lunes, 3 de octubre de 2016

Fwd: HISTORIAS VARIAS


---------- Mensaje reenviado ----------
De: Juan Cristobal <juancristobal2001@yahoo.es>
Fecha: 2 de octubre de 2016, 8:28
Asunto: HISTORIAS VARIAS
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HISTORIAS DIFERENTES
EL ESPAÑOL REPUBLICANO. Una vez conocí en casa de un amigo (de Paco Espinoza) a un señor ya entrado en edades, llamado Félix Apaolaza, era español, vasco. Había llegado al Perú luego de una travesía histórica. Había peleado en la guerra civil española al lado de los republicanos y cuando ya se encontraba vencido dicho bando, junto a otro amigo, se robaron un submarino franquista y llegaron a Centroamérica, donde se instalaron por un por un par de años. Franco pedía su captura vivo o muerto.
Después llegó a Lima donde vivió en Piura y trabajó allí durante más de 30 años. Luego  a Lima, donde lo conocí. Cuando bebíamos terminaba cantando las canciones republicanas de la guerra y contando cientos de anécdotas de la misma. Cuando se instaló en su país la democracia quiso volver, pensando, además, encontrarse con viejos amigos y en el reconocimiento que deberían hacerle. Cuando regresó los medios ni se ocuparon de él: nadie lo reconocía y menos lo conocían y sus viejos amigos ya estaban casi todos muertos. Nostálgico, regresó al Perú, a la que también consideraba su patria.
Apaolaza era un fumador empedernido, desde muy joven había fumado, y eso ya le había causado males al pulmón. A su regreso, su enfermedad empeoró. Lo tuvieron que internar de gravedad en la clínica Stella Maris, donde su hijo mayor le pagaba un seguro. Sabía que estaba a punto de morirse. Una noche ya agonizando entró una monja y le dijo: "Señor, le damos los santos óleos para que el Señor lo reciba bien". El viejo se levantó impulsado con una energía descomunal y le dijo fuertemente: "¡Monja de mierda, déjame morir tranquilamente!". Y, pum, se murió. Su ateísmo lo llevó siempre a prueba de balas.
PACO ESPÏNOZA. Después de estudiar los dos primeros años de primaria en Huancayo fui a vivir a Chosica. Allí me matricularon en un colegio privado de curas, el Santa Rosa de Chosica. Conocí a varis amigos, a Félix Lung, a Ricardo Aranguena, que vivía por mi casa, pero con el que hicimos más amistad fue con Francisco Espinoza y Aníbal Marcazzolo, ya fallecido. Hacia el tercero de media yo me matriculé en el Pablo Patrón, porque no aguantaba a los curas que nos pegaran si no sabíamos la lección, que teníamos que ir todas las tardes al rosario, comulgar los primeros viernes, rezar antes de entrar a clases, todo eso para mi resultó insoportable. Cuando terminamos de estudiar cada quien tomó su camino de estudios. Cuando regresé de España y estudiaba en San Marcos nos volvimos a rencontrar Paco, Aníbal y yo. Después nos separó la actividad política. Paco era trotkista, Aníbal, de Vanguardia Revolucionaria y yo estaba por entrar al MIR. Después pasaron muchas cosas sin vernos. Nos reencontramos después de muchos años. Todos seguíamos en la misma línea política. Pero después de otro años, después de pasar cada uno peripecias de clandestinidad, persecución política nos volvimos a encontrar, pero esta vez estaban sin militancia Paco y Aníbal, yo seguía en lo mismo. Paco es primo de Dionisio Romero, éste para sacarlo de la política le pidió que se hiciera cargo de una tienda que estaba cerrada, se llamaba CASA (era y es una almacenera), estaba dentro de RANSA, esa que es una almacenera mayor y que queda por la avenida Colonial. Paco aceptó el encargo, y me planteó que vaya a trabajar con él. Acepté, pero primero tenía que hablar con uno de los hermanos de Dionisio. Me presenté a la conversación, pero fui con bluyín y sin corbata. Paco me llamó la atención. Cuando todo estaba por decidirse, Paco me dijo a la salida, "aquí vas a ganar buena plata, puedes tener casa propia y pagarla en cuotas pagaderas, pero tienes que hacer una cosa: olvidarte de la militancia, podrás colaborar, pero no militar". En ese momento yo era dirigente político del MIR. Eso me cayó como una patada. Si bien necesitaba trabajar, lo que me dijo no lo pude soportar. Ibamos camino al Callao, donde quedaba CASA, lo miré de mala manera y le dije, "para el carro carajo, yo no quiero nada en estas condiciones", y me bajé. Dejamos de vernos y hablarnos por más de 8 años.
