lunes, 27 de mayo de 2013

NICANOR PARRA : AUTORRETRATO

domingo, 26 de mayo de 2013

TINTAN EL REVOLTOSO( 1951)

CESAR VALLEJO EN PARIS, UBICACION DE LA TUMBA EN MONTPARNASSE

CESAR VALLEJO Y JOSE CARLOS MARIATEGUI

MARCO MARTOS : "CUATRO CONCIENCIAS "Y LA EFICACIA DE CESAR VALLEJO

Report du débat sur les jeunes Belges partis en Syrie (newsletter du 24.05.2013)


From: investigaction <no-reply@investigaction.org>
Date: 2013/5/25
Subject: Report du débat sur les jeunes Belges partis en Syrie (newsletter du 24.05.2013)
To: 101495 <luismiguel1952@gmail.com>


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Bruxelles: report du débat
"Ces jeunes qui partent en Syrie : que pouvons-nous faire ?"

Attention ! Suite à l'indisponibilité de certains participants, ce débat qui était prévu ce mardi 28 mai est reporté à début juin. La date définitive et les participants vous seront communiqués début de la semaine prochaine. Merci de faire suivre cette information à vos connaissances...
On estime entre 80 et 100 le nombre de jeunes Belges partis combattre en Syrie. Beaucoup hélas ne reviendront pas. Et ceux qui reviendront : dans quel état et avec quelles conséquences ici ? Un drame épouvantable pour les parents et une angoisse pour notre société toute entière...
Interpellée par de nombreux professeurs faisant part de leur désarroi, l'Association pour une Ecole Démocratique (APED) a décidé d'inviter responsables politiques et analystes du Moyen-Orient pour analyser les causes du phénomène et ce qu'il est possible de faire aux différents niveaux.
Ce débat se mènera bien sûr dans le respect des convictions de chacun, avec le souci de dégager des pistes pour l'action concrète.

Salle Velge, IHECS, 58-60 rue de l'étuve, 1000 Bruxelles (métro Bourse). Participation aux frais: 2,5 ?


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Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
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cel 993754274

miércoles, 22 de mayo de 2013

JULIO CARMONA : LA POETICA DE JAVIER HERAUD


LA POÉTICA DE JAVIER HERAUD
Por: Julio Carmona.

Este año (2013), el poeta peruano Javier Heraud (1942-1963) habría cumplido 71 años de edad. Murió a los 21, “entre pájaros y árboles”, como lo intuyó en la “Elegía” de “Yo no me río de la muerte”. Y no se trata de plantear ucronías, pero uno se pregunta: Si hubiera seguido vivo ¿habría madurado más su poesía? Y, desde la lógica, es una pregunta impropia. No obstante, sirve para verificar un hecho incontrastable: que ya su poesía había logrado esa madurez, propia de los elegidos por la vida y los marcados por la muerte: “(…) Ya lo dije, nunca/ suelo reír de la muerte,/ pero sí conozco su blanco/ rostro, su tétrica vestimenta” (Ibid.) Nótese que en el encabalgamiento del tercer verso (“pero sí conozco su blanco”) queda la impresión de que se hace referencia al objetivo del francotirador: ‘el poeta se sabe blanco de la muerte’, como que está marcado por ella.
Pero -también, ‘ya lo dije’-: elegido de la vida, Javier Heraud se expresó a favor de ésta (increpándole a la poesía): “sucede que te vuelves excluyente/ y ya no puedo poseer a la noche ni a la luna,/ ya no puedo poseer a los ríos ni a los mares/ como a la poesía de niño:/ acariciándolos y dejándolos partir”. He ahí la vida y la muerte: conjugadas en un solo ser que sólo la poesía bifurcaba, que sólo la poesía escindía, y que sólo por la poesía atestiguaba.
Javier Heraud, en el Perú de los años sesenta del siglo pasado, inauguró una forma de escribir poesía, sincopada, con versos breves, formados a veces con sólo una conjunción (“y” / “o”): “sólo/ mi soledad/ y/ su/ silencio” (Poema “Solo”, del libro El río); o si no: “Levantarme,/ sentarme,/ recostarme en/ las vertientes/ o/ las orillas/ de los mares…” (Poema “El deseo”, del libro El viaje). Pero también hizo algo más: reivindicó las “poéticas”, es decir, aquellos poemas que convierten a la poesía en tema de sí misma. Ejercicio que había caído en desuso. Él lo revitalizó. Y lo hizo no sólo en textos titulados, ex profeso, así: “poética” o “arte poética”, sino además en otros en que trata diversos temas, como es el caso de la parte II del “Poema para Antonio Machado” (poeta que, dígase de paso, Javier Heraud revaloró para los poetas jóvenes de los sesenta), ahí dice: “… me despido de los sueños y las muertes/ y de un solo tajo acabo para siempre/ con esta poesía. / ¡Ah poesía de la flor y la palabra,/ poesía del viento y de las mieses!”
Sea ésta una oportunidad propicia para analizar uno de los dos poemas titulados “arte poética” de Javier Heraud. Aquél que empieza así: “En verdad, en verdad hablando,/ la poesía es un trabajo difícil”. Y antes de entrar de lleno en el análisis propuesto, vamos a transcribir el poema completo para un mejor disfrute del lector:

