martes, 14 de junio de 2016

Fwd: 11 de junio. César Vallejo, infinitamente. El poeta del dolor social. / ¡Es paja de las alturas!









 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
JUNIO, MES DE LOS NIÑOS,
DEL MEDIO AMBIENTE, DE LA GLORIA
DE ARICA Y DE LA IDENTIDAD ANDINA
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
*****
¡ES PAJA
DE LAS ALTURAS!
– ¿A cuánto pues vendes la carga de paja?
Preguntan las abuelas al ver al hombre que pasa con sus burros cargados de paja brava, o ichu.
– A cinco reales cuesta, mamita.
– Y, ¡por qué tan caro! ¡Dios del cielo! Cómo se está poniendo la vida,
– ¡Es paja de las alturas! ¡Paja larga y fuerte, madre!
– ¡A ver!
– Téngalo. Pálpelo. ¡Y verá!
– ¡Y por qué haces tan flojos los atados, Santo Sepulcro!
– ¡Qué más apretados pues, mamita! ¡Si estuvieran flojos ya se hubieran derramado los tallos por los caminos! Vengo de la jalca, estoy caminando desde anoche, he cruzado la amanecida y llego recién ¡mire a qué hora! ¡Y sin comida!
– ¡Qué irá a ser de este mundo! ¡Ya nada es bueno ni honrado! ¿Señor, a dónde llegará esta vida?
– ¡Dos días me demora traerla desde la jalca! Y, ¿cortarla? Y los pollinos, ¿Acaso no comen? Y yo, ¿cómo ando por los senderos? ¡De hambre! ¡Qué más barato pues, señora!
– Apéalo, pué. ¡Qué lo vamos a hacer!
– ¡Está bien comprado, mamita!
– ¡Qué lo vamos a hacer! Pero me lo subes y me lo dejas en el altillo, porque estas gallinas lo van a picotear y a regar las ramas por el suelo. ¡Ay Dios! ¡Ya no sé qué hacer con estos animales!
DANILO SÁNCHEZ LIHÓN
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11 DE JUNIO
CÉSAR
VALLEJO,
INFINITAMENTE
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
EL POETA
DEL DOLOR
SOCIAL
Danilo Sánchez Lihón
Si no me llamase César Vallejo,
también sufriría este mismo dolor.
César Vallejo
1. Himno
de fraternidad
Un contenido de la majestuosa personalidad de César Vallejo es su adhesión, compromiso y militancia con la condición de los hombres que sufren y luchan.
El solidarizarse con lo más sensible que hay en la tierra como son los maltratados ya sea por la fortuna o la injusticia sobre la cual se erige el poder; por los débiles, marginados, indígenas e indigentes; su comunión con la humanidad doliente representada en el hombre masa.
Su vida y obra es un coloquio con el ser íntimo en proyección hacia el hombre comunidad, configurando pueblo, conformando muchedumbre; asumiendo su responsabilidad como humanidad entrelazada, a quien le toca hacerse cargo de un destino individual pero también colectivo.
En tal sentido exploró al máximo el sentido de lo humano y fue honesto en su actitud de sostener como principio que mientras las condiciones no cambien la moral es el dolor social, el dolor de género humano que él convierte en himno de fraternidad.
2. Voluntad
férrea
El sufrimiento de César Vallejo se lo ha confundido como dolor individual, cuando no es así, se lo ha hecho biográfico cuando es ideológico, no su pensamiento sino su propio dolor. Él sufre en representación del hombre. Su dolor es el de la especie humana. Él se identifica y consustancia con el que sufre, con el prójimo, y su aventura vital es hacerse un ser de totalidad, en donde asume el dolor de todos y como argamasa de ese muro la solidaridad.
De allí que destruye sistemáticamente en su vida todo viso de comodidad, renunciando a todo aquello que podría darle una existencia placentera, confortable y de bienestar. Y queda desasido y solo consigo mismo, tal cual viven y sufren los demás para alentar mejor la solidaridad.
En tal intento no se deja atrapar por ningún señuelo, sean empleos, cargos, ni siquiera felicidad conyugal. Es absoluto en no hacerse de ningún bien, de rechazar cualquier prebenda y canonjía, o cualquier situación que signifique ponerse por encima y sentirse superior al hombre masa con él cual él se identificaba. Y todo esto lo hizo por convicción, con decisión, coraje y voluntad férrea.
3. Renuncia
a todo
Y por ser así ha cundido una imagen deformada, peligrosa y sin lugar a dudas malintencionada de César Vallejo al presentarlo como si él hubiera sido un ser patético, deplorable, sumido en la impotencia, huraño y antisocial.
Este perfil se transluce en algunas biografías, estatuas y en una sistemática campaña de grupos de poder cultural posesionados de suplementos periodísticos y espacios culturales en emisoras radiales y canales de televisión.