HOMENAJE A FEDERICO CASTAÑON. Me acaban de comunicar (22/1/2013) que Federico (Fede para los amigos) acaba de fallecer, hace 4 días en Nueva York, donde residía, amigo entrañable y solidario, de sonrisa a flor de piel, de humor sano , de carácter bonachón, pasamos, junto a Alfredo Portal, Ramón Aranda y otros, noches y días entrañables cantando "Matarina" en su casa de La Victoria, lo conocí por los 60 en San Marcos, era estudiante de Sociología, militaba en Vanguardia Revolucionaria y después en el FIR de Hugo Blanco, cierta vez nos invitó a Alfredo y a mi al Estadio Nacional, allí nos enteramos que su madre vendía comida en la Tribuna Sur para costear la carrera de sus hijos (tuvo otro que fue abogado), cuando terminó sus estudios trabajó como auxiliar en San Marcos, cierta vez, en una clase, un arrogante alumno le dijo, "Profesor, ¿podría ahondar más sobre las formas de explotación capitalista?", Federico, con esa buen humor sano y generoso le respondió, "Estimado amigo, ¿usted cree que por 200 soles que me pagan voy a dictarle una clase como Carlos Marx?" Nunca más le volvieron a preguntar nada. Ahora que la noticia de su fallecimiento me ha llegado, un rayo oscuro y paralizante me ha estremecido los recuerdos, Federico, no te voy a decir que descanses en paz, pero sí que sigas viviendo donde te encuentres, y hazme un sitiecito, cuando nos volvamos a ver, para volver a cantar y ver los partidos del club de nuestros amores, el Alianza Lima.
EL GATO. Tenía un amigo por el distrito de San Miguel (donde vivía con mi madre, después de habitar diversos lugares por mis necesidades de clandestinidad) que le decían "el Gato", porque se había salvado varias veces de morir. Era un alcohólico empedernido y fumador de marihuana de toda la vida, pero callado, incapaz de hacer problemas. Cuando estaba muriéndose me mandó llamar (su estado era calamitoso) y me dijo, "poeta, acércate, tú sabes que a mi me dicen "el Gato" porque me he salvado muchas veces, pero de esta no salgo, porque si bien pude haber tenido muchas vidas, el gato tiene un solo hígado, lástima". Y, lentamente, se murió. Hice un poema pensando en él, llamado "El pequeño drogo que murió en mis brazos". Está en mi libro "Los rostros ebrios de la noche".
CUCO. Se llamaba Mario, pero le decíamos Cuco, "por su aspecto de plaza de provincia", (como diría el poeta Nicolás Parra). Como yo era asmático, el se convirtió en mi amigo y "enfermero". Cuando me enamoré de una joven y quería ir a cantarle en las noches (ella vivía como a dos kilómetros de mi casa), siempre me acompañaba, nos instalábamos detrás de una piedra enorme y desde allí le entonábamos "Piel canela". Los dos teníamos una voz terriblemente desentonada. Cuando jugábamos fulbito en la calle, siempre lo hacíamos en el mismo equipo, tal era nuestra amistad. Vivía en un callejón que subía por un cerro. Su padre era panadero, su madre verdulera ambulante. Cuando estuve en España me enteré de su muerte, una tuberculosis que no pudieron detenerla por la pobreza de la casa. Antes había muerto su padre y su madre se convirtió en alcohólica. Mario, Cuco, murió de tuberculosis, pero en realidad fue porque una noche se había quedado dormido en la calle –le disgustaba llegar a su casa- y una pared le cayó encima de su frágil y desarrapado cuerpo. Tenía un hermano: ojalá se conserve bien para que lo siga velando y llevando flores al cementerio de Chosica.
