jueves, 30 de junio de 2016

Fwd: 30 de junio. Cada quien recuerda su escuela. Mi ollita de barro. / Sábado 23 de julio. Caminata literaria: Los pasos de Vallejo en Lima.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 30 de junio de 2016, 8:11
Asunto: 30 de junio. Cada quien recuerda su escuela. Mi ollita de barro. / Sábado 23 de julio. Caminata literaria: Los pasos de Vallejo en Lima.
Para:


 
 
 
 
 


CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
JUNIO, MES DE LOS NIÑOS,
DEL MEDIO AMBIENTE, DE LA GLORIA
DE ARICA Y DE LA IDENTIDAD ANDINA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
DE CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
 
CAMINATA LITERARIA
 
LOS PASOS
DE VALLEJO
EN LIMA
 
PASEO CULTURAL RECORRIENDO
LOS PRINCIPALES HITOS EN LA VIDA
DE CÉSAR VALLEJO EN LIMA
 
SÁBADO 23 DE JULIO. 3 PM.
LUGAR DE CONCENTRACIÓN:
CASA DE LA LITERATURA PERUANA.
 
RECORRIDO:
– CALLE ACEQUIA ALTA
– LIBRERÍA LA AURORA
– ANTIGUO DIARIO LA PRENSA
– CAFÉ PALAIS CONCERT
– CASA JOSÉ SANTOS CHOCANO
– INSTITUTO BARRÓS
– CASONA DE SAN MARCOS
EN EL PARQUE UNIVERSITARIO
 
TÉRMINO DEL PASEO: 6 PM.
CONDUCCIÓN:
DANILO SÁNCHEZ LIHÓN
 
DECLAMACIÓN DE POEMAS
FREDERIK SOTOMAYOR
 
SIN PAGO ALGUNO.A LA ORGANIZACIÓN
"VALLEJO ES EL PRINCIPIO Y EL FIN"
 
*****
 
30 DE JUNIO DE 1959
 
 
CADA QUIEN
RECUERDA
SU ESCUELA
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
MI OLLITA
DE
BARRO
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. En la palma
de la mano
 
Ahora que fui y visité mi escuela comprobé ¡cómo uno agranda tanto los espacios, las situaciones, los seres y los hechos de la infancia en el recuerdo!
Porque mi escuela en donde estudié mi Educación Primaria la veo ahora tan pequeñita que parece una ollita o un ¡cuenco de barro! Como esas piezas de alfarería que hacen mis coterráneos del pueblo de Mollepata, a quienes les decimos cariñosamente "Los mollejones".
En esa escuela cursé mis seis años de Educación Primaria desde "La transición". Y mucho tiempo más porque a ella iba acompañando a mi padre incluso en época de vacaciones, puesto que mi padre en ese centro educativo fue maestro por más de 46 años.
Y tal cual refiero, es un cuenco de barro también por lo desteñida y terrosa. Tan pequeña que parece que cupiera en la palma de la mano. Y tanto es así que un amigo periodista que fue conmigo, escribió un artículo que tituló: "La escuela más pequeñita que ha dado a los hombres más grandes".
Lo dijo en alusión a que allí estudió César Vallejo como Luis de la Puente Uceda, y muchos otros personajes ilustres de prestigio a nivel nacional e internacional.
 
2. Ese
tesoro
 
En los registros de la dirección del plantel cuando yo era niño figuraban las notas excelentes como alumno en todos los grados y años de estudio del genio universal de la poesía César Vallejo.
Y recuerdo que al igual que a todos mis compañeros, un día los maestros pusieron en nuestras manos la pipa de fumar del Coronel Leoncio Prado a fin de sentirla en nuestras palmas extendidas.
Fue en el tiempo en que ese tesoro fue traído hasta nuestro plantel por el Inspector de Educación de aquel entonces, profesor Eulogio Paredes Vega, procedente y natural de Huamachuco.
Ese vestigio quiso aquel maestro que permaneciese en aquel tiempo en nuestra escuela, en honor a que de ese plantel salió el contingente del Batallón Libres de Santiago de Chuco que peleó con bravura junto al taita Andrés Avelino Cáceres en la batalla de Huamachuco que tuviera lugar en las faldas del cerro Sazón de aquella provincia.
 
2. De subida
o de bajada
 
Queda mi escuela llamada Centro Viejo o Escuela Elemental de Varones 271, que así se llamaba el plantel al cual me vengo refiriendo, a dos cuadras más abajo de la Plaza de Armas, por una calle que baja empinada, que cuando yo era niño parecía un río de piedras que un ser todopoderoso hubiera derramado, como quien vacía un costal de papas, montículos donde nos tropezábamos cada vez que salíamos marchando de subida o de bajada en los días de los desfiles de Fiestas Patrias o para cualquier efeméride del calendario cívico.
Esa escuela, que aún queda en la recta del Cabildo, como se llamaba antes a esa calle que se inicia en el Palacio Municipal y baja abruptamente para luego extenderse en dirección del barrio Santa Rosa, ha cobijado en sus aulas a poetas, pintores, músicos, místicos, héroes y luchadores sociales.
Ojalá que la calle se siga llamando así: Calle del Cabildo, porque hay últimamente la tendencia descomedida con nuestros recuerdos, de cambiarles de nombres a las calles, plazas y barrios. ¿No se dan cuenta que al cambiarlas de nombres juegan cruelmente con las andanzas de nuestra pobre alma añorante, que pierde la orientación de sus pasos en las calles y esquinas, y por la confusión y el olvido que causan, lo cual es muy grave y penoso?
 
