martes, 5 de julio de 2016

Fwd: 5 de julio. Escuela y comunidad. La niña de la cabellera. / Jacinto Cerna Cabrera: Colecciono estas joyas con verdadera devoción.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 5 de julio de 2016, 0:08
Asunto: 5 de julio. Escuela y comunidad. La niña de la cabellera. / Jacinto Cerna Cabrera: Colecciono estas joyas con verdadera devoción.
Para:


 
 
 
 
 


CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
JULIO, MES DEL MAESTRO;
DEL SANTUARIO HISTÓRICO
DE MACHU PICCHU; BATALLA
DE HUAMACHUCO, LEONCIO
PRADO Y FIESTAS PATRIAS
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
COLECCIONO ESTAS JOYAS
CON VERDADERA DEVOCIÓN
Cajamarca, 30 de junio de 2016
Apreciados Compañeros del SUTEP - Trujillo:
Les expreso mis cordiales y afectuosos saludos. Soy un antiguo lector de Capulí, Vallejo y su Tierra –me llega por Spam.  Felicito muy de veras al poeta y maestro santiaguino Danilo Sánchez Lihón por su incansable labor de escritor.
Sus artículos arrancados de la realidad, o de la historia que muy bien sabe actualizar y patentizar con una particular y genial habilidad descriptiva, como si se trataran de verdaderas imágenes cinematográficas, están llenos de amenidad y belleza formal y de fondo. La gran mayoría de sus trabajos se caracterizan por ser sumamente conmovedores, motivadores y, a la vez, enervadores de nuestros ánimos, todos ellos valiosos y de fervor por lo mejor de nosotros mismos.
Allí están, por ejemplo, los referidos a nuestros héroes: Bolognesi, Alfonso Ugarte, Leoncio Prado, Micaela Bastidas, María Parado de Bellido y el propio Luis de la Puente Uceda. Y, lógicamente, la presencia de nuestro inmortal vate, César Vallejo, aparece casi en todos los documentos de don Danilo Sánchez Lihón. Me parece que todos sus trabajos son semblanzas ejemplares y ejemplarizadoras, y nos llenan de una profunda admiración. Eso es lo que debemos escribir y difundir los maestros desde donde nos encontremos; ya en las aulas, ya fuera de ellas.
Dentro de mis tareas educativas y culturales, también he tenido la ocasión de escribir algunos artículos referentes a la educación, o a la realidad nacional. Ahora les envío un par de muestras. Tal vez nos sigamos comunicando de aquí en adelante. Allí acompaño un artículo referente a mi paso por el Colegio "San Ramón" de Cajamarca, y una carta dirigida, precisamente, a mis compañeros de estudios de la Promoción 1968, con motivo del Día del Padre último.
Estimados amigos, sin embargo, el motivo de este correo es para manifestarles que, involuntariamente, borré los últimos cuatro trabajos del mes de junio del Dr. Danilo Sánchez Lihón. Me refiero a los previos al "Sacrificio de José Olaya" y a "Cada quien recuerda su escuela" que aquí los tengo a la vista. Por esta razón, les pediría encarecidamente tengan a bien reenviarme en cuanto dispongan de su valioso tiempo. Quedaré infinitamente agradecido, pues colecciono estas joyas con verdadera devoción.
Muy atentamente,
JACINTO L. CERNA CABRERA
Exdocente universitario
Cajamarca - Perú
 
*****
 
5 DE JULIO DE 1959
 
 
ESCUELA
Y
COMUNIDAD
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
LA NIÑA
DE LA
CABELLERA
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. El pañuelo
amarrado
 
Y, ¿qué se decía acerca de esa niña en aquel informe confidencial? Que la alumna Diana Ayaipoma Sulca había intentado suicidarse.
– ¿Quién es? –Fue la primera expresión de todos los profesores del plantel.
Nadie la conocía por su nombre.
– ¿En qué salón está? –Es la pregunta tensa e inquietante.
– En el Tercer Año B.
– ¿Quién es Diana Ayaipoma Sulca? –Preguntó ya en su aula de clases la maestra–. ¿Es alumna de esta sección?
– ¿Debe ser Elena, señorita? Porque Elena apellida Ayaipoma.
– ¿Pero también se llama Diana?
– No sé. Eso si no sé.
– ¿Y quién entonces es Elena Ayaipoma?
– Es la niña que siempre tiene el pañuelo amarrado a su cabeza.
– ¡Ah, gracias! ¿Y, la han visto?
– Hace varios días que no viene a la escuela señorita.
– Cuando venga me avisan, por favor.
 