PROMOCIONES ESCOLARES. Creo que el primero  año de primaria lo hice en el colegio San Andrés, que quedaba por la avenida Pethit Thuars, en Lima, y el segundo en un colegio Fiscal de Huancayo. Lo que sí estoy seguro es que desde el tercero de primaria hasta el tercero de media lo hice en el colegio de curas Santa Rosa, de Chosica, que dejé por razones de disciplina malentendida, dogmatismo cristiano (comulgar todos los viernes, escuchar el rosario todos los días después de las clases, autoritarismo clerical con agresiones físicas de por medio). El cuarto y quinto de media lo hice en otro colegio de Chosica, el "Pablo Patrón", que era del estado. En los dos pasé felicidades inimaginables que seria largo de enumerar. Lo que quiero recordar es el reencuentro después de casi 30 años. Un día recibí un correo electrónico y una llamada de un amigo del colegio Santa Rosa que me citaba para una reunión de "confraternidad" en un chifa de San Borja. Asistí. Me encontré con muchos de los que fuimos muchachos. Ahora, muchos de ellos calvos. La mayor parte de ellos, por haber sido de familias pudientes eran empresarios, profesionales privados, abogados, etc. Estábamos en la mesa tomando unos tragos cuando salió el recuerdo del colegio. Todos hablaban del colegio y de los curas como los grandes hacedores de su destino y de su amistad. Yo fui el aguafiesta. En un momento determinado les dije: "Están equivocados, el colegio no nos hizo amigos ni profesionales, sino nosotros mismos, nuestra actitud de ser amigos, el colegio nos castró, nos pegaban ¿o no recuerdan?, pudimos ser mejores, no hay que recordar al colegio ni a los curas, sino nuestras propias vidas". Bastó eso para que no me volvieran a invitar. Nunca más volví a saber de ellos. También tuve una reunión de camaradería con la promoción del otro colegio. Todo era diferente. Casi todos eran o jubilados del estado o trabajadores estatales, había uno que era gerente de una compañía de transporte provinciano. Solamente tuvimos una reunión. Nadie más volvió a convocar otra. Pero me sentí más feliz con esta última que con la primera. Me parecían más auténticos. Los otros muy vanidosos. Asi es la vida. Tiene caminos múltiples y diferentes.
IMPRESIÓN DE ALAN GARCIA. Contextura y mirada de sátiro irremediable, con prolongaciones cabrunas, donde la parte humana ha dejado de existir en una atmósfera saturada de cuernos y pezuñas, pero se hace notoria y criminal cuando se escapa por el hedor y el deshonor de los suburbios, donde se le encuentra, cotidianamente descansando o hablando como un loco o canalla, mientras la luz del sol cae ardorosamente sobre sus cachetes aleonados, y tímidos y marchitos crisantemos florecen en la boca empolcigada y deshecha de su conciencia. Esa personalidad desnaturalizó y luego cambió todas las ideas políticas del Apra, las pocas que quedaban rescatables para, incluso, el capitalismo, y las convirtió en deshecho político para servir a cualquier clase poderosa, sea nacional o transnacional.
RECUERDOS FUTBOLISTICOS. ANECDOTAS. Pelé había marcado el gol mil en su carrera y se le hizo cientos de homenajes y entrevistas, imagínense si hubiese habido tv, habría sido una explosión mediática infernal. Sin embargo, por un pueblito de Inglaterra, poco o muy poco conocido, salió la voz de un arquero que dijo: "¡Qué tanta algarabía porque Pelé metió su gol mil, si a mi me han hecho más de dos mil goles y nadie dice nada!".
En Chile había un arquero tan loco, pero tan loco que cuando firmaba sus contratos ponía un punto aparte donde señalaba que él jamás se pondría la camiseta con el número 1, sino con la palabra ATILA. Y cuándo le preguntaron por qué hacía esa acotación, respondía "Porque yo soy el rey de los hunos".