ARTE POÉTICA

En verdad, en verdad hablando,
la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.
(Cuando uno es joven
y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
“y escribo y no corrijo,
los poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle”)
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.
Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

Evidentemente, en la propuesta de los dos primeros versos: “En verdad, en verdad hablando,/ la poesía es un trabajo difícil”, se percibe un parentesco con esta otra de César Vallejo: “Quiero decir muchísimo y me atollo”. La verdad y la realidad (que están tan integradas en la vida) animan a ambas concepciones de la poesía, y la dificultad de su realización las hace más solidarias. Pero ambas -y es lo decisivo- con sus respectivas requisitorias, se acercan -y/o alimentan- a la poética del realismo. Hagamos, antes de continuar con el análisis del poema de Javier Heraud, una breve aclaración sobre este tópico del realismo.
Creemos que la teoría literaria -en su desarrollo, desde las épocas más remotas - se encuentra dividida en dos grandes tendencias : la realista y la formalista. No siempre se han denominado así (en la historia literaria se han dado como: renacimiento/barroco; clasicismo/romanticismo; puro/social, etc.). Pero siempre se han planteado como concepciones antagónicas en la teoría y en la práctica. Es en las tres últimas décadas del siglo XX que las expresiones sintetizadoras de esa contradicción serán las de ‘realismo’ y ‘formalismo’ (aunque a la primera mejor le viene la denominación de nuevo realismo para no confundirla con la ‘escuela realista’ del siglo XIX ).
A ambas tendencias -realista y formalista- las podemos definir por su relación con la realidad. La primera se caracteriza por su “acercamiento a”, y la otra por su “alejamiento de”: la realidad. Y para ilustrar mejor sus puntos de vista podemos recurrir a la parábola de Emmanuel Kant referida a una paloma que creía que su vuelo era imperfecto debido a la resistencia del aire; ella creía que de no existir el aire, podría volar mejor.
Algo similar ocurre con los formalistas que reniegan de la realidad y rechazan la presencia del referente real en sus obras. Éstas deben parecer sacadas de la nada o sólo de la imaginación. Mientras que los realistas -contrariamente a “la paloma kantiana”- saben que los productos de su imaginación sólo pueden tener un punto de partida: la realidad. Por eso, reconocen su deuda con ella; no se enajenan de ella. Lo que no implica una sumisión servil, sino un reconocimiento de su ligazón con lo real, a partir de la cual pueden dar rienda suelta a la fantasía y a la imaginación.
Y, volviendo al poema de Javier Heraud, él nos dice que es tal la dificultad del trabajo poético “que se pierde o se gana/ al compás de los años otoñales”. Desde luego, ese “perder o ganar” no tiene ninguna carga pragmatista (menos crematística). Es la pérdida o la ganancia del producto poético, de la bondad o la deficiencia de ese trabajo que sólo los años van decantando. Tal vez esa haya querido ser una negación de la creencia romántica según la cual “el poeta nace y no se hace”. Sin embargo -como decía Rubén Darío: “¿Quién que es no es romántico?”