son esos cortes de armonía, los latidos del pecho castellano.
    ¿Y qué distinto diremos de El puñal del godo? La idea dramática organizadora de este poema, no tiene diferente origen de la de Don Juan; también es flor sangre y sentimiento español, también es el trasunto del espíritu social de la época en que fue escrito, y por esto es de genuina inspiración popular, informado como está, por los legendarios recuerdos medievales.
    En el segundo género Zorrilla mantiene el temperamento romántico de los motivos de sus obras dramáticas. Se diría que sus leyendas nos han traído por un milagro de su genio portentoso, desde el camposanto grave y melancólico de la España medieval, el vivo aliento del antiguo amor platónico, de los góticos monasterios solitarios y del místico y ardiente entusiasmo patriótico de los Cides y Pelayos. Nunca el lirismo español supo animarse tan enérgicamente del cálido soplo del alma ibérica; nunca distendió mejor en sus creaciones la malla de los gloriosos recuerdos remotos, ni dio a sus obras más nítidos primores de colorido local y de formas arquitectónicas. Otros poetas habrán hecho cosas mejores en materia de pensamientos altos, perfección lineal y belleza en las tonalidades plásticas, pero ninguno ha conseguido copiar tan fielmente las misteriosas mansiones señoriales de la Edad Media, llenas de penumbras inquietantes y abstracciones monacales, las negras noches de tempestad que enlutan las bravías sierras de España y en las que brama el viento y reina un religioso tono de tristeza espiritual; y en fin, ninguno ha logrado mostrarnos tan claramente los matices esfumados ya, del espíritu de la raza, matices ora de salvajes ímpetus de altanería, ora de suavísimos y alados deliquiso de ternura, ya de sublimes fanatismos cristianos, ya de maldiciente y violenta irreligión; ora de sangre criminal, ora de púrpura de martirio. Admirad un brochazo de belleza quintaesenciada en la ejecución a favor de la idealización, cuando pinta la visión de Margarita la Tornera en el convento:

    Pero con fulgor tan puro,
    tan fosfórico y tan tenue,
    que el templo seguía oscuro
    y en silencio y soledad.

    Sólo de la monja en torno
    se notaba vaporosa
    teñida de azul y rosa
    una extraña claridad...

    Pero algunos críticos murmuran en sus tradiciones falta de estudio en cuanto a especulaciones filosóficas, defecto del que en verdad carece el lirismo del autor en cualquier trozo que se tome al azar de su inmensa obra. Es equivocada e injusta la censura. Dígalo, si no, cuando pontifica cantando que:

    ...la hermosura
    es prenda que con envidia
    el cielo dio, y con perfidia
    por castigo a la mujer.

    Y que quien cifra sobre ella
    el bien del amor ajeno,
    no acierto más que veneno
    en su delicia verter.

    Fácil es ver en la labor literaria de Zorrilla, un carácter común que identifica todas sus poesías, cual es la forma dramática o cuando menos dialogada que emplea siempre, circunstancia que tiene su explicación en el espíritu de vida intensa que el autor quiso comunicar y comunicó a todas sus obras, y a cuyo fin concurre tan fuertemente la dramatización del pensamiento a favor de la claridad y vigor de las ideas.

    No aspiro a más laurel ni a más hazaña,
    que a una sonrisa de mi dulce España.

    Tal cantaba el poeta en su preludio, cuando invitaba a gustar en su poesía:

    las sabrosas historias de otros días.

    En efecto: mientras Espronceda perdía en el sentido nacional de sus temas de inspiración, lanzándose al mundo para recoger de la actividad del espíritu humano las eternas inquietudes, las agitaciones permanentes que lo afanan para la solución de los problemas metafísicos; mientras este coloso del pensamiento espiritualista, afrontando la odisea del siglo en su camino hacia la conquista de sus ideales, cantaba todos los desencantos y todas las dudas en una robusta entonación, libre, candente, arrolladora, como el empuje de la vida misma; Zorrilla, nostálgico de las mocedades de su raza, soñando las horas legendarias del pasado de su pueblo, más español que humano, más patriota que universal, ponía como cuerdas de su lira las viejas fibras del corazón castellano; y de allí que en su poesía, como ya lo hemos dicho, prepondera la ardiente fantasía de las bajas latitudes, la melancolía dorada del meridiano, la irreflexión heroica y fiera, la teología consoladora y la tristeza instintiva del alma española. En este sentido, la obra del autor de Don Juan es el resurgimiento del clasicismo español, en cuanto todos los argumentos de sus obras son tan genuinamente retratos de la realidad social, que parecen, como ya lo hemos dicho, proyecciones de la vida efectiva, repeticiones de hechos, ideas y sentimientos que han pasado por la escena de la vida.
    O si no, ved el hálito vital de que está penetrado un pensamiento que de otro modo expuesto hubiera resultado de fugitiva comprensión:

    ¿No es verdad que cuando a solas
    hablo con vos, Don Rodrigo,
    va vuestra alma en lo que os digo
    como nave entre las olas,
    esperando de un momento
    a otro, verse sumergida
    por la mar embravecida
    de mi airado pensamiento?