2. ¿Dónde
está?
 
En otro informe se explican detalles del intento de suicidio que había sido muy grave, y del cual apenas de milagro pudo salvarse.
Pero, además, le recomiendan a la profesora de su aula que ayude en lo posible a salir del proceso de depresión por el cual atraviesa la alumna.
Revisando su registro comprueba que en ninguna oportunidad ha participado en las sesiones de aprendizaje. Y que hacía varios días que faltaba de manera continua.
Tres días después de recibir el informe y luego de la primera jornada de clases, al salir al patio las alumnas le avisan que a un costado del mismo y sin haber entrado al salón, está sentada al filo del corredor Diana Elena, como ahora reconocen que se llama.
– ¿Dónde?
– Allá señorita, la que está sentada tras del pilar, cerca de la ventana.
– ¿Dónde, que no la veo?
– Allá. Mire, la del pañuelo en la cabeza.
 
3. Una leve
sonrisa
 
Termina de decir esto y la compañera que había dado aviso desaparece corriendo a unirse con sus demás amigas para seguir jugando.
– Hola Diana, ¿cómo estás? –Dice, ya a su lado, la profesora.
La niña se sorprende de esta aproximación. Hace un gesto confuso con la cabeza, como queriendo decir: "¿Me habla a mí?", o "¿Qué desea?" O, "¿Por qué me pregunta?"
– ¡Qué lindo es tu nombre Diana! –Recalcó sentándose a su lado
– Gracias, señorita.
Y allí estuvo un rato en silencio, con un gesto amable, y junto a ella.
– ¿Sabes que Diana significa "amanecer"? ¿Lo sabías?
– No. ¿Amanecer, señorita?
– Sí, significa "Amanecer". También "Luz de la mañana". Hay personajes famosos con ese nombre. Y Diana es la diosa del amor conyugal, del amor entre la pareja del hombre y la mujer.
La niña esbozó una leve sonrisa que se convirtió en una mueca de dolor en su rostro cetrino.
 
4. Leyendo
historias
 
Aquel día no hablaron más sino que estuvieron sentadas, una al lado de la otra, mirando como las chicas jugaban en el patio.
¡Y cómo otras correteaban o se entretenían felices y divertidas en unos y otros juegos por los corredores!
Al otro día la maestra trajo unos libros sencillos con imágenes y los estuvo leyendo en voz alta al lado de la niña que prestó algún interés en el contenido de las historias.
Ese día la maestra puso sus manos en el hombro de la niña y de ese modo, casi abrazándola, ingresaron al salón de clases.
Así, la maestra la buscaba todos los días en el patio de la escuela donde pasaban juntas, la maestra leyéndole historias.
Descubrió que tenía una linda sonrisa, pues al leerle un pasaje se rieron de las travesuras de uno de los personajes de un cuento.
Y así le siguió leyendo libro tras libro.
 
5. Escucho
y veo
 
En una ocasión, al ladearse el pañuelo de la cabeza de la niña, la maestra descubre con un estremecimiento que la niña es calva, que no tenía cabello.
– Tu papá ¿en qué trabaja? –Pregunta con naturalidad la maestra.
– Es chofer de una combi.
– ¡Ah! Y te quiere mucho.
– No. Ni a mí ni a mi mamá.
– ¿Así? Pero tú lo quieres a él.
La niña no contesta, y por primera vez parece sentirse incómoda.
– Casi no lo veo. –Agrega aparentando estar distraída.
– ¡Ah!, ¡pero lo extrañas!
– No. Cuando viene siempre le está pegando a mi mamá.
– ¿Así? ¿La pega? ¿Y, por qué?
– Llega molesto. Mi mamá me saca de la casa. Pero desde afuera escucho que discuten y veo por las esteras cómo la pega y la patea en el suelo.
 
6. Qué
hacer
 
La campana de fin de recreo ha sonado y han tenido que interrumpir su conversación, pero la maestra está conmovida.
Al otro día la niña le ha pedido a la maestra releer el cuento "De vuelta a casa", que trata de cómo un hermano recupera a su hermana que la han regalado para que la críe una tía solterona y ya vieja. De repente la niña se ha echado a llorar.
– ¿Qué ocurre?
– Mi papá le ha pegado a mi mamá y esta vez casi se ha muerto. Hoy no se ha podido poner de pie. Y yo tengo mucho miedo de volver a mi casa.
La maestra disimula su alteración e impaciencia.
– No sufras. –La consuela como puede–. A veces, cuando uno menos lo piensa, hay una solución.
Sin que la niña lo sepa la maestra visita y habla con la madre.
– Ya no sé qué hacer, señorita.
– Si usted se deja maltratar, señora, le está causando un daño irreparable a su hija. Hay dependencias a las cuales usted puede acudir.
 
