martes, 27 de septiembre de 2016

Juan Cristobal : Memorias

SOBRE MIS LIBROS:COMENTARIOS Y CRITICAS

Sería 1962, no recuerdo exactamente el año ni el nombre del libro, cuando publiqué un primer libro que he borrado por completo de mi memoria y de las bibliotecas donde se encontraba alguna ficha bibliográfica. Claudio Saya y Luis Flores Caballero me hicieron cometer tal pecado. Me repitieron más de cien veces que debía de hacerlo y yo, ingenuamente, caí en el juego. El prólogo lo hizo, por supuesto, Luis Flores. Yo era un lector, en ese momento, de no más de 5 libros de poesía y no tenía el más mínimo criterio de lo que era la poesía y menos la seriedad de la literatura. Y temerariamente publiqué. Hoy, cuando lo recuerdo, me dan ganas de matarme. Pero, creo, felizmente superé ese enorme desliz que me hicieron cometer voces a las cuales no debía escuchar. En todo caso, lo reseño para que sirva de ejemplo a los jóvenes que pronta y locamente piensan editar sin escuchar a esas voces que sí deben escuchar y que siempre se encuentran dispuestas a dar el mejor de los consejos. Y que hay que saberlas escoger y reconocer.
 La primera vez que me publicaron algo sobre un libro publicado fue en La Prensa. Yo tenía un amigo que trabajaba en el diario, en la parte de diagramación, se llamaba Francisco Vargas, ya fallecido. El tenía un amigo, al cual me presentó, cuyo apellido no recuerdo, que trabajaba en Redacción. Pancho le dijo, "mi amigo acaba de publicar este libro, "Cantual", ayúdalo". Al domingo siguiente salió una reseña pequeña en el diario. Yo saltaba de contento. Como aún vivía en Chosica y jugaba por un club de la zona llamado "Moyopampa", el cual tenía un pequeño local, recorté la reseña y la coloqué en una de sus pizarras. Todos los días iba a verla, pero creo que nadie la notó. Ese mismo libro, en el mismo diario, tuvo una nota elogiosa, en su columna de libros, por parte de Jorge Luis Recavarren. El mismo libro produjo una nota breve en el diario Expreso, en la página cultural, a cargo de Carlos Germán Belli.
Cuando publiqué "Gidumot" (anagrama con el nombre de mis sobrinos) tuve una nota laudatoria, breve, de Sebastián Salazar Bondy, en el diario El Comercio, en el dominical (27/9/ 1964), donde Sebastián tenía una columna muy leída, pues sólo reseñaba libros que a él le parecían importantes. En la nota que me hizo apreció virtudes y defectos. Recuerdo: yo no conocía a Sebastián, pero una tarde lo vi en el jr. La Unión y allí le di mi libro. En su reseña decía: "Por momentos el pequeño libro se remonta hasta un lirismo excelente, pero el brillo es instantáneo. Tal desigualdad es el defecto fundamental de las prosas aludidas, en las que con frecuencia, sin embargo, vibra una emotividad, que es riqueza por purificar".
Al editar "El osario de los inocentes", que ya había logrado obtener el Premio Nacional de Poesía 1971, junto al inolvidable amigo y escritor Luis Fernando Vidal, me hicieron dos notas a página entera. Una, en Correo, por un tal Pedro Hernández, que después desapareció de las páginas periodísticas. Y la otra fue de Ricardo González Vigil, que me hizo una entrevista y salió en el suplemento de El Comercio. Ese libro tuvo otras reseñas, pero estas son las que más recuerdo. Sin embargo, una crítica que también me marcó profundamente, fue la que realizó Antonio Cornejo Polar, en una colección enciclopédica sobre la cultura peruana que hizo don Juan Mejía Baca, en el tomo VII, me parece, sobre la literatura del país. Allí Antonio hablaba cosas interesantes sobre El osario…, pero decía una cosa, para mi, fundamental, pues siempre creí que ese libro estaba marcado por el surrealismo francés y por un tono academicista: que tenía, casi clandestinamente, una nota sobre hechos y personajes marginales que él sospechaba, más tarde, el autor podía desarrollar. Y no se equivocó, pues sin saberlo él, yo ya estaba trabajando un libro sobre esos temas, Los rostros ebrios de la noche. Cuando leí su comentario me di cuenta que un crítico también, como los buenos autores, se pueden adelantar a los hechos de la historia, ser premonitorios. Indudablemente, hay poco de todo ello. Lamentablemente.