Sin embargo, estas imágenes no se ajustan a la verdad porque si bien él hizo encarnación del dolor humano que ciertamente asume, esta acción no lo hace por ineptitud, ni para autodestruirse o destruir a los demás.
César Vallejo tiene la sobrehumana capacidad de asumir con autenticidad la condición humana de su prójimo, y ese es un don y una capacidad  de absoluta valentía. Él es un solidario instintivo y natural, y en esa fórmula renuncia a todo, se deshereda y hasta se hace un marginal, asumiendo el dolor humano como destino y concepción.
4. Él
asume
Sin embargo, se ha querido imponer la imagen de un César Vallejo desasido, vagabundo e indolente, como un poeta casi sin voluntad, débil e inerte. Hay hechos que desmienten totalmente y de manera categórica aquella imagen La efigie auténtica es otra y casi diametralmente opuesta a aquella obviamente manipulada. La medida lo da su propia libertad. Era un ser libre hasta el punto de tener que afrontar por serlo grandes sacrificios, como el no ser comprendido. Y en este sentido más bien asume la pasión, la heroicidad y el júbilo creador que solo personalidades arrojadas, fogosas y hasta avasalladoras son las que pueden encarnar.
Y a su vez la libertad que él mismo pudo obtener el 26 de febrero del año 1920, tras la imputación de tres cargos de gravísima  significación: homicidio, incendio y asonada; razones que figuran en el atestado y que se esgrimieron para encarcelarlo, cuya defensa en gran parte él mismo asume con la plena solidaridad de sus amigos, la juventud de Trujillo y la adhesión de los estudiantes de varias otras ciudades del país que organizaron movilizaciones solicitando su excarcelación, porque lo querían, admiraban y le dedicaban su respaldo como al de un ídolo.
5. El reproche
a Dios
El dolor que él asume y encarna lo hace entonces por solidaridad y no lo sufre por impotencia ni incapacidad. Lo personifica por inmensa solidaridad humana, condición del hombre que él representa, y ante la cual protesta y se subleva no declarativamente sino en concreto, alentando a la vez una fuerza redentora para superar el dolor en el mundo.
¿Cómo? ¡De múltiples maneras! Por ejemplo, viviendo la amistad con intensidad y altura, compartiéndola con personas de extraordinario valor, seres providenciales algunos, y otros seres sencillos, comunes y corrientes a quienes él trata con la debida consideración y respeto.
Pero sin embargo hubo una época en que se hizo un cliché presentar a César Vallejo dolorido, quejumbroso y hasta mísero; quizá por llevar el dolor humano tan al fondo de su experiencia y pensamiento, y con ello la orfandad, y con ello el reproche a Dios por los embates que asolan la condición humana sobre la faz de la tierra.
6. Sobrehumana
capacidad
Ahora advertimos que aquella imagen se daba por confusión y desconocimiento, porque se ha esclarecido cuán austero, disciplinado y digno era en todo orden de cosas.
Pero dicha deformación es explicable por venir de dónde viene, siendo los motivos que lo sustentaban los de clase social, y la inaceptabilidad  de los grupos de poder cultural.
Aquellas resistencias del tradicionalismo en nuestra cultura tan estratificada, porque les era inaguantable para ellos que la preeminencia en la literatura y el arte pasaran a la provincia, a lo andino y a lo popular.
Porque pensaban que el cetro de la poesía nunca debió dejar de estar entre áulicos y palaciegos, poniéndose entonces muy diligentes en vulgarizar la imagen de un César Vallejo como un desadaptado social.
Pero él sufrió no por incapacidad sino por sobrehumana capacidad para hacerse solidario con los demás, que para él no son otros, sino hermanos indiscutibles con quienes cabe toda nuestra identificación.
7. Evangelio
de la solidaridad
Y murió en el contexto de una guerra que ocurría a mil doscientos sesenta kilómetros de distancia de donde estaba situado, como fue la Guerra Civil Española, residiendo él en París. ¿Qué capacidad de solidaridad es esta? ¡Y la de morir en la contienda! ¡De un suceso que aparentemente ni le llega ni le toca!, que no es su país el que lo sufre y que pudo, como para muchos otros, ser un problema ajeno o distante.
Así nos demuestra que exploró hasta el fondo el sentido de lo compasivo siguiendo las raíces del dolor como un médico intentando extraerlas del cuerpo humano. Más al fondo de donde puede ser posible desencajar del sufrimiento su veneno. Donde pueda verse y hasta si se quiere imaginarse o presentirse lo que hay de dolor y esperanza en un conflicto tan lejano.
Un hombre y un mensaje así solo era posible que se dé como fruto de una cultura que es la más vieja del mundo y que sin embargo por sabiduría a la vez es la más inocente, como es la cultura andina. Todo ello hace de él un fiel representante de nuestra identidad, porque no solo es un hombre solidario sino que fue capaz de expresarlo y hacer que sus actos fueran coherentes con ello. Y por ser así Vallejo como ningún otro resume y sintetiza el evangelio de la solidaridad humana universal.
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