miércoles, 19 de agosto de 2015

Fwd: 20 de agosto. Día del Callao. Mito del Callao y sus islas. / Manuel Pita: La gente lo quiso mucho. / Sábado 22 de agosto: Vallejo y ser hermanos.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 19 de agosto de 2015, 22:27
Asunto: 20 de agosto. Día del Callao. Mito del Callao y sus islas. / Manuel Pita: La gente lo quiso mucho. / Sábado 22 de agosto: Vallejo y ser hermanos.
Para:


 
 
 
 
 
 
 
   
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2015 AÑO
DE LA DEFENSA DE LA VIDA
Y DEL PLANETA TIERRA
 
AGOSTO, MES DE LOS NIÑOS,
DE LA JUVENTUD, LAS COMETAS,
EL DEPORTE, EL FOLCLORE Y
DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
 
*****
 
PANEL FORUM
 
22 DE AGOSTO
DÍA DE LA MUERTE
DEL HERMANO MIGUEL:
"ESTOY HERMANO EN EL POYO…"
 
VALLEJO
Y SER
HERMANOS
 
PANEL:
 
CARLOS CASTILLO MENDOZA
SIXTO RAMOS VÁSQUEZ
CARLOS ROJAS GALARZA
WALTER VÁSQUEZ VEJARANO
 
ACTUACIÓN ARTÍSTICA:
 
FREDERIK SOTOMAYOR
 
CONDUCCIÓN:
MANUEL RUIZ PAREDES
 
SÁBADO 22 DE AGOSTO
6:30 PM. CLUB ANCASH
 
*****
 
HOMENAJE MUNDIAL
A LUIS DE LA PUENTE EN EL 50
ANIVERSARIO DE SU INMOLACIÓN
 
LA GENTE LO QUISO MUCHO
Y ÉL SE MEZCLÓ DENTRO DEL PUEBLO
CON FRENESÍ Y CON REAL AUTENTICIDAD
Luis Felipe de la Puente aunque casi no actuó en el campo del derecho, defendió a los campesinos por unos meses en un 'estudio', en el segundo piso sobre el Club de Leones en la principal calle de Trujillo. Luis conoció directamente el drama del campesino. Lo observó en su propia hacienda, y no sólo lo observó sino que lo afrontó, y dentro de la relatividad de las circunstancias, lo solucionó.
Por eso se explica que cuando él regresa del destierro de México y nos invita a su hacienda a muchos dirigentes estudiantiles de Trujillo, nosotros que habíamos llegado a la parte alta nos encontramos intrigados porque él se retrasaba tanto y porque tanta gente bajaba por todos los caminitos de las laderas serranas, aparentemente llorando, y aguzando el oído escuchábamos: "Ya llegó nuestro Luis Felipe", "Ya llegó nuestra estrellita", "Ya llegó nuestro consuelo", y era una expresión emocionada y emocionante de la gente que lo quería.
Pero la gente sabía que él estaba en apuros y dentro de la camioneta Pick-up, que él tenía, aparecía una cantidad de comida en crudo o cocinada, envuelta en manteles muy limpios. La gente lo quiso mucho y él se mezcló dentro del pueblo con frenesí, con real autenticidad. Mientras nosotros bailábamos en el salón de la hacienda que quedaba como en un estrado en la parte alta, que daba al patio donde se reunía el pueblo, donde se reunía el campesino, Lucho no estaba con nosotros, sino que libaba con su pueblo y bailaba con su gente.
Luis de la Puente Uceda burgués de procedencia e indiscutible revolucionario desde su origen terrenal, desde el nacimiento episódico, es presencia permanente de exigencia imperativa, hacia todos los que en este momento o mañana se sigan diciendo revolucionarios. Porque es mucho más natural que un hombre de pueblo devenga en rebelde, a que un hombre de clase alta resulte revolucionario. Esta es la excepción del líder de la guerrilla de 1965.
Pero Luis Felipe debe y tiene que ser revaluado, revalorizado y expuesto competitivamente en todas sus expresiones conductuales, y específicamente con las expresiones que actualmente en nombre de la misma causa, los hombres del Perú hacen.
MANUEL PITA
 
*****
 
20 DE AGOSTO
 
 
DÍA
DEL
CALLAO
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
MITO
DEL CALLAO
Y SUS ISLAS
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. ¡Es
su suerte!
 
Aquí antes tenían su morada, en tiempos remotos, un dios y una diosa que se amaban con amor apacible y transparente.
Todo andaba bien, salvo un detalle, que hizo que el amor que se tenían, fuera arrebatado, y después se hiciera eterno.
Pasión que ha quedado como un hecho inolvidable perpetuado en dos islas pasmadas, en el viento que sopla y en una ensenada que se proyecta al mar como un brazo que anhelara algo inalcanzable.
¿Cuál era ese detalle? Lo que motivó este drama es que azotaban antaño estos parajes inclementes las marejadas, las borrascas y los maremotos.
– ¡Lucharé con ellos!, –dijo un día Chucuito–. Expulsaré a estos malvados que asolan estas costas del mar océano. Los hundiré en los abismos y en las cavernas donde nacen. ¡Guerrearé hasta vencerlos!
– ¡Déjalos!, –dijo Challa–. Nosotros somos dioses y nada podrán en contra nuestra.
– ¿Y los otros seres? ¿Las plantas, los animales y la raza humana que aquí mora?
 
2. La apartó
suavemente
 
– ¡Sabrán cómo defenderse! ¡O, sino, perecerán! ¡Es su suerte! ¡Esa es la ley que determina quiénes deben perecer y quienes sobrevivir!
– Y, ¿todo aquello que aquí se construya y erija, entonces que se arruine y que se arrase?
¡Eso, no!
– Entonces busquemos otros parajes.
  ¡No! ¡Debo corregir a esos perversos! ¿Nada podrá edificarse por el antojo y el arbitrio de esos seres siniestros? Iré a domeñarlos. ¡Es mi deber hacerlo!
– ¿Y qué tiempo te llevará combatirlos? –Preguntó Challa, ya inquieta por la obstinación y la probable ausencia de quien era su esposo adorado. Y padre de su única hija llamada Maranga.
– No sabría decir con precisión cuándo retorne. Solo en ir y volver de sus guaridas no es menos de cinco años. Después de ese lapso puedo regresar pronto