martes, 9 de agosto de 2016

ROSINA VALCARCEL Epístola al Comandante Fidel Castro l



Epístola al Comandante Fidel Castro 
Presente.-
Querido Comandante Fidel:
Estás  cumpliendo noventa años, de todo el mundo te llegan saludos, manifestaciones, cuadros, poemas, canciones, cartas. Te relato: Cuando  Gustavo Valcárcel  y otros escritores estaban en el exilio en México D.F., algunas noches iban a un Café-bar del Distrito Federal llamado "El gallito". Ahí en la mesa izquierda estabas tú, algunos revolucionarios cubanos y el Che. En la otra esquina, mi padre, los tíos Juan Pablo, Lucho, Juan Gonzalo, entre otros, platicaban y con ojos fraternos te veían y a los otros compañeros, en un clima bohemio con un vaso de ron. Pero suponía la mayoría que en cada  mesa habían conspiraciones. Luego, por otras circunstancias, bajo el Gobierno de Jacobo Arbenz (presidente  entre 1951 y 1954), cuando padre viaja a Guatemala en el mismo avión iba el Che, muy joven, dialogan y quedan en verse posteriormente. Había concluido mi Primer año de Secundaria cuando el 1° de enero de 1959 triunfa la Revolución Cubana. En nuestro Continente se festeja el día heroico y en casa se arma una jarana de dos días. Papá tras su primer viaje a La Habana por una reunión de periodistas, escribe y edita: ¡Cuba sí, yanquis no! (1961),  e impulsa ediciones sobre Vallejo y otros latinoamericanos. Precisamente, Walter Palacios, dirigente universitario, asiste al Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes (UIE) y lleva entre las manos un ejemplar del libro citado. Y cuando suben a saludarte, él te entrega el libro de mi padre como símbolo.

En 1963 empieza mi defensa de vuestra revolución; ya en 1964, al ingresar a la universidad de San Marcos se incrementa tras la muerte de Javier Heraud y al abrazar la revista Piélago cuyo director era Hildebrando Pérez Grande. Luego en mis tertulias con los poetas de Estación Reunida. La década siguiente, en mi condición de catedrática sufrí un accidente serio (1977), y en marzo del año 1979 La Habana me invita por una estadía de tres meses para rehabilitarme. Visité ahí al maravilloso Nicolás Guillén quien me enterneció la vida. Una mañana, mientras estaba en una habitación mediana en el Hospital Frank País, súbito una joven exclamó: Ha llegado "El Caballo"! Salí veloz en bata y chancletas, en la puerta bruscamente me atajaron: "No puede acercarse"...Yo no entendía, sólo deseaba saludarte, alto Fidel, honrado, bello, sonreíste. Luego me explicaron que eran medidas de seguridad. Con el compañero Ramón te envié dos caballitos de barro de Pucará y una carta, se que el c. Ibrahim los recibió pues luego me enviaron una tarjeta. También le escribí a Celia Sánchez, le envié un poema extenso y un regalo. Pero ya estaba muy enferma. El 1° de mayo del mismo año me invitaron a la grandiosa Manifestación. Radiante día para el proletariado! Yo cumplía mis 32 años en Cuba, Me advirtieron que si te veía cerca no gritase tu nombre ni hiciera señales...Y justo, el lugar donde me ubicaron estaba próximo al cercado izquierdo por donde descendiste...Y quise gritar Fidel! Pero resistí tu nombre...Mis ojos te seguían todo el tiempo. Vi cómo te conmovía el desfile de los niños pioneros. Te sentí auténtico. Es uno de los hechos cardinales de mi vida. Pasaron los años y en 1988 la compañera Flor Guardia nos convoca a una asamblea del  Frente Continental de Mujeres (FCM), el local quedaba en Santa Beatriz-Lima. Participé en varias reuniones. Una tarde nos informó que se avecinaba un evento en Cuba y propuso hiciéramos un viaje colectivo, que se cristalizó felizmente.  Ya en el Palacio de la Revolución (principal edificio dentro del Complejo Plaza de la Revolución, ubicado en la capital. Donde se hallan las sedes del Consejo de Estado, del Consejo de Ministros y del Comité Central del PCC), la noche de la clausura del FCM tú tomaste la palabra. Fue un discurso firme, cálido extenso. Después fui llamada a un hall interno donde estaban otras conocidas nuestras. Al frente estabas tú y Tomás Borge. Las filas eran cortas. Yo llevaba  una credencial con mi primer nombre: Silvia Valcárcel. Cuando llegué a tu lado dijiste: -"Bienvenida compañera Silvia". De inmediato hice una acotación: -"Soy Rosina"...Y tú: -"¿Por qué dice Silvia, entonces?". Yo: -"Para despistar al enemigo". Soltaste una carcajada sonora. Aproveché y estampillé:- "Todo lo que brilla en el Perú no es oro. Hubo una matanza en los Penales y ejecutaron a más de 300 presos políticos...". Tú, pensativo y sin titubear comentaste:-"Valoro tu mensaje compañera, sigue así...". Y nos dimos un abrazo intenso. También pude saludar al ingenioso poeta Tomás Borge.

Ícono y germen de inspiración no sólo cuando, estimulados por el movimiento ascendente de las luchas populares, se daban pasos firmes en dirección del socialismo, sino también en los recurrentes instantes en que nuestros logros se suspendían como consecuencia de la ferocidad de la reacción del imperialismo y sus aliados locales.


 El proceso histórico cubano ha atravesado nuestra existencia, nuestras amistades, nuestros afectos, nuestros sueños,  alucinaciones y escritura.

El 20 de mayo del 2016 volví para participar en el 17 Festival de Poesía de La Habana que se realizó con el auspicio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Libro, el Centro de Intercambio y Referencia. Iniciativa Comunitaria (CIERIC), la Sociedad de Beneficencia Andaluza y la Fundación Cultural Asia-Iberoamérica.

Dimos recitales en la Basílica de San Francisco de Asís, en colegios, en plazas, en el interior. Estuve casi veinte días. Cada viaje fue diferente. Hubo de todo como en botica. Conocí a personajes, autores, estudiantes, ciudadanos comunes, trabajadores. Tuve experiencias de diversos colores. Más allá de las novedades positivas y regulares, hubo un eje común: la gente sigue queriendo a Fidel! Y te dejé un poema* y una artesanía-mate burilado en forma de búho. Se que te llegarán.


* (Poema leído para Radio Habana (RH) el 9 de agosto del 2016 a las 2 pm)