- es verdad: ‘el poeta nace, pero también se hace’. Y es ésta una idea que va a ser sustentada en los versos siguientes: “(Cuando uno es joven/ y las flores que caen no se recogen/ uno escribe y escribe entre las noches,/ y a veces se llenan cientos y cientos/ de cuartillas inservibles. Uno puede alardear y decir/ ‘Yo escribo y no corrijo,/ los poemas salen de mi mano/ como la primavera que derrumbaron/ los viejos cipreses de mi calle’)”. Y hagamos la siguiente observación: no es gratuito -ni, mucho menos, descuido- que el fragmento citado se encuentre encerrado entre paréntesis. Es, precisamente, la opción romántica aludida del “poeta que nace”, y que se vuelve provisoria o que se deja en suspenso, porque la otra opción, la realista: que “el poeta se hace”, no debe descuidarse, y que Heraud está poniendo de relieve para dar sustento -ya lo decíamos- a su concepción realista, que es la siguiente: “Pero conforme pasa el tiempo/ y los años se filtran entre las sienes/ la poesía se va haciendo/ trabajo de alfarero,/ arcilla que se cuece entre las manos,/ arcilla que moldean fuegos rápidos.” Digamos primero que entre los dos primeros versos de este fragmento y los dos, ya citados, del comienzo del poema: “(… que se pierde o se gana/ a través de los años otoñales”) vemos “a las canas” y “al otoño”, estableciendo una correspondencia -a la distancia- entre ambas ideas poéticas. Pero también se nos dice que en la madurez poética no sólo hay dedicación y trabajo, sino además modestia. No es trabajo de intelectual. Es “trabajo de alfarero”. El intelectual trabaja con abstracciones. El alfarero trabaja con realidades. Con realidades al alcance de la mano, y que sólo pueden ser asumidas con el fuego del amor (“Con amor sí” -para decirlo con un verso de Fernández Retamar- porque es probable que sea lo único verdadero”).
“Y la poesía es”/ (continúa Javier Heraud) “un relámpago maravilloso,/ una lluvia de palabras silenciosas,/ un bosque de latidos y esperanzas,/ el canto de los pueblos oprimidos,/ el nuevo canto de los pueblos liberados”. Y una vez más se expresa la actitud realista de nuestro poeta: la poesía es el canto del pueblo -afirma-; pero también es lo inefable: “relámpago maravilloso”, “lluvia de palabras silenciosas” del “poeta que nace”. Y he ahí el punto clave de la ecuanimidad realista. No se trata de desdeñar los aportes y valores que la tendencia formalista busca acaparar; pero no hacer como ésta: tratar con desdén a los elementos cruciales de la realidad que tan bien vivifican en las manos del pueblo. Y podemos citar también aquí a Juan Benet, quien dice que: “En literatura el tema en sí puede ser poca cosa en comparación con la importancia que cobra su tratamiento.” Pero no debemos olvidar que, como acota el mismo Benet (coincidiendo con Heraud y con el realismo): El tema “es el barro del alfarero”. En un mismo modelo de dos vajillas realizadas por distintos alfareros, se verá que son diferentes por las pericias técnicas de cada uno, pero en ninguna de ellas se habrá podido prescindir del barro.
“La poesía es el campo de quienes luchan por la liberación del hombre”, decía otro grande de la poesía realista: Paul Eluard. Y Javier Heraud, dentro de esa tradición, dice: “Y la poesía es entonces,/ el amor, la muerte,/ la redención del hombre.” He ahí el elemento relevado antes: el amor, que es sinónimo de vida, pues hace pareja con la muerte. Y todo ello: la poesía, el amor, la muerte (grandes dimensiones del hacer humano) no pueden tener otro objetivo que la “redención del hombre”, que no es sólo liberación social y política, que es también su propia liberación humana, para triunfar sobre la naturaleza y hacerla suya, amándola, liberándola a ella misma de sus males. El triunfo total del hombre será su propia felicidad, que sólo se logrará construyendo el reino de la libertad y sabiendo que éste es opuesto al reino de la necesidad.
La vida y la muerte de Javier Heraud son fiel testimonio de ese objetivo. Alguien -con malévolo sofisma- ha sugerido que cuando se valora la poesía de los “poetas héroes” pesa más el heroísmo que la misma poesía. En este caso hay que contrariar ese infundio. A Javier Heraud -como a todo cabal poeta- se le puede atribuir la expresión nerudiana: “Para nacer he nacido”. Porque poetas como él no mueren. Nacen y renacen, como la luz del sol.