    Y la imagen enérgica de una actitud:

    ¿No es verdad que cuando clavo
    mis ojos en vuestro rostro,
    os hielo el alma y os postro
    a mis pies como un esclavo?

    ¿Y qué decir de su técnica?
    Al hablar de Espronceda hemos dicho que el verso predilecto del romanticismo en España ha sido el endecasílabo y esto mismo nos demuestra Zorrilla; pues la mayor parte de sus poemas dramáticos están desarrollados en esta forma métrica, y en el romance asonante secular, el que como muy bien dice Piñeiro, sólo en el plectro zorrillesco goza del natural encanto y la música bravía con que aparece en los cantares de gesta españoles.
    Y por lo que respecta al género tradicionalista, inclusive el poema Granada y Al Hamar, prepondera casi exclusivamente la misma combinación de medida primitiva, algunas veces adornada de rima consonante que si bien le quita su valor de espontaneidad y fácil donaire como metro heroico popular, le hace ganar en fuerza auditiva y en melodía, así como en efecto plástico.
    En consecuencia, don José Zorrilla, puede decirse, sin negar la influencia directriz de Lamartine y Musset, dada la preponderancia que tenía entre todas las literaturas europeas el romanticismo francés, fue un genio cuyas obras son fruto exclusivo de su organización artística y de su temperamento filosófico personales. Y esto está comprobado por el hecho de que ningún poeta del grado suyo, ha sido representante y voz de su raza y de su época en el punto de superarlo o igualarlo; cosa que se manifiesta claramente no sólo en los asuntos, sino también en la técnica formal de sus obras, lo que diera lugar para que don Alberto Lista, como clásico de corazón, en una aguda censura a que diera lugar la ultra libertad de la manera ejecutiva de Zorrilla, exclamara leyendo las grandiosas creaciones de este autor, que «cuando en las alas de la idea quiere volar nuestra fantasía al empíreo, una expresión incorrecta, una voz impropia, un galicismo o neologismo imposibles nos advierte que estamos pegados al fango de la tierra». «No podemos atribuir este defecto a la escuela del Romanticismo actual, tanto porque sus caudillos de Francia no se han libertado nunca del yugo de la gramática, más pesada mil veces en la lengua francesa que en la castellana, como porque existen entre nosotros muchos poetas que pertenecen a la misma escuela y que no obstante la libertad que se toman en sus raptos de imaginación, no se atreven sin embargo a traspasar los límites que el lenguaje poético ya formado ha impuesto a las licencias del genio.»
    Sin duda, Zorrilla, dejaba muy abajo en cuanto a la técnica, a muchos de sus contemporáneos, en su exaltación autónoma y conocimiento profundo de la ciencia de las bellas letras, de ahí que a despecho de los aristarcos y de los juicios de la preceptiva en vez de ser extravíos, como decía el maestro de la Universidad de Madrid, aquellos rompimientos de las reglas académicas del lenguaje, han resultado uno de los mejores méritos de su obra, porque en cuanto a morfología, el verdadero legislador y el motor para la transformación o desaparición de voces, no es la antojadiza voluntad de los literatos, sino la sociedad, que cumple así una de las varias proyecciones de la ley de la evolución del espíritu humano. Por eso es que, Zorrilla penetrado de esta verdad, llevando a su poesía todo el sentir, querer y actuar de su pueblo, él mejor que nadie sabía hasta dónde iba, siguiendo los impulsos de su propia y original orientación artística; y hoy la sociedad ve en su dicción, palabras y voces que todos los días se oyen en las relaciones diversas de la vida del pueblo español. Por esto dice un autor que «no se encuentra en Zorrilla reminiscencia de la grandiosidad de Homero ni de la delicada ternura de Virgilio, ni de la expresión filosófica y culta de Horacio: no se nota en sus versos el sabor exótico pero agradable que la lectura de los literatos extranjeros comunica, pero de él puede decirse lo que Michelet decía de Alejandro Dumas, que era una de las fuerzas de la Naturaleza».

