jueves, 17 de noviembre de 2016

Fwd: 17 de noviembre. Día Mundial de la Filosofía. Poesía del ser y el tiempo.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 17 de noviembre de 2016, 22:41
Asunto: 17 de noviembre. Día Mundial de la Filosofía. Poesía del ser y el tiempo.
Para:


 
 
 
 
 



CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
NOVIEMBRE, MES DE LA GESTA
DE TUPAC AMARU; LOS DERECHOS
DEL NIÑO; VIDA Y EJEMPLO DE
J.M. ARGUEDAS Y MANUEL SCORZA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
17 DE NOVIEMBRE
TERCER JUEVES DEL MES
 
 
DÍA MUNDIAL
DE LA
FILOSOFÍA
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
POESÍA
DEL SER
Y EL TIEMPO
 
EN TORNO A LA POESÍA
DE CARLOS ZÚÑIGA MENDOZA
 
Danilo Sánchez Lihón
 
4. El tiempo
y el instante
 
Decían los amigos que más querían a Antonio Machado -desde cuando él era muy joven- que cada mañana se levantaba después de haber dormido o pernoctado en algún cementerio, introducido en alguna tumba, porque tal era su aspecto. Quizá por eso él pudo escribir lo siguiente:
La poesía moderna que a mi entender arranca, en parte al menos, de Edgardo Poe, viene siendo hasta nuestros días la historia del gran problema que al poeta plantean estos dos imperativos en cierto modo contradictorios: esencialidad y temporalidad.
Que es justamente el trompo en el que baila y gira la poesía y la filosofía de Atémporas de Carlos Zúñiga Mendoza, signo además de su modernidad. Poesía del instante y del ala de la eternidad que lo roza. Instante que es un rayo que no cesa y alumbra con su resplandor, creando un cosmos que en cada momento es nuevo y que arde.
Instante es la pluma que surca, la mirada que se arroja, o que se esconde, como la palabra que hiere o se apabulla; son instantes que si se hacen poesía perduran para siempre. Instante es el colibrí que no se posa sino en la rosa que es la eternidad.
Creo que toda la aventura poética de Carlos es aprehender el instante, hacerlo brillo, significado y hasta morada para habitar, pero con un sentido perdurable y esencial. Instante es el nidal en donde cobijar et amor retando a la eventualidad. Y la mejor manera de ser eterno es dotando al instante de esencialidad.
Desde el instante en que todo tiende a terminar.
 
2. Emprender
el vuelo
 
Donde poesía es captar lo fulgurante en lo fenecible; ver a Dios en el minuto que se derruye y se hunde. Es deslumbramiento, hechizo, asombro y redención de lo que no alcanzamos a comprender, de lo que nos aqueja e hinca como el "aliado párpado", la mirada que se apena, pero en el párpado que está afuera, o en el parpadeo imperceptible, fracción y caos que al final es lo que permanece, tiembla y se agita, que es lo único que existe y a lo cual debo atenerme.
A Carlos Zúñiga Mendoza le seduce el instante, creo que no sólo porque comienza, termina y explosiona, lo cual le da fascinación, sino porque al haber sido siquiera una mínima porción de tiempo adquiere por tal razón un carácter sagrado, porque a través de ese instante es que ha detonado la creación y se ha expresado Dios; hecho que se rezuma y destila haciéndose tiempo que nos vive y que a cuestas lo vivimos.
Su poesía se instala en la conflagración que se desata y se produce en la dialéctica del encuentro y colisión de dos esencias, que como dos reyes rojos luchan en el horizonte al amanecer y al anochecer, cuales son: el instante y la eternidad que es donde él acampa su choza o su morada, donde iza su emblema, momento culminante que es silencio y es palabra, es belleza y es enigma, es presencia y es olvido. Y todo ello en relación con el hombre como individuo y como especie, pero también como universo o cosmos.
Creo que la lucha de esta poesía es la angustia del hombre por tener conciencia de lo eterno y después ser olvido; de reconocer, al mismo tiempo que es mortal, que tiene alas, que las puede tocar y que están listas para emprender el vuelo y perdurar siempre en el reino de lo ilimitado y perdurable, de la trascendencia y la eternidad.
 