Julio Carmona
s

21 de mayo. Día de la Diversidad Cultural. Escrivillo es llorar. Folios de la Utopía.



---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 21 de mayo de 2013 10:17
Asunto: 21 de mayo. Día de la Diversidad Cultural. Escrivillo es llorar. Folios de la Utopía.
Para:


 



CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

Construcción y forja de la utopía andina


2013 AÑO

EVANGELIO VALLEJO DE LA SOLIDARIDAD

Y UNIVERSALIDAD DEL MUNDO ANDINO


MAYO: MES DE LOS TRABAJADORES,

DEL LEGADO DE LA PAPA DEL PERÚ

AL MUNDO, Y DEL MAESTRO ENCINAS


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PRÓXIMAS ACTIVDADES

DE CAPULÍ, VALEJO Y SU TIERRA


AULA CAPULÍ

25 DE MAYO, 2013


– INFORME

Y BALANCE DE XIV CAPULÍ


– ANUNCIOS DEL XV CAPULÍ

DEL AÑO 2014


– HOMENAJE A ELADIO RUIZ CERNA


LOCAL: MANCO CÁPAC 440 INT. B

MAGDALENA DEL MAR

ALTURA CUADRA 29 AV. BRASIL

DEL LADO DE SAN MIGUEL

ENTRE AMAZONASY HUAMANGA



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LUNES 17 DE JUNIO


CONMEMORACIÓN DEL VIAJE

DE CÉSAR VALLEJO A PARÍS

MUELLE DÁRSENA DEL CALLAO


DÍA DE CÉSAR VALLEJO

EN EL CALLAO


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PÁGINA WEB:



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Teléfonos Capulí:

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CALENDARIO

DE EFEMÉRIDES


21 DE MAYO


DÍA DE LA

DIVERSIDAD

CULTURAL



FOLIOS

DE LA

UTOPÍA



ESCRIVILLO

ES

LLORAR



Danilo Sánchez Lihón



"Escrivillo es llorar"

Guamán Poma


"La tierra es ancha e infinita

cuando los hombres se juntan"

Washington Delgado



2. Yo soy testigo

de todo esto


El exterminio de las poblaciones indígenas en América Latina, calculado en 80 millones de personas que murieron víctimas de las perversas atrocidades que se hacía incluso como divertimento de la gente que asistía a esos espectáculos a ver a nativos ser devorados por perros de presa.

He aquí una cita del padre Bartolomé de las Casas, que refiere de estos hechos con la aseveración de que él los ha visto, de los cuales da testimonio y no que los haya escuchado decir o referir narrados por terceros:

"Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana... Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas".


2. Como es

y fue


En el Perú la población antes de la llegada de los españoles ascendía a 20 millones de personas, pertenecientes a una cultura prístina, construida sobre la base de la solidaridad y fraternidad humanas, cultura de fiesta del alma ligada al trabajo mancomunado.

Sin embargo en el censo de 1570 a 1575 del Virrey Francisco de Toledo, solo alcanzaban a sobrevivir apenas un millón, para ser exactos: 1,067,696 individuos, a solo 38 años del arribo de las naves españolas a nuestras costas.

Hay una amplia bibliografía y numerosas citas, principalmente de cronistas españoles, que refieren acerca de los abusos, crueldades y actos de ensañamiento cometidos en contra de la población indígena a la cual se la mataba por jolgorio y divertimento.

Recordamos este holocausto porque sigue teniendo prolongaciones lacerantes en el capitalismo salvaje de estos días que niega incluso el derecho al agua a las poblaciones originarias y dueñas de sus tierras.