    * * *

    Es verdaderamente admirable la popularidad que llegó a despertar la musa de Zorrilla en las tierras de América, y más sorprendente es todavía ver cómo de todos los grandes bardos que han brillado en los mejores apogeos de las letras españolas, sólo el cisne de Valladolid logró imponer su sello en la poesía latino-americana. Toda la producción del segundo tercio del siglo pasado, está caracterizada por una tendencia bien distinta de la manera de Olmedo y Bello, tendencia que puede descubrirse en Gertrudis Gómez de Avellaneda, honra y prez de la cultura cubana, quien sus poesías líricas, sabe concertar de un modo superior, la febril fantasía de la mística España, con la voluptuosidad inquietantes de la flora tropical. En esta poetisa, que muchos la califican como la más grande de su época, hay la sagrada comunión de los rasgos característicos de Iberia y la índole de la sociedad hispano-americana independiente: es decir que en la poesía de esta ilustre cubana palpita el beso de luz de la madre y el hijo en una identificación fecunda de ambas civilizaciones. Prueba de ello es la virilidad primitiva, la fuerza jovial que se muestra en los lirismos de doña Gertrudis como expresión de americanidad, y las enfermizas y melancólicas quimeras del arte español. Dios y el Hombre es una concepción de visible filiación lamartiniana, por la altura del pensamiento y algún resquicio de panteísmo espiritual. En esta poesía defiende la idea de la libertad en todas las manifestaciones de la actividad humana; y expresa un fondo de misticismo cristiano y de fogoso sentimentalismo.

    * * *

    Representa también el romanticismo de Zorrilla, Plácido, el mulato cubano, en cuya sangre palpitaban más enérgicamente los ideales fervorosos de autonomía americana, y de protesta contra la organización social aristocrática, sobre el sentido monárquico de la psicología española. Los asuntos favoritos de las fábulas en que vaciaba el humorismo escéptico y acre de su situación social deprimida por equívocos principios de superioridad de otras razas, son en su mayor parte cuestiones de moral social elevadas a la categoría de los más avanzados problemas de filosofía. Respira sin embargo gran parte de su poesía, al menos la que se refiere a su juventud, un pronunciado acento erótico, que rebosa en sus sonetos, que son modelos de selección en la forma, a manera de una llamarada azul y escarlata que se infiltra en el corazón, y se desliza con suavidad de labios de mujer, en los más íntimos jardines del sentimiento. Fue también un sacerdote del Romanticismo, porque elevándose a muchos codos más por encima de su época, con intención generosa de iluminado, predicó futuras conquistas de progreso para su patria, por quien lloró siempre en sus más tristes y bellas silvas. En la Siempreviva, la poesía que todos la calificaron como la mejor de su plectro, que dedicó a Martínez de la Rosa, y que fue como la afirmación definitiva de su personalidad literaria, sobre un fondo de ideales monárquicos y de sentimientos de adhesión y cariño para el trono de Cristina, sopla una corriente robusta de panteísmo espiritualista, cuando cree ver en los fenómenos de la naturaleza los reflejos del espíritu social.