3. Lo efímero
y evanescente
 
Toda ella es pugna existencial, que se ubica en ese momento que condensa y resume la creación, en donde somos la mirada, el muro que florece y que ante nuestros ojos también se derrumba; en que somos la fiesta, los danzantes, los músicos que tocan y la muerte que corta la luz; en que somos la palabra que se grita, y la respuesta que se calla o que se agota.
Es decir, acto que realiza la aventura de entrar hasta el arcano donde mora, a través del instante, la eternidad para extraer algunas plumas de esa ave prodigiosa que se erige y que se mata desde el imposible matemático que es vivir, y cuya miseria y milagro lo contenemos en una sola copa, o en un solo brindis que es la única oportunidad que la vida nos da.
Somos un pequeño percance
del Dios que nos existe.
"Somos" pero, al final, "percance"; con toda la connotación de accidente y de casualidad que ello conlleva, en donde está el componente de lo fenecible y precario frente a lo excelso y divino. "Somos" y "existe" configuran nuestra condición humana, que es el drama sobre el cual se debate esa lucha de contrarios que hacen lo efímero y evanescente al lado de lo perdurable y trascendente. Pero continúa diciendo:
Un ocaso de sueños derruidos.
... bella imagen apocalíptica, donde cohabitan el principio: en "sueños", y el final: en "ocaso", mientras se desencadena el desastre, la apoteosis del instante devorador
 
4. Botella
que se arroja
 
Concluyendo:
Una intuición del cosmos que seremos
la delicada rosa que no vimos.
Versos en los cuales se produce y se crea el misterio de lo que puede continuar ya en un plano oculto o ignoto, a esa explosión que es el minuto o segundo que abre o inaugura este cosmos con su gracia y su dolor, su belleza y su tragedia, representada en la rosa que permanecerá oculta incluso a nuestra mirada. Para concluir sin lugar a la consolación:
Yo palpito en el vientre
mundano del ahora.
Que es lo mismo a decir: soy lo pasajero y fugaz, aquello que ardió y se evaporó. La suerte, fuerza o debilidad, de combustionar y ser llamarada y ceniza; de quemar todas las naves en la orilla de la playa, donde tampoco era posible la vuelta hacia atrás.
En donde vale siquiera como un gesto levantar una hoguera, el instante, que cualquiera sea su condición y su forma es a lo único a lo cual puedo aferrarme y en el cual te abrazo.
Poesía que cuando es una carga intensa y humanamente insostenible elabora símbolos, que es un árbol cuyos frutos prodigiosos e inesperados son los símbolos, en los cuales se encierra la mayor cantidad de mundo posible, como botellas dentro de las cuales se aprisiona a un gigante, a un mago o a un genio, o cuando se arroja con un mensaje adentro se aprisiona el mar.
 
5. Iridiscente
el colibrí
 
En la poesía de Carlos Zúñiga Mendoza el colibrí es el símbolo de la búsqueda de la fusión del día fenecible y de lo eterno inalcanzable; de lo eterno y fugaz que se da en la explosión del instante, que viene de un padre dominante y de una madre que se consume. En la vibración del instante está el zumbido del tiempo en el momento en que aquel se hace presente y en el momento en que se desmorona, en cuya cruz e iridiscencia está la lucha de la luz que libera y de la noche que aprisiona. De allí la fascinación que tiene su poesía por la caza del colibrí, caza contemplativa, por supuesto, porque aquél representa el hechizo y la extrema duración en el instante. Colibrí que es un emblema escrito a ciegas o en sueños:
El colibrí que vibra en el instante
El ala que se alerta
El frenesí preciso de la rosa.
Porque el colibrí es la belleza, el encanto y el prodigio de la creación. Un estallido de impulsos, de colores, de significados. Porque el colibrí liba la flor y es un arco iris que se posa, que se estira y se perenniza; eternidad en su expresión mínima y máxima, vida que se consume sólo por el placer o el encanto de vibrar. Como también es lo que se esfuma y desaparece:
Brillor
y entre jazmines
sosegados,
rumor de colibrí que funda el día.
 