4. Del vaivén
de su badajo
 
El recuerdo más hermoso y conmovedor que guardo de su patio es que allí cantábamos a pulmón henchido y con el alma en un pináculo. Y ello, ¿no será la razón –digo yo– para que hayan surgido tantos hombres comprometidos y valientes? ¡Se deba posiblemente al hecho de que allí se entonaran mañana y tarde canciones!
Una vieja campana rajada aún pende amarrada con sogas gruesas y añosas que yo no sé cómo todavía la sostienen a una viga amarillenta y asombrada que pareciera temblequeante pero que se mantiene firme quizá por las voces de los niños que se arremolinan hacia abajo.
En esta viga cavan sus huecos esos moscardones negros que llevan en sus patas un minúsculo grano de oro que es la miel que elaboran a base de las flores translúcidas de los huertos cercanos. ¡Cuidado! ¡Tampoco vayan a desmontar ni a remplazar ni esa viga ni esa campana!, que desde cuando yo era niño, ya estaba rajada.
Razón por la cual quienes corremos a tocarla tenemos que dar los golpes suavemente como quien acaricia y despierta a un hada. ¡Muchas almas de niños, adultos y ancianos estuvieron y están todavía pendientes en la nostalgia del vaivén de ese badajo! ¡Y de sus sones que repican al fondo de nuestras almas añorantes y atribuladas!
 
4. Conmovidos
e ilusos
 
A los salones pasamos los niños en fila, cantando; subiendo a los corredores por unas gradas empinadas las cuales conocemos mucho más que nuestras propias manos, rostro, u ojos. Pues sabemos de cada una de sus grietas y rendijas, y de las salientes y rugosidades de las piedras en esas escalinatas empedradas.
Sabemos de sus ángulos y de sus pozuelos, de lo contrario ¡nos hubiéramos matado en una caída de la cual no pararíamos de rodar sino hasta el inicio de la primera grada de abajo, cayendo a la tierra parda del patio, porque es de tierra y no de cemento como lo han puesto ahora! Pero los más chiquitos, así como ponemos los pies, ponemos las manos para subirlas casi gateando. Y lo hacemos prolongando el canto iniciado en el patio, melodía que la seguimos cantando a todo pulmón, por los corredores y entrando así, con bocanadas de viento musical, a los salones. Ya de pie, frente a nuestras carpetas, no paramos de cantar.
Mientras los profesores nos escuchan y contemplan desde afuera para oír por qué ventanal salen las mejores cadencias y los más nítidos acordes. Desde el patio escuchan, ¡qué sección o Año de Estudios canta mejor! ¡Quién es el coro de voces más esperanzadas! ¡Y por qué puerta sale más nítido nuestro regocijo y los sones más altos y conmovidos! Y esos niños lo hacen así porque tienen posiblemente el alma más ilusa y encoruzcada!
 
5. Expuestos
al infinito
 
Los salones tienen aroma de tierra húmeda como aquella en que se siembra, y olor de adobes rancios y nobles. Y en las carpetas de recio eucalipto aún se siente el perfume del viento y de los bosques cercanos. En ellas escarbamos las figuras y anagramas fijados desde antaño. Los trazos remarcados con tinta indeleble que aunque ya han sido raspados y lijados permanecen aún legibles. Y ello, porque ha entrado la tinta muy adentro, con la intención de quedarse para siempre el espíritu de quienes las tatuaron, ¿aferrándose a qué? Quizá solo al día, a la hora y a la emoción con que fueron grabadas.
Y también, sin duda, son señales quedadas ahí por la complicidad de la fibra de la madera que se dejó suavemente horadar. ¡Porque es cómplice y vibra ante la intensidad del sentimiento de eternizar el temblor de la mano del niño que lo hiciera! Marcas que la madera no quiere olvidar y que llora por todo lo que guarda.
¡Y que entiende! Porque antes ha sido árbol, entonces sabe lo que es sufrir la vida. ¡Porque se conmueve por todo lo que es y ha sido! Y vibran nogales o eucaliptos ¡por haber estado expuestos como nosotros al infinito! ¡Árboles quienes ahora se acercan para recordar! ¡Árboles quienes se extienden fingiendo ser únicamente carpetas!
 
7. El trazo
indeleble
 
Marcas más que inmutables encubridoras en su registro misterioso del paso de los años. ¡Se apiadan de los niños que allí fueron, que aquí se sentaron y quisieron morar para siempre, con sus señas e iniciales inscritas en estas tablas enternecidas! ¡Y entre estos muros ahora silenciosos!
Aquí están las manchas y muescas que sin duda dejó César Vallejo, entrelazadas con algún nombre de muchacha llamada Rita en las iniciales casi ilegibles, mejor aún pero indescifrables. También, de los estremecidos poetas de mi pueblo como son Santiago y Julio Pereda Hidalgo. Más allá, de los hermanos Abraham y Felipe Arias Larreta. ¡Heraldo, el primero de ellos, del sentimiento cholo! Y compositor de yaravíes y serranitas, el segundo.
Están los primeros trazos del vigía y centinela de la alborada que vendrá, como es el guerrillero Luis de la Puente Uceda, líder popular y héroe del socialismo en el Perú, América y el mundo. Está el trazo indeleble de tantos otros niños y jóvenes que en el lugar donde estuvieron o estén, saben muy bien que lucharon y luchan denodada y desinteresadamente porque prevalezca el bien sobre la faz de la tierra; y en el universo entero.
En esta escuela, en su patio rodeado de geranios, rosas y claveles, festoneado por el borde de los tejados que recortan el azul del cielo, donde bogan las nubes blancas, estaremos siempre.
 
 
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