7. Maestra
y niña
 
Y después habla con el padre acerca del daño que está causando en la niña.
– Reflexione. –Le dice–. ¡La niña es posible que nuevamente intente llegar a una decisión desesperada!
– Son las tensiones naturales del trabajo que tengo. –Se disculpa el padre.
– ¿Así? Pues veo que usted toma estas cosas como naturales. Domine pues sus tensiones. Su hija ha intentado suicidarse.
– Bueno, bueno, ¿Ya terminó?
– Sí. Pero mire aquí tengo el formulario de denuncia. Antes he venido a hablar aquí para decirle que si esta situación continúa yo misma llenaré este informe, como maestra de escuela.
– ¡Y eso qué!
– Que irá a la cárcel. Pero no lo haga por la amenaza sino por amor a una criatura a quien si no cambia va a causarle la muerte.
Maestra y niña siguieron con su práctica de lectura en el patio. Indirectamente le indagaba si se volvía a producir una situación violenta en su casa.
 
8. ¿Qué
te parece?
 
– Mi papá poco a poco se está volviendo bueno. –Le confesó un día–. Ahora nos quiere a mí y a mi mamá. Y mire ¡mi cabello está creciendo!
La maestra vio asombrada cómo el cabello de la niña brotaba suavemente en su cráneo antes pelado, aunque seguía envuelto en el pañuelo descolorido.
Esto causó tanta emoción en la maestra que se puso a llorar con tanto sentimiento que la niña en un momento se preocupó.
– No me hagas caso. Lloro de contenta, de cómo está creciendo tu cabello. Y de la mala maestra que era antes de conversar contigo y conocerte.
– Gracias señorita.
– Gracias a ti, Diana. Tú me has enseñado que ser maestra no es dictar cursos. Y quiero hacerte una propuesta.
– Sí, señorita.
– No descubras tu cabello hasta que les demos a las muchachas del salón una sorpresa, ¿qué te parece? Vamos a sorprenderlas del lindo cabello que tienes. ¡Que nadie se lo espera lo lindo que está!
 
9. Y
¡oh sorpresa!
 
La niña hoy cumple años. Han prepararon juntas durante varios días un cuadro dramático. Se trata de una niña que siempre tiene un pañuelo amarrado a la cabeza, tanto que una y otra compañera la fastidian. Y la acosan para que lo descubra, haciendo mil conjeturas. Y dicen haciendo una ronda:
– Tiene el cabello feo.
– ¿Por qué no se descubre?
– ¡Porque es trinchudo!
– ¿Por qué no se descubre?
– ¡Porque es horrible y motoso!
– ¡Porque seguro no tiene cabello! ¡Y es calva!
Esto causa un estremecimiento. Elena, o Diana, están actuando de maravillas.
– Entonces, ¡a ver, que suelte su cabello! ¡Sí, que lo suelte! ¡Sí! ¡Sí!
Diana entonces se desamarra el pañuelo. Y ¡oh sorpresa!
Cae un cabello hermoso, negro y abrillantado como la seda haciendo ondulaciones en torno a su rostro inocente.
– ¡Oh!, qué hermoso cabello.
 
10. Entre
las primeras filas
 
– ¡Guau! ¡Increíble!
– ¿Y, por qué lo tenías escondido?
– ¡Qué brillante, qué negro y qué coposo que es!
 Y, luego, en un aplauso largo y resonante que dura varios minutos, todos espontáneamente empiezan a abrazarla.
La maestra entonces dice:
– Aprendamos a reconocer que detrás de algo aparentemente humilde ¡hay maravillas y tesoros escondidos.
Después niña y maestra se estrechan en un abrazo largo e interminable.
La maestra siente cómo su blusa, a la altura de sus hombros se humedece por el llanto de gozo y reconocimiento de la niña.
Así la muchacha salió de su escondrijo del fondo del salón para situarse adelante, entre las primeras filas de los asientos.
– Ahora anda con el cabello suelto por la calle. Y enséñales a tu mamá y a tu papá en tu casa lo hermosa que eres.
 
 
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