    POETAS ROMÁNTICOS PERUANOS

    Como ya hemos dicho, el Romanticismo fue objeto de gran entusiasmo por parte de la mentalidad latino-americana; y no podía ser de otro modo. Ligados nosotros a España por vínculos de sangre, idioma, religión e historia, tenemos razón para sentir en nuestro espíritu todo movimiento que se opere en aquel pueblo. Además, en las primeras épocas de nuestra independencia política, del Perú, al igual que los demás países de Hispano-América, ha sido como una mera proyección de las formas de actividad española, porque a pesar de que, al proclamar nuestra autonomía, había alguna cultura e cierta importancia entre nosotros, sin embargo por muchos años no hemos podido ni podemos aún vivir sin dejar de imitar a los pueblos europeos.
    La literatura peruana de casi todo el siglo XIX es un perfecto romanticismo; y gran popularidad han tenido y tienen aún entre nosotros Zorrilla y Espronceda.
    Don Felipe Pardo y Aliaga, colega del autor de El estudiante de Salamanca, en la Universidad de Madrid, de cuya labor literaria hemos oído disertar en la Facultad de Letras de Lima, es un poeta romántico en cierto modo, no por lo que le toca a la ejecución artística, en que siguió fielmente a su maestro don Alberto lista, sino por el humorismo tan picante y la gracia tan sabrosa e irónica; pues el Romanticismo entre nosotros tuvo en algunos poetas un carácter original en cuanto la poesía tomó un pronunciado sabor ligero y ágil de sal ática, y en cuanto las costumbres, carácter e ideas populares, al pasar a los dominios del arte, ocultan la personalidad del poeta. Don Felipe fue, pues, humorista y amante de pintar las costumbres nacionales, exteriorizándolas en bien cortados sonetos y bellísimas letrillas.
    Manuel Acuña y Gutiérrez Nájera han cultivado este mismo género en Méjico, y por esta razón algunos críticos les niegan parentesco con la poesía romántica, lo que no nos parece justo, puesto que este mismo elemento de ironía y gracia picaresca, cierto más filosófica, surge en Campoamor, quien indudablemente, no por esto, deja de reunir muchos motivos para ser considerado como un neoromántico, calificativo que es aplicable también a los dos poetas mejicanos y a Pardo y Aliaga.
    Después de éste, consideramos a Carlos Augusto Salaverry y Arnaldo Márquez, a quien estimaba tanto el padre Zorrilla, sin duda porque veía en él a un hermano suyo en Apolo. Citamos a estos dos poetas juntamente, porque encontramos una gran semejanza entre sus temperamentos artísticos. El primero militar y el segundo diplomático, los dos han cantado en dulcísimas elegías el sentimentalismo romántico más penetrante. Hemos sentido profundas emociones siempre que los hemos leído; y muchas veces hemos tenido el propósito de hacer un estudio de ambos, especial y detenido, pero la imposibilidad de conseguir todas sus poesías nos lo ha privado. En los dos poetas el tema general y favorito de inspiración es el amor; en Salaverry, el amor a un ángel, como él llama a la mujer objeto de sus sueños; y en Márquez, es el amor a su madre. Lamartine decía que al escribir un verso, lo primero que sentía era una disposición musical sin saber aún qué idea iba a desarrollar, y que todavía mucho después acudía el pensamiento; es decir le ocurría lo que, en virtud de las leyes de la génesis del verso, ocurre a todo poeta verdadero: primero la emoción y después la idea. Pues bien: a Márquez le pasaba lo mismo; casi todas sus poesías empiezan por una mera armonía para entrar después a la concepción general del poema, de lo que nos da una idea la composición titulada A solas, en que empieza diciendo:

    Mi corazón rebosa de armonía.

    Y después, sabe llorar amargamente pensando en la miseria humana, gimiendo que:

    ...El cielo tiene luz, la flor rocío,
    y hasta las olas de los turbios mares
    visten de espumas el azul salobre...
    Yo sólo tengo lágrimas... ¡Soy pobre!

    La falta de esperanza que guíe a manera de una estrella al corazón despedazado por el dolor profundo, en un momento de desengaño, un verso que por su alta filosofía vale por todo un poema y es digno del mismo Espronceda; esto es cuando se dirige a su tierna madre que acongojada vela, para ayudarla a sufrir diciéndole:

    ¡Quién te dará, aunque mienta, una esperanza!

    Salaverry es menos místico que Márquez. La tumba de mis ensueños, tal es en nuestro parecer, su mejor composición, por el espiritualismo erótico, que la informa, la concepción honda de la vida, y más que todo, por el ansia de inmortalidad que la anima, por las rotundas imágenes delicadamente melancólicas, tiernas, nostálgicas y por la casticidad en la elocución y la sobriedad de los giros. Desengañado del mundo, el joven poeta se despedía de las vanas quimeras de la vida, cantando de este modo:

    Quiero un celaje, un lánguido murmullo,
    un perfume, una queja, algún rumor
    que sollozando con doliente arrullo
    repita el eco de mi triste voz!

    Luis Benjamín Cisneros y José Santos Chocano, he aquí otros dos grandes poetas que también guardan entre sí una íntima semejanza. Ya han sido los dos identificados por Ventura García Calderón. Ambos son románticos. El primero lo es en toda su obra; y el segundo es en su primera manera, distinguiéndose éste de aquél, porque, en cuanto es romántico no soporta ningún refinamiento, ninguna reflexiva orientación en el gusto, mientras que Cisneros sabe enfrenar su inspiración y la fuerza emotiva en formas delicadamente pulidas y armoniosas, como se puede ver por estos versos:

    Mil veces triste, en mi abrasada mano
    mi frente joven recliné abatida,
    y he preguntado a mi conciencia en vano
    el último secreto de la vida.

    que no habría escrito Chocano, autor de esta otra estrofa de su primera manera:

    Alta la sien, más con dolor profundo
    dejo la sociedad en que vivía,

    en que se nota que la emoción de tristeza parece que temblara en toda su vitalidad inarmónica en el segundo verso.
    Hugo es el maestro del autor de Iras Santas, en que es desde luego más subjetivo, personal y humano que en el naturalismo de su segunda manera, en que presta sus ideas y sentimientos para traducir en felicísimas comparaciones la relación entre los fenómenos objetivos y los del espíritu.
    Carlos Germán Amézaga pertenece también al romanticismo, no de una manera completa, por la ausencia de sentimentalismo en su poesía, pero sí por la actualidad de sus asuntos de inspiración y por el sentido filosófico a veces demasiado reflexivo y menos espontáneo. Dígalo, si no, su famoso poema Non plus ultra, de ritmo tan variado y melodioso y de dicción tan pura.