ZANCADILLA (HISTORICA) EN EL FUTBOL. Era 1960, vivía en España tratando de estudiar medicina, cosa que no conseguí, a pesar de haberme comprado un esqueleto para mirar mejor el cuerpo humano, y había un equipo impresionante, al que todos los domingos lo iba a ver, el Real Madrid, que era el mejor de Europa y muchos decían del mundo. En ese gran equipo jugaba dos jugadores sudamericanos y un húngaro que eran las estrellas supremas del equipo, hablo de José Santamaría (uruguayo, back centro), y Alfredo D¨Stefano (argentino, centro foward, luego nacionalizado español) y Ferenck Puskas (húngaro, interior izquierdo). De wing izquierdo jugaba un español, Gento, que era el más veloz de todos. El Real era una maravilla verlo. Dos años antes, en 1958, Brasil había ganado el segundo campeonato mundial y había aparecido el gran Pelé, pero en ese equipo jugaba un cerebral delantero, Didí, que jugaba de interior derecho. Era un maestro en organizar el juego de un equipo. El Real lo contrató. Imagínense la delantera que iban a formar. Pero sucede que nunca funcionó la delantera, pues Didí jugaba de vez en cuando. Pasado un año, más o menos, la prensa informó que Didí renunciaba al Real. Fue una noticia bomba. Y más explosiva aun fue la noticia que Didí había contratado un espacio en la Tv para anunciar el porqué de su retiro. Lo que declaró Didí fue tremendo; acusó a D¨Stefano de propiciar su marginación, de promover anticuerpos de todos los jugadores contra el brasileño y de ser un racista rabioso. Y eso lo hacía porque D¨Stefano era ya el amo del equipo y hacía lo que quería. Y no solamente la directiva del equipo lo apoyaba, sino también el dictador Franco, que dio la orden de cortar cuando el brasileño estaba por terminar. Didí, lamentablemente, salió muy apenado de España, donde pensó triunfar en ese gran equipo.
CAMBIO DE DIRECCION. Con Alfredo Portal y otro amigo de él hicimos un viaje a Chile de forma casi clandestina, escapándonos de nuestro hogar. Nos reunimos desde las 4 de la mañana, de un día de verano, del año 62, y nos fuimos hasta Arica en carro. Ibamos con una franciscana economía. De Arica pasamos a Iquique y allí vivimos con Alfredo (porque su amigo siguió hacia Argentina) casi una semana en un prostíbulo, pues era lo más barato que encontramos para alojarnos. Nos hicimos muy amigos de las jóvenes que trabajaban allí, pero jamás hubo nada que se pareciera a sexo. Ellas incluso nos lavaban algo de nuestra ropa. Nosotros dormíamos en el dia y en las noches nos íbamos a las playas a conversar. Luego viajamos a Santiago y allí vivimos casi tres semanas y solamente almorzábamos, un día sí y otro no, frutas, porque era lo más barato. Un día nos fuimos caminando y después de 3 horas de caminar llegamos a un barrio de clase media alta y entramos y pedimos dos vasos de agua. Un señor que escuchaba nuestra conversación nos preguntó si éramos peruanos, afirmamos que sí, entonces él dijo, yo también y se sentó en la mesa. Era el dueño del local. Nos invitó varios vasos de vino y como al sexto vaso le dijimos que hace varios días que no comíamos, entonces nos invitó un menú y después unas papas fritas, pero los vinos seguían. Como a las 6pm yo ya tenía deseos de retirarme, y le dijo a Portal para irnos. Nos despedimos y cuando tomamos un carro, que nos lo pagaba el dueño del restaurante, preguntó dónde se dirigen, yo le respondí, "a la avenida Venezuela, cerca del cine Fantasía", el dueño del local le dio un dinero al chofer y al subir nos dijo, dónde van, yo volví a darle la dirección y él dijo, no conozco esa calle, yo le dije, "siga ud. de frente y luego doble a la izquierda, cuando llegamos allí dijo y ahora, siga  a la izquierda, siempre a la izquierda", cuando Alfredo Portal se dio cuenta, le dijo, "no le haga caso señor, esa es la calle de su casa en Perú, ahora vamos a tal sitio". El chofer se molestó al principio, pero luego se mató de risa.
PEDRITO OTINIANO. Hace poco, en agosto del 2012, murió el gran bolerista Pedrito Otiniano. Recuerdo haberme declarado a muchas jovencitas por los años 55-60 con sus canciones y muchas me rechazaron. En ese tiempo sufría de una decepción irreparable, pero ahora, transcurrida una buena cantidad de lunas me siento feliz de tal rechazo, pues, seguramente, si me hubieran aceptado no hubiera vuelto a escuchar sus boleros y esa voz cargada de una enorme y maravillosa nostalgia. Si algún día me tuviera que despertar para siempre o morir para siempre me encantaría que fuese escuchando los boleros de Pedrito Otiniano. Y, por supuesto, del gran Héctor Lavoe.
 
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la esperanza nos espera al pie de un abismo (benedetti)
y cuando soy feliz, veo bailar alondras en el viento.