Y esto ocurre también en relación a la extracción del oro, justamente en el mismo lugar en donde antes se produjeron saqueos, traiciones y actos de barbarie, como es y fue lo que ocurre ahora, y ocurrió antes, en la provincia de Cajamarca.


3. El primer

magnicidio


Porque fue en Cajamarca y en la plaza de dicha llacta, en el atardecer del día 16 de noviembre del año 1532, en donde se perpetró la destrucción del Imperio de los Incas, con el resultado de 10 mil naturales muertos, en apenas unos minutos de masacre.

Ni uno solo portaba armas, mientras los arcabuces, sables y caballos de los invasores producían una estampida que derruyó muros de piedra y en donde murieron personas pacíficas a quienes los convocaba únicamente el sentimiento de cariño y adhesión a su gobernante.

Y es que ¿quién protagonizaba la conquista de estas tierras? La cultura occidental guerrerista, codiciosa e infame; de garrote, alevosa y de horca y cuchillo.

Y el primer magnicidio en nuestro continente ocurre algunos meses después cuando el 26 de julio del año 1533 ejecutan al Inca Atahualpa, quien permaneció capturado ocho meses y medio, tiempo en el cual se habían hecho amigos con todos los conquistadores con quienes departía jugando ajedrez y hasta filosofando juntos.


4. Debacle

del exterminio


A ese amigo con quien departían o mataron sin apelaciones, y solo por el cálculo político. Esa era la moral de la cultura ajena e invasora.

De nada valió el temperamento amplio , cordial e inteligente del soberano indígena. Lo ejecutaron implacablemente y es que ante esa cultura de rapiña y frente a sus intereses no hay amigos que valgan.

Lo que hay son conveniencias y botín. Esos son los rezagos que hay que corregir, si hay algún rasgo de ese tipo que quede entre nosotros. Y si son ellos los que lo siguen perpetrando evitar -que nos sigan tratando igual que en aquel entonces.

Ahora bien, ¿por qué revivimos todo esto? ¿Acaso por recreación morbosa? No. Sino porque esta es una historia vigente, que se repite, que es dolorosa y en estos momentos está pendiente de  solución, cual es el trato desde el poder a las poblaciones indígenas.


5. Zozobraban

por el sobrepeso


Claro que para aquella debacle del exterminio de nuestra población, se sumaron a la actitud despiadada de aniquilamiento, las enfermedades infecciosas que trajeron.

Las epidemias fueron traídas por los europeos, producto de la suciedad reinante en la cual vivían esos países y que no era el caso de las poblaciones nativas acostumbradas a la higiene y a la pulcritud.

Enfermedades como la viruela, la influenza, el sarampión y el tifus que hicieron un estrago devastador se sumaron a aquella acción destructiva de aniquilamiento y que terminaron diezmando a la población nativa.

Todo esto hay que recordarlo y enseñarlo, porque al final los pobres a veces no sabemos a causa de qué seguimos siendo pobres.

Y hay que hacer magisterio respecto a la codicia de los europeos, ahora llamados países ricos cuando siempre fueron pobres, desde donde nos siguen viniendo directivas de saqueo, razón de su propia autodestrucción.


6. Dubitativos

herederos


Como ocurría en tiempos de la colonia que los barcos partían de aquí repletos de oro y zozobraban por el sobrepeso y las tormentas del Caribe y del océano Atlántico.

Pero preferían que el barco se hunda con el lastre de sus propias vidas antes que arrojar al mar una sola pieza de oro, la más ínfima que fuera.

Y sucumbían en el frenesí de la apetencia. Sus propias existencias no valían nada frente al oro y las piedras preciosas.

¡Han naufragado en los océanos galeotes íntegros, repletos de oro y plata!

Pero no solo se persiguió y destruyó aquí la vida, sino que se trató por todos los medios de destruir nuestras creencias, costumbres y hasta las imágenes de nuestros sueños.

Para eso se organizó una cohorte conocida como los Destructores de Idolatrías.