    * * *

    Hoy en el Perú, desgraciadamente no hay ya el entusiasmo de otros tiempos por el Romanticismo; y digo desgraciadamente, porque siendo todo sinceridad en esta escuela, es de lamentar que ahora nuestros poetas olviden esta gran cualidad que debe tener todo buen artista. Dados demasiadamente a la imitación, hoy más que nunca se desplega la tendencia desenfrenada por seguir en literatura el camino de los de fuera. Si bien es cierto que, como dice José Enrique Rodó, en América todavía no se puede vivir en poesía sino de prestado, porque atravesamos aún por un período de formación; si bien es cierto que, como dice Justo Sierra, es necesario beber en las fuentes puras de los autores extranjeros para suscitar el buen gusto y los ideales, no por esto debemos seguir ciegamente, de un modo servil a los maestros, aun ahogando la voz de nuestra raza, de nuestro gusto innato y nuestras costumbres. Raza joven aún, en una naturaleza tan rica y grandiosa, como es la nuestra, no debemos, los peruanos en especial, leer a los extranjeros, sólo por leer, sin asimilar sus ideales, sólo para volver a escribir los mismos sentimientos y pensamientos, en las mismas formas y aun en el mismo género de elocución; no. Lectura metódica, tino para conocer nuestras vocaciones y más cultura, he aquí todo lo que José de la Riva Agüero ansía como medio de proclamar nuestra autonomía en literatura.
    Mucho se habla entre nosotros de que los estudios literarios son inútiles. No necesitaremos aquí probar lo erróneo y temerario de semejante afirmación; pero sí debemos declarar que esta aversión al Arte, tan arraigada en el pueblo en los actuales tiempos, es debida a la falta de educación, que no permite tener una idea clara y completa de la vida armónica y plena del hombre, pues ningún pueblo culto e ilustrado repele nunca el noble sacerdocio de la Poesía. Por ahora nosotros anhelamos, pues, la difusión de la cultura en la masa popular y el desarrollo económico, como medio de formar una literatura brillante, digna de nuestra amada Patria.
    Trujillo, Setiembre 22 de 1915.

    miércoles 15 de abril de 2009

    LA DECADENCIA DE LA CONVERSACION

    Peter Burke

    Se han escrito muchos libros sobre el arte de la conversación, algunos de ellos últimamente. Uno de los temas recurrentes que tratan es que ha estado en declive durante los últimos 50 años, si no más. El asunto adquiere el máximo protagonismo en una de las aportaciones más recientes, del estadounidense Stephen Miller, La conversación: Historia de un arte en decadencia. Según su autor, la edad de oro de la conversación fue el siglo XVIII, especialmente en la Gran Bretaña de David Hume, Samuel Johnson y sus amigos. No habla muy bien sobre la práctica de la conversación en su país, ni siquiera en el siglo XIX, cuando la situación le parece buena en comparación con lo que vino después, en especial cuando se ocupa de los «enemigos modernos de la conversación», desde Norman Mailer al rapero Eminem, y sobre «las formas que tenemos actualmente de no conversar».

    Mundo perdido. Por supuesto, debemos tener cuidado con no idealizar ni exagerar las virtudes de ese «mundo de la conversación que hemos perdido», tanto si nos referimos a las Cortes de la Italia renacentista (caso de Urbino, descrita por Baltasar de Castiglione en su Cortesano), como a los salones del París de los siglos XVII y XVIII (con anfitrionas como la marquesa de Rambouillet o Julie d?Espinasse) o las tabernas y clubes de Londres y Edimburgo en el XVIII. A fin de cuentas, Johnson era un gran hablador, pero no está nada claro que escuchase lo suficiente a sus interlocutores como para ser considerado un gran conversador. Desde mi punto de vista, la descripción de Miller es demasiado pesimista y simplista. Aun así, la idea de un arte en declive proporciona un buen tema para la reflexión, en el sentido de que nos anima a plantearnos preguntas sobre la naturaleza de la conversación y sobre las condiciones materiales, sociales y culturales que hicieron de la buena conversación algo posible en el pasado y que podrían facilitarla hoy o en el futuro.