Pero, para mí, la crítica y nota más conmovedora, fue la que me hizo Juan Gonzalo Rose, en la revista Caretas. Juan Gonzalo había sido echado del INC por orden de Paco Abril de Vivero, sin ningún tipo de indemnización. Felizmente, la revista Caretas le acogió para que hiciera una columna cultural. Era un domingo, cuando yo había estado reunido desde las 8am con unos obreros por la avda. Colonial y cuando terminamos la reunión, sería como las 2.30pm. uno de los compañeros dijo, ¿por qué no vamos a tomar una cerveza? Propuse ir al bar Queirolo (entre Quilca y Camaná). Fuimos allí. Al entrar divisé a Juan Gonzalo. Yo lo había conocido años antes cuando una vez nos encontramos en mi casa. Esa vez lo llevó un amigo de mi hermano, Eduardo Ribeyro, para colaborar para la edición de "Las Comarcas". Después lo había dejado de ver. Cuando entré nos sentamos con los obreros, entonces me paré y me dirigí a la mesa de Juan Gonzalo y le entregué un libro que me acababan de editar los obreros, "Horas de lucha", un librito bastante panfletario. Juan Gonzalo me lo recibió, cruzamos dos o tres palabras y me despedí. Pero él se dio cuenta con quiénes había llegado. Me dijo, "reunión de célula". Sonreí y me fui. A la semana siguiente Juan Gonzalo publicó una nota sobre mi libro, con el título de "Las horas de Juan Cristóbal". Era una nota elogiosa, pero también crítica, especialmente sobre la parte panfletaria del libro. Pero fue una nota que me emocionó mucho, sobre todo de quién venía.
Finalmente, quién me apabulló con una crítica sobre mi poesía fue Luis Hernán Ramirez, el lingüista que vivía por Pueblo Libre, y que en los tres últimos años de su vida nos reuníamos en el bar Queirolo, de Pueblo Libre, todos los domingos, a las 11am. Me sorprendió con un extenso estudio que hizo sobre mi poesía, titulado "Juan Cristóbal: poesía de la luz y los colores", que lo publicó en una revista que sacaba San Marcos, llamada "Al Mater".
Después he tenido otras reseñas de mis otros libros. No puedo pasar por alto la que me hizo Rosina Valcárcel, una opinión altamente crítica y profunda  en una revista de Huancayo, "Caballo de Fuego", que dirigía Manuel Baquerizo y cuando falleció tomó la dirección Matayoshi, fue cuando la poetisa Rosina Valcárcel hizo un estudio sobre mi poesía y tomaba en cuenta que la desesperanza y la marginación que tomaba como temas en mis últimos poemas era producto de una protesta contra el sistema que nos explota y deshumaniza. Su artículo se titulaba "Juan Cristóbal : ¿Al margen? O la defensa de la condición humana".Luego, en un artículo en el diario La República, Alfonso La Torre (ALAT) hizo un comentario que jamás pensé podría hacerlo, donde denunciaba al jurado de Copé el cual había otorgado el primer puesto a Pablo Guevara y a mí el tercero. Decía ALAT, en ese artículo, que no había leído poema peruano que tuviera las aristas que tenía mi poemario "Los rostros ebrios de la noche", que eso sólo lo había notado en textos de Saint John Perse. Lo cual era un verdadero halago, máxime que eso tipo de aseveraciones sólo podrían leerse en personas que configurasen un mismo círculo de amigo, pero mi amistad con ALAT no era tal, sin embargo, a partir de aquello, y por una enfermedad que lo aquejó gravemente a Alfonso, nuestra amistad se hizo más intensa y verdadera.
Estos son los recuerdos más gratos sobre los libros que he editado. Tal vez por ser los primeros y por las personas que hicieron tan tiernamente las notas y estudio. Son parte de un recuerdo imperecedero.