7. A fin

de librarlos


Pero en el fondo nos salvamos porque nos escondieron los vientres de las madres indígenas en las cuales habían procreado.

Y engendraron hijos los conquistadores, vientres de los cuales somos dubitativos herederos.

Fray Buenaventura de Salinas y Córdoba, nacido en Lima nieto de conquistadores españoles, fue Calificador del Santo Oficio en 1630 y escribió un "Memorial de las Historia del Nuevo Mundo".

Era un sacerdote que no acostumbraba a exagerar, quien refiere en su obra que era muy frecuente que las madres indígenas, que daban a luz a sus hijos varones, los ahogaran en el momento de nacer.

Y esto a fin de librarlos de ser enrolados años más tarde para trabajar en las minas de azogue. Este mismo fraile relata un triste suceso en palabras literales, cual es el siguiente:


8. Duélete

de mí


"Habiendo llegado al valle de Jauja un indio que volvía de la mina de Huancavelica para ver a su mujer y a sus hijos y descansar en su tierra, halló muerta a su mujer. Y a sus hijos de 4 y 6 años los encontró en la casa de una tía suya.

Llegó detrás de él el Curaca y queriéndole llevar otra vez a la mina le dijo:

– Bien sé que te hago agravio, pues acabas de salir del socavón y te hallas viudo y con dos hijos que sustentar, flaco y consumido del trabajo que has pasado.

– Así estoy.

– Pero no puedo más; no hallo más indios para completar la mita. Y si no cumplo el número me quemarán, azotarán y beberán mi sangre. – Duélete de mí y volvamos a la mina. –Le ruega.


9. En su propia

garganta


Le respondió el indio a su Curaca:

– Tú eres el que no te dueles de tu sangre pues viéndome tocado del polvillo de la mina y que hallo muerta a mi mujer y con estos dos hijuelos que sustentar, sin tierras que sembrar, ni ropa que vestirles, me haces tal agravio.

Y al ver que el Curaca no aceptaba la razón y la justicia de este indio, este cogió a sus hijuelos, los sacó a una legua del pueblo y abrazándolos y besándolos tiernamente, diciéndoles que los quería librar de los trabajos que él pasaba, sacando dos cordeles se los puso a sus gargantas y, hecho verdugo de sus propios hijos, los ahorcó de un árbol.

Y sacando, luego que llegó el cura y el Curaca, un cuchillo de carnicero se lo clavó en su propia garganta, entregando el alma a los demonios, por verse libre de la opresión de las minas".


10. Para escalar

el cielo


Hace pocos días estuve nuevamente en Huancavelica invitado por la Unidad de Gestión Educativa de esa capital departamental para participar en un curso de capacitación de maestros y nuevamente he tenido la ocasión de visitar otra vez las entradas al socavón de la mina de Santa Bárbara en esa localidad, llamada también Villa de Oropesa.

Allí se ubica la famosa mina de azogue que se remonta a principios de la colonia española. Luce su sombra fatídica encima del pueblo, como un emblema de luto y de dolor. Mina en donde la gente era enterrada en vida. Porque dentro de ella vivían personas que nunca pudieron ver la luz del sol. Y no porque era grato estar sepultados, sino porque eran esclavos.

Mina en cuyo interior existía incluso una plaza de toros, de acuerdo al imaginario de la gente, contándose con dibujos y grabados que recrean esta leyenda. Para mantener presos a estos esclavos ya no era necesario utilizar cadenas porque en donde se los enterraba eran fosos para salir de los cuales  se hubiera necesitado construir escaleras equiparables a aquellas que nosotros necesitaríamos construir para escalar el cielo.


11. ¿De qué

valían?


Mina tóxica. Allí nacían y morían indígenas en condiciones paupérrimas e infrahumanas. Con túneles y galerías sin sistemas de ventilación, que sólo se implementaron siglos después de su intensa explotación.

Mina sin seguridad en donde se registra el dato de que en uno solo de sus derrumbes murieron centenares de indios.

Está escrita la crónica por la cual un visitador de la corona española que tenía que hacer una inspección descendió unos cuantos metros y se sintió asfixiado.