    Es habitual señalar que la sociedad contemporánea depende de una división del trabajo mucho más marcada y de una especialización del conocimiento y las habilidades mucho mayor que en las sociedades del pasado. Por tanto, no es de extrañar que, hoy en día, sea necesario diferenciar varios géneros de oratoria, como ramas que salen del tronco común de la conversación general.

    En buena forma. Para un profesor universitario como yo, uno de los primeros de dichos géneros que me viene a la cabeza es el seminario académico, en el que el debate general que sigue a la presentación de un tema concreto es, como mínimo, tan importante como la presentación en sí. Cercano al seminario, aunque algo menos formal, está el grupo de debate que se reúne de forma habitual a una hora determinada para debatir temas elegidos de antemano. Una clase especial de grupo de debate es el programa de entrevistas, que tiene lugar en un estudio de televisión y permite que millones de personas escuchen y, a veces, que intervengan enviando sus preguntas por teléfono. Un cuarto género de charla es la entrevista, que por lo general es un diálogo entre dos personas, aunque a veces pueda incluir a más participantes. Estas cuatro formas de charla parecen seguir vivas y en buena forma.

    En los cuatro casos, el espacio en que tienen lugar las conversaciones es algo extremadamente importante. Los organizadores de seminarios, por ejemplo, saben que los debates son más animados en determinadas salas y en torno a ciertas mesas (especialmente las redondas), igual que saben cuándo ha llegado el momento de cambiar el espacio académico por una cafetería o un bar, porque si los participantes beben juntos la conversación fluirá incluso con mayor libertad. La tradicional tertulia española tenía lugar en un café concreto por el mismo motivo. Conversaciones menos formales y más generales tenían lugar, y aún lo tienen, en torno a mesas durante la cena, ya sea en casa de alguien o en un restaurante. Nuevamente, una de las razones por las que la cultura tradicional de la conversación aún sobrevive en las Facultades de Oxford y Cambridge es que disponen de salas comunes en las que se sirve café y vino.

    Espacio virtual. Sin embargo, la aparición de internet ha traído consigo un desafío a nuestras concepciones tanto de los géneros de conversación como de los espacios para realizarla. En su libro, Miller habla brevemente del blog o bitácora como un ejemplo más de lo que llama «dispositivos que evitan la conversación» y evoca la imagen de un individuo solitario pegado a su pantalla. Sin embargo, también podríamos pensar en los blogs de una manera más positiva, como una forma de comunicación. Igual que los chats ofrecen un espacio virtual para flirtear y cotillear, los blogs otorgan a los individuos corrientes la oportunidad de expresar sus opiniones sobre la actualidad y añadir comentarios sobre las opiniones de otras personas. La imposibilidad de ver u oír a los demás que escriben tiene la ventaja de liberarnos de ciertos prejuicios. La idea de una conversación escrita puede resultar rara al principio, pero no es tan novedosa como parece. Los visitantes chinos en Japón y los japoneses que iban a China solían enzarzarse en las llamadas «charlas de pincel», aprovechando que ambas lenguas habladas son incomprensibles entre sí, pero el chino y el japonés utilizan la misma escritura.

    Castiglione, la marquesa de Rambouillet o Johnson podrían haberse escandalizado con estos avances recientes, pero parecen apropiados para una sociedad que es relativamente democrática e igualitaria, a la vez que sofisticada desde el punto de vista tecnológico. En cualquier caso, si pensamos en los blogs como una nueva forma de conversación, junto a otras tradicionales como seminarios, grupos de debate y entrevistas, concluiremos que la decadencia del arte de conversar está lejos de producirse.

    VALLEJO PRESENTE

    Rv: Presentación de nuevo número de la revista Ínsula Barataria. Jueves, 16 de abril. Centro Cultural de España a las 6:30 p.m.

    15/4/09, Abanto Aragon David Antonio De: Abanto Aragon David Antonio <dabanto@norma.com.pe>
    Asunto: Presentación de nuevo número de la revista Ínsula Barataria. Jueves, 16 de abril. Centro Cultural de España a las 6:30 p.m.
    Para: "Abanto Aragon David Antonio" <dabanto@norma.com.