6. Esbozos
de respuestas
 
Colibrí, que no es útil para nada, que no sirve para la mesa, del cual no se prepara un menú; que no se utiliza para la carga ni para el transporte, que no es mensajero de ninguna cosa; que ni siquiera se lo puede enjaular para complacernos los ojos en su contemplación; que es inasible, inapresable, que sólo puede ser símbolo de lo que es reflejo y quimera, instante y eternidad; maravilla que se esfuma, lamento y grito de libertad. Pero, ¿por qué ese afán, esa angustia y ese debate tan arduo de resolver el dilema del tiempo y el combate a muerte entre el mendigo áspero del instante y el rey rojo y solemne de la eternidad?
¿Por qué este duelo a muerte, este luchar en los caminos y en los cerros, en los llanos y en las montañas? ¿Por qué ese golpearse a la vera de los ríos, en el mar, en los acantilados desde el alba hasta el anochecer? ¿Sin sosiego, sin descanso, en el pavor más fiero? ¿Ya sin aliento, en lucha torva hasta el fin de los siglos de los siglos, amen? ¡Ah!, ¡ese encono es por la causa del hombre que somos, que soy y que eres tú! Es por la vida tan escueta y vasta, tan impoluta y tiznada, tan nítida y embadurnada. Todo es por lo que vale la pena tanta desdicha, cuál es hallarle significado a ¡la vida! Y porque haya esbozos de respuestas, anhelos o esperanzas, como ésta, cuando dice:
No morirá mi vida
en este cuerpo.
No morirá y estaré contento
de morir al agobio de los días.
No moriré porque además
                               os digo
que morir es vivir
en el aciago camino de los siglos...
Y morirá mí vida
y no mi muerte.
 
7. Clave
de lo eterno
 
Donde ¡no cabe duda! El hombre es un nostálgico de la eternidad, a quien le lastima morir inexplicablemente, pero quien también siente una atracción de loco e insano por lo efímero y fugaz, por gozar la fiesta y echar la casa por la ventana.
¡Quien juega con el tiempo como en un tobogán, a lanzarse al vacío y a la nada!, con el sol rojo del olvido apagándose y ocultándose a sus pies, ardiendo en el mar, siendo él un templo o por lo menos sintiendo en la caverna que lo habita el aleteo de un ave prodigiosa envuelta en el halo del amanecer, el colibrí.
Nacimiento
fortaleza del tiempo
en su bastión de días
A lo que se suma otro hecho asombroso, cual es: ¡cómo se preña el mundo con la vida! ¡Cómo fecundamos el tiempo con nuestra suerte y destino! ¡Cómo le damos sangre y le damos hálito! ¡Cómo a este universo, que puede ser ajeno, lo hacemos nuestro, y le ponemos nuestra cuota de palpito y de sueño!
Donde se da un hecho que tiene todos los atributos de ser un designio, en el cual juegan sus cartas o sus dados aquello que denominamos con el nombre de divino, que es cuando el colibrí entre las mil rosas que ve sólo elige una, para posarse en ella, succionarle el néctar y fecundarla con el polen que lleva.
¿Cómo es que la elige? ¿Es por la rosa? ¿Es por el colibrí? ¿Por qué y cómo escoge entre mil a una sola flor? ¿Cuál es la química que hay al fondo de ella y de él? ¿Hay un azar o son designios, atributos, elecciones en clave de lo eterno?
 
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