Delante de él sacaron varios cadáveres de indios muertos en ese mismo instante. Sin embargo, no hizo figurar estos hechos en el Informe al Rey que hizo dicho visitador.

Entonces: ¿de qué valían delegados e informes? La estructura de explotación se basaba también en la supervivencia de los funcionarios en los cargos públicos y en la burocracia del Estado.

Y, de otro lado, era impensable que desde lejos hubiera podido el Rey corregir siquiera una pizca de estos hechos.


12. El

"icha carami"


Ir hacia ella era pues un suicidio voluntario, y se lo hacía porque era preferible esa suerte a seguir viendo morir de hambre y miseria a la mujer y a los hijos.

Situación en la cual el suicidio era laborando y estando ocupados. Porque se buscaba la muerte pero trabajando para darle un pan a la familia, suicidio con cantos de tristeza y de nostalgia.

En toda esta explotación no se usaron mayormente llamas o animales de carga para extraer el mineral, porque esos animales valían mucho más que la vida de un indígena en el mercado de trabajo de aquella época.

Para intentar bestializarlos, ¡y eso lo cobraban!, se repartía a los indios o peones ya como una costumbre, ya como una droga el "icha carami".

¿En qué consistía ese alimento del mediodía?


13. Leña del árbol

derribado


Es un costalillo de coca para repartir entre el grupo que trabaja. Es una talega grande de cal con la cual se arma el "bolo". Y, además, es la caña, o el coñac o el pisco.

Y todo ello entregado o repartido al mediodía, como almuerzo.

Con lo cual prácticamente se los droga o se trata de idiotizarlos. También a fin de que el trabajo sea rudo y ciego, sin medir fuerzas ni peligros.

Esto era y es, porque todas estas prácticas siguen todavía vigentes. La porción diaria del "icha carami" que se daba o da al indio peón, o trabajador de la mina ni siquiera era o es gratuito.

Sino que al final se le descuenta de su jornal, deuda que nunca alcanzaba a ser pagada porque no se reduce sino que siempre va en aumento.


14. Escrivillo

es llorar


Ahora también se les da a los trabajadores del campo para hacer leña del árbol derribado.

O para hacer el cerco de piedras o adobes. O para levantar el muro del corral.

O para azuelar la madera a fin de tener vigas de refuerzo para el corredor, antes de la Casa Hacienda, ahora del Municipio o de la Casa Comunal.

Sea para aporcar, que es sacar la tierra de adentro para afuera a fin de airear la raíz de la planta.

Sea para remover la chacra de papa.

O bien sea para el deshierbe de la chacra de trigo o del maíz. No se les da comida sino el "icha carami".


15. Hasta el momento

en que moría


¿Y qué es lo que significa aquella expresión del "Icha Carami"? Al final algo tierno, pleno de dolencia y resignación, significa: "dame lo que quieras".

Esa es la actitud aún dulce del runa, dentro del oprobio.

En cambio a la bestia de carga, sea caballo, buey o pollino, se le da un buen forraje, agua limpia y descanso.

Al indio no, a él se lo droga.

De allí que Guamán Poma de Ayala cuando escribía de todos estos sufrimientos de los indios de su época, en la colonia, decía "Escrivillo es llorar".

El promedio de vida de un joven indígena sano y fuerte que era enganchado y entraba a trabajar al socavón de la mina, hasta el momento en que moría, era  de solo apenas cinco a seis meses.


16. Habían muerto

en sus socavones


El sistema para enrolar era la mita, trabajo obligado de los indios para esta mina.

Ahora bien, curiosamente, primero esa mina se llamó De los Santos y después Santa Bárbara.

La mita era un tributo en trabajo ineludible y de segura muerte, siendo lo que diezmó totalmente a la población indígena.

Esta obligatoriedad se iba ampliando poco a poco en su radio de acción: de 50 a 100 kilómetros.

Después a 200 kilómetros a la redonda. Y más tarde a 300.

A finales del siglo XVIII se censa que los pobladores de raza indígena en la mina eran más de Ayacucho y de Puno.

Y era porque ya  habían muerto en sus socavones los indios del lugar.