    CESAR VALLEJO PRESENTE


    UN DIA COMO HOY 15 DE ABRIL, 1938 EL ESCRITOR UNIVERSAL PASO A LA INMORTALIDAD

    sábado 4 de abril de 2009

    FUERZA A JULIANA


    Una desconsolada Juliana Oxenford decidió, esta semana, enviarle al suplemento "Ellos y Ellas", de la revista Caretas, una sentida carta en la que le pidió a los lectores de la publicación que entienda por qué, después del terrible fallecimiento del periodista Álvaro Ugaz, ha decidido "alejarse de todo y de todos".

    "En algún momento empezaré a escribir y haré de este dolor una especie de reportaje que guardaré siempre conmigo. Pero hoy lo único que les puedo decir es que necesito estar apartada de todo y de todos para sentirme al menos un poquito más cerca de él", escribió la prometida del querido periodista que, hace algunos días, pereció tras un accidente automovilístico.

    "Solo el tiempo me enseñará a vivir sin ese "corazón" que él se llevó consigo, porque era de él y solo para él; que tengo que acostumbrarme a levantarme cada mañana sin ese "buenos días mi amor" que me decía cada vez que se escapaba de la cabina de radio para llamarme al celular ; que debo aprender a sentirme "feliz" de que (a pesar de todo) nos mantuvimos más juntos que nunca; que a la última persona que llamó antes de esa maldita madrugada que le apagó el cerebro para siempre , y después se lo llevó, fue a mí y, que, aunque separados físicamente porque yo me había quedado en Lima por trabajo, hablamos más de cinco veces en cuatro horas y nos dijimos cuánto nos amábamos y conversamos de lo convencidos que estábamos de querer pasar el resto de nuestra vida juntos", añadió.

    Como se recuerda, el primer y único contacto que la joven periodista tuvo con la prensa local, después de los trágicos sucesos de la madrugada del 23 de marzo, fue desde la clínica Maison de Santé de Chorrillos, donde Juliana dio a conocer, muy esperanzada, que su novio había resistido a la primera operación quirúrgica a la que fue sometido.

    Pero, después de la muerte de su prometido, y tras verla asistir, a duras penas, a la misa y velatorio de Álvaro; Juliana explica en su misiva cómo vive y vivirá con su inmenso dolor.

    Finalmente, la periodista compartió un texto que, de acuerdo a ella, Álvaro le dijo cuando iniciaron su relación, así como durante la última vez que se vieron.

    "Tú eres mi punto de retorno, aunque discutamos, y no estemos de acuerdo en algunas cosas, y yo esté de viaje y tú, en algún pueblito haciendo un reportaje, siempre estarás ahí, porque después de tantas vueltas siento que siempre quiero y debo regresar a ti".

    FOTO: Caretas

    jueves 2 de abril de 2009

    Fwd: PEQUEÑO BRINDIS POR BLANCA VARELA/POR: JUAN CRISTOBAL

    jueves 2 de abril de 2009

    ---------- Mensaje reenviado ----------
    De: UNIVERSIDAD SOCIALISTA JOSE CARLOS MARIATEGUI
    Fecha: 2 de abril de 2009 16:11
    Asunto: PEQUEÑO BRINDIS POR BLANCA VARELA/POR: JUAN CRISTOBAL
    Para: "Univ.JC Mariategui" , foro_centenario@yahoogroups.com, generacion_resurgimiento@yahoogrupos.com.mx, comite_pro_80_aniversario_creacion_heroica_de_jcm@yahoogroups.com, juventudps@yahoogroups.com



    Jueves, 02 Abril de 2009

    Hace más de dos semanas, apróximadamente, falleció la poetisa Blanca Varela. En homenaje a su memoria el compañero Juan Cristóbal nos redacta este texto de reconocimiento a sus aportes. Lo remitimos para su más amplia difusión.

    Universidad Socialista JC Mariátegui



    PEQUEÑO BRINDIS POR BLANCA VARELA



    Por: Juan Cristóbal





    Blanca Varela (cuyo primer libro "Ese puerto existe" lleva prólogo de Octavio Paz) representa un hito importante que pasó desapercibido, no obstante participar en el famoso grupo de Westphalen que sacaba "Las Moradas". Luego colaboró en editar "Amaru". Pero ¿por qué pasó desapercibida?




    Poesía de Blanca Varela



    Se ha hablado mucho en los últimos años sobre la poesía de esta notable escritora. Añadiré, solamente, que su poesía me impacta por las siguientes notas que, para mí, pasan a ser fundamentales en su poesía y en la poesía peruana e hispanoamericana:




    -Una conciencia del desamparo y de la soledad, especialmente en el campo amoroso. Frente a ello una reflexión filosófica a partir de su propia existencia y de la realidad del mundo exterior, lo que la hace ser profundamente racional y a veces lógica ante la presencia de lo cotidiano.



