lunes, 1 de agosto de 2016

RAUL PORRAS BARRENECHEA DISCURSO 22/08/56 Sobre Cesar Vallejo y la pensión de gracia a Georgette Vallejo

TRANSCRITO DEL LIBRO DISCURSOS DE PORRAS BARRENECHEA LEGISLADOR


DISCURSO DEL DOCTOR RAÚL PORRAS BARRENECHEA EN LA SÉTIMA SESIÓN DEL MIÉRCOLES 22 DE AGOSTO DE 1956, EN LA QUE SOLICITO UN PEDIDO ORAL CON EL OBJETO DE QUE SE OTORGUE UNA PENSIÓN DE GRACIA A LA VIUDA DL POETA CESAR VALLEJO 


Señor Presidente: Quiero formular un pedido al ministro de Educación Publica, para que, si lo estima conveniente, envíe al Congreso un proyecto otorgando una pensión de gracia a la viuda de Cesar Vallejo, el mas grande poeta peruano de los últimos tiempos y, además, para que el Estado adquiera la propiedad de las obras inéditas de Cesar Vallejo, que se encuentran en poder de su viuda, reservando a ésta los derechos de autor. Nadie desconoce entre nosotros el nombre de Cesar Vallejo, uno de los más auténticos y más grandes poetas que ha tenido el Perú, considerado hoy, quizá como el primer poeta de habla castellana, tanto en América, como en España. Cesar Vallejo publicó primero un libro intitulado Los Heraldos Negros, que le colocó de plano entre los más calificados valores de la poesía modernista. Mas tarde publico un libro extraño y áspero Trilce, y al morir dejó un libro de Poemas humanos, que implica un revolución de las formas y de la misma lógica poética, libro de poesía honda, descarnada, extraña y trascendente, que le ha dado una celebridad definitiva y ha sido comentado por los mas grandes críticos de Francia, España y de toda América. Este libro que Vallejo dejo inédito y lo edite el año 1938, a mi costa, recogiéndolo de manos de su viuda. Desde la publicación de Poemas Humanos. Cesar Vallejo fue considerado como uno de los más altos exponentes de la poesía americana, junto a Pablo Neruda. Cesar Vallejo se revela en aquel libro, no solo como un poeta peruano, sino como un poeta universal. Los más grandes críticos de Europa y de América, Luís Aragón, Jean Cassou, Federico de Onis, Damaso Alonso, José Bergamín, los más grandes antologuistas de América, lo consideran entre los más altos valores y sólo en el Perú se ha postergado y olvidado su memoria, como ha ocurrido siempre que han surgido hombres que le han dado prestigio, y se ha permitido que su esposa viva en la miseria. Cesar Vallejo murió de hambre en París el año 1938.
“ Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo”, había dicho él, con angustiosa y presagiosamente, en un soneto celebre; y el tiempo hubo de confirmarlo trágicamente. Pero Vallejo, a pesar de su angustia humana universal, a pesar de sus convicción comunista- que no cegó en él ninguna de las fuentes de la bondad y de la comprensión humana-, escribía siempre pensando en el Perú y recogiendo en los giros de sus versos esencias peruanas, como cuando en París pensaba: “ Que estará haciendo a (sic) esta hora mi andina y dulce Rita, de junco y capulí”, o cuando recordaba los días de fiesta provinciales, diciendo: “ Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro en el Perú ( perdón en la tristeza)”. Y era al mismo tiempo el poeta desgarrado que cantaba el dolor de la vida, al que le dolía el dolor universal, en versos de tan extraña originalidad como estos que voy a leer para traer a esta Cámara, que por algo esta presidida también por otro poeta, el acento de los versos de Vallejo: “ Amado sea- el que tiene hambre o sed, pero no tiene hambre con qué saciar toda su sed, - ni sed con que saciar todas sus hambres- Amado sea – el que trabaja al día, al mes, a la hora-el que suda de pena o de vergüenza, aquel que va, por orden de sus manos, al cinema-,el que le paga con lo que le falta, -el que duerme de espaldas, el que ya no recuerda su niñez; amado sea- el calvo sin sombrero,- el justo sin espinas,- el ladrón sin rosas,- el que lleva reloj y ha visto a Dios, el que tiene un honor y no fallece, - Amado sea el que tiene chinches; el que lleva zapato roto bajo la lluvia, - el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas el que se coge un dedo en una puerta,- el que no tiene cumpleaños,- el que perdió su sombra en un incendio,- el animal, el que parece un loro, - el que parece un hombre, el pobre rico,- el puro miserable, el pobre”. Esta es la voz de César Vallejo, con quién el Perú aún está en deuda. Es necesario que el Perú se preocupe de sus propios valores y que los exalte. Todos los países de América exaltan a sus grandes valores representativos, a sus artistas y hombres de pensamientos; pero el Perú sigue siendo lo que dijo el Inca Gracilazo” Madrastra de sus propios hijos” y “apasionada madre de ajenos”. Es necesario que nos ocupemos de Vallejo, es necesario que su viuda no siga viviendo una vida miserable; que no siga teniendo una pensión de 600 soles que le había acordado la universidad y que después le fuera suspendida y es necesario que se publiquen las obras inéditas de Vallejo. Sabemos, lo que hemos revisado los manuscritos de Vallejo, que existen obras fundamentales de él que nos han sido publicadas, principalmente sus obras dramáticas. Existe en primer término una tragedia incaica intitulada: La piedra cansada_ existe una comedia sobre los problemas sociales que ocurren en Rusia intitulada: Entre dos riberas corre el río, y existe por último, una farsa cómica que se burla del oportunista político que sale de su provincia y llega a diputado y más tarde a presidente de la Republica, con el apoyo de la Cotarca Corporation, que se intitula: Los hermanos Colacho. Todas estas obras pertenecen a nuestro patrimonio espiritual y no deben perderse, que ya estuvieron a punto de perderse durante la guerra de 1939; y que sin embargo, fueron salvadas gracias a la devoción y al espíritu abnegado de esa mujer para que el Perú, tiene un deber y a la que se ha dejado, sin embargo, en el más absoluto desamparo. Por estas razones solicito que, con acuerdo de la Cámara, se dirija ese oficio al ministro de Educación Publica (aplausos en los escaños de los señores senadores y en la galerías)