Pero hay algo que no quisiera pasar por alto, porque fue el recuerdo más conmovedor que tuve ahora que hablo de publicaciones. No se trata de un libro, pero sí de un poema. Uno siente alguna satisfacción (es mi caso, por favor, reparen en "alguna") si estás en alguna antología o hacen un estudio de tus libros o te piden poemas para publicar, etc. En este caso fue la publicación de un poema que me pidieron unos extranjeros a quienes no conocía ni jamás había escuchado nombrar. El poema que me pedía era un dedicado al Che Guevara y yo tenía uno, se llamaba "Che, amigo", dedicado a Juan Pablo Chang y creo que lo había editado en una plaqueta con Arteidea. Las personas que me pidieron por correo en internet fueron Gavin O´Toole y Georgina Jiménez. Me dijeron que estaban preparando una antología sobre poemas dedicados al Che. Sería el año 2006. El 2007 recibí el libro y mi sorpresa fue mayúscula: el libro estaba editado en inglés, se titulaba "Che in verse". Los editores eran las personas nombradas. El libro tenía otros datos: Aflame books, e-mail: infoåflamebooks.com, © 2007. El contenido era de 134 poemas y canciones dedicadas al Che, de 53 países de todo el mundo. Mi poema figura en la página 253. Lamentablemente, el libro no tuvo la recepción esperada en las reseñas periodísticas. Era el único peruano que figuraba en tal antología.
Finalmente, hay algo que deseo decir a propósito de la Saga literaria que publiqué y que consta de tres libros, los cuales llevan como título global "Del absurdo y la desesperanza", que consta de tres libros: "Hórridas mañanas (1)", "Kafka (2)" y "Cuaderno de las desilusiones (3)". Hay amigos que no han opinado sobre mi obra (otros me han hecho el ofrecimiento, pero no han cumplido, sus razones la tendrán, a pesar de ello les quedo agradecido por la intención) porque creen o sospechan que es "pesimista o fatalista", porque no habla de la lucha de clases o de un mundo más justo y solidario que apunte al socialismo. Yo les digo, con la mayor de las sinceridades, que se equivocan. Mi poesía, que tiene un lenguaje bastante narrativo sin descuidar por un minuto su intención y (creo) su calidad lírica, no es lo que ellos piensan. Partamos de algo, en primer lugar, elemental: basta el escribir, es decir, el estar vivos para no ser pesimistas, en todo caso, en mis últimos libros –especialmente en la saga literaria "Del absurdo y la desesperanza"-, como se puede ver en sus prólogos, estoy más cerca de la desilusión que del fatalismo, y eso por una razón muy sencilla: por haber llegado a cierta edad donde se ha constatado muchos engaños y mentiras de los grupos de izquierda a las cuales uno ha trabajado y conocido, y también porque los diversos gobiernos, especialmente el de Fujimori, nos llevó a situaciones límites de la locura tanto por las corrupciones a que nos vimos sometidos por todas las instituciones sociales como por las matanzas y desapariciones que produjo ese gobierno. En mis libros que señalo lo que trato es de denunciar esas formas y fondos interiores que llevaron a los seres humanos a esa forma tan escabrosa de su comportamiento, es decir, tratar de descubrir porqué la maldad atraviesa al ser humano y de qué manera afecta y afectó el desarrollo de nuestras raíces culturales y psicológicas, y eso significa denunciar al sistema que lo avala, por lo tanto, denuncio ese sistema (en su totalidad) y al denunciarlo se debe entender que anhelo otro sistema, que es el socialismo, como lo he dicho en las introducciones. A mi poesía se le podrá atacar de "nostálgica", pero mi nostalgia es la nostalgia del futuro (como diría Teillier): de un mundo nuevo y que colme de esperanzas al ser humano, un mundo que no tiene, por ahora, patria en el tiempo, pero que busca el pasado para rescatar nuestra identidad y hacerla que tenga futuro. Mi poesía también está llena –si se me quiere acusar de algo- de recuerdos de la infancia, porque, como decía Jorge Teillier, es lo más cercano a la muerte, y esa cercanía nos produce escalofríos, pero que son inevitables en nuestra vida. Y también –si de algo se me quiere atacar-, mi poesía, está llena de menciones a la naturaleza, no como un ser estático y complaciente, sino como algo viviente y contestatario que nos lleva, como la lluvia o como el fuego, o como las flores, al silencio y a los recuerdos para establecer un mejor diálogo con los demás. 
juan cristóbal: teléfono 461-2550. celular: 989-852-137
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la esperanza nos espera al pie de un abismo (benedetti)
y cuando soy feliz, veo bailar alondras en el viento.