17. Puentes

de plata


Se impuso allí un genocidio rapaz, silencioso y corrupto, como producto de un sistema de usura y asco que imperó en toda la colonia en contra del indígena peruano.

Sin embargo, esos mismos hombres, –los quechuas, los nativos peruanos, los llamados "indios", pongos, yanaconas, runas, no se han dejado vence.

Al contrario, nos donan ahora, nos regalan a los peruanos un acto de coraje increíble y de valor inmenso. ¿Cuál es?

Que no se dejaron atraer por los hechizos fáciles de una sociedad opulenta como fue la sociedad colonial, que los sedujo de múltiples maneras una de ellas la droga y el alcohol, para hacerlos siervos en el peor sentido.

Porque no pudieron hacerle renegar de su identidad, tendiéndoles los puentes de plata de la vida sin contratiempos, dándoles siempre las sobras de sus privilegios, queriéndolos sumarlos como sociedad de segunda clase a sus residencias palaciegas de Lima, Cuzco, Arequipa o Trujillo.


18. Inimaginable

que fueran remedos


Y son ellos los que ahora nos donan la respuesta de no haber transigido, de haber conservado su lengua, sus costumbres, su espíritu.

También su dolor de siglos, su tragedia pero a la vez sus cantos, su alegría y su esperanza, que nos toca a nosotros recoger y proyectar al futuro y al mundo.

Aparentemente lo lograron. Parecía que habían sucumbido, pero en el fondo y en esencia fue imposible exterminarlos.

Sino que al contrario siguió siendo un grupo humano amoroso, límpido y prístino.

Fueron anexados pero ellos sin deponer su actitud soberana, a pesar de todos los ostracismos. Y es que era una cultura invencible en quien era inimaginable que fueran remedos de sus amos.


19. Ejemplo

al mundo entero


Ahora hemos bajado a las ciudades, hemos descendido a los llanos. Hemos llegado, pero manteniendo siempre nuestra identidad.

Hemos salido de los cerros y quebradas después de haber sido fieles con nosotros mismos, con nuestra historia y nuestro ancestro.

No nos hemos dejado ganar por lo fácil, por lo inmediato ni rentable, como es el uso y dominio pleno del idioma castellano que nos hubiera dado más tener, pero que nos hubiera restado, disminuido y quizá anulado nuestro ser.

Ese espíritu está incólume, ese grito está vivo, ese clarín del alba está vigilante y alerta en lo alto de las montañas.

Con ello los indígenas peruanos hemos dado un ejemplo al mundo entero, el de haber decidido por el espíritu en vez de fascinarnos y dejarnos hechizar por las cosas.

O de dejarnos arrastrar por las distracciones.


20. Entusiasmo

supremo


Con lo cual a partir de este momento, garantizamos nuestro verdadero progreso y evolución.

Y, en segundo lugar, hemos dado un grito de independencia porque todo aquel que afirma su lengua, su habla y su voz es soberano y es digno.

Así la resistencia andina es hacia nosotros un legado y una herencia invalorable.

Es una llama viva para que nosotros nos acerquemos y extraigamos de allí coraje y fervor.

¡Y entusiasmo supremo por la vida!

De este modo se está desenredando el ovillo.

De este modo se está extendiendo la hebra y el tejido de nuestra identidad que estaba tan anudado, tan hecho un amasijo, tanto que dolía, que sangraba cabeza abajo.


Epílogo

tenaz


De este modo el ovillo de lo que somos, de aquello que corresponde que seamos, que volvamos a ser, se está desenvolviendo y haciendo elipsis, pirámide y arco iris.

De este modo se está configurando la utopía, de aquello que imaginemos incluso cómo ser.

El ovillo de nuestra sangre, del corazón que nos alienta y hace sufrir está agitado y baila.

Por eso, éste es el tiempo del resurgimiento y del despertar.

De desenterrar los dioses dormidos. Es el tiempo del regocijo, de despertar las huacas.

Porque las huacas no están muertas sino latentes.

¡Y ya están despertando, Inkari! ¡Kausachum hermanos!




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