    -Un antiretoricismo desnudo y vital que va acompañado de una fina ironía (siempre negra), a pesar de la angustia envuelta en la pelea con lo absurdo. Por lo que cada palabra, cada verso aparece como una necesidad, pues hurga en la entraña del hombre pues quiere encontrarle su humanidad, lo que nos hace sufrir con sus emociones y emocionarnos hasta el descalabro con sus sufrimientos.



    -Es una poesía que jamás se pierde en el caos. Siempre conserva un centro, una armonía sólida y equilibrada, a pesar que trata con un mundo hostil, caótico y desarraigado.



    -Finalmente, hay un trasfondo popular a través del empleo de refranes, canciones infantiles, el mundo de sus hijos. Por lo que también trasluce una gran inocencia (no candidez) en sus expresiones poéticas.



    -La poesía de Blanca Varela no es optimista, pero tampoco negativa: ama la vida y la muerte de una manera franca, vital e inocente. Siente, sin embargo, una dificultad para optar por la esperanza humana.



    Aportes de Blanca Varela a la poesía peruana



    Parto de un principio filosófico-político: lo esencial no está siempre en el plano de lo real, en la realidad objetiva y visible. Sólo cuando la realidad alcanza en su desarrollo cierto nivel, es que se muestra la esencialidad, es decir, la plenitud de esa realidad, por lo que la esencialidad se vuelve indispensable. Y por supuesto, tienen que haber elementos orgánicos y pensantes asi como dinamismos colectivos que ayuden a esa visibilidad. (Ejm: una revolución)



    Esta es la impresión y la respuesta que tengo de por qué hoy la poesía de Blanca Varela se torna importante, necesaria. Y por qué antes aparecía como desapercibida (aparte de haber sido la esposa de Syzslo): porque la realidad, que ella poetizaba no se había desarrollado lo suficientemente y Blanca Varela había tocado fibras muy profundas de esa realidad que no podían ser comprendidas en ese momento. Y hoy, sí. (La crisis existencial de los años 50 se parecen a las de ahora, sólo que hoy es más profunda, pero puede ser mucho más comprendida porque, entre otras cosas, hay elementos culturales y sociales, que también se han desarrollado, que nos lo hacen comprender mejor). Aparte, por supuesto, del papel que hoy cumple y desarrolla la mujer en la sociedad.



    Ese es el primer aporte fundamental de BV a la poesía peruana: el tocar fibras muy profundas y fundamentales de la realidad peruana. El segundo es el silencio.



    Se dice que toda gran poesía modifica o profundiza nuestro punto de vista, incluso nuestro destino, pues una obra de arte que no realice ello, que no quede en algún rincón de nuestra memoria, no es una obra de arte trascendente. Y la poesía de BV me hace comprender el destino de hoy más que por lo que dice, por lo que calla: por lo que dice el silencio de sus versos, que representa para mí la explosión del silencio. Pues su silencio me transmite la necesidad de la liberación del hombre -en su plano social y moral- y eso significa que su poesía refleja su tiempo, el tiempo histórico y existencial en que se desenvuelve.



    Pero el silencio de BV no es sólo en su producción poética, sino también en su actitud humana, en su comportamiento ético: jamás ha deseado ni querido un protagonismo social, ni le ha interesado aparecer o asomarse como una sobreviviente. Sino solamente como lo que es: una mujer peruana que escribe poesía. Y este es su tercer aporte.



    A pesar que vivimos en un mundo de rápidos desgastes, la poesía de BV no se ha desgastado. Todo lo contrario: ha cobrado una dimensión importante en la poesía peruana y latinoamericana. Y una influencia de primer orden en la poesía actual de las mujeres que se dedican al duro oficio del escribir (y que ojalá esa influencia literaria también vaya acompañada de la sinceridad moral y ética que fluye de la personalidad de BV), asi como en los grupos feministas, a pesar que en alguna entrevista (a Ultima Hora) BV señalaba que la mujer sólo se puede liberar a través de la lucha de clases y en una organización revolucionaria. Todo lo cual estructura su cuarto aporte.



    Finalmente, creo que la poesía de BV es ya una herencia cultural, pues nos ayuda a vivir, a comprender este mundo insano, corrupto y perverso. Y de paso, a comprendernos a nosotros mismos, y a exigirnos a ser lo más transparentes posibles. Y si bien su grito es distinto al de los poetas sociales de los 50 y posteriores, el destino literario ha elegido, como paradigma humano y poético, el lenguaje de su grito.



    Enviado el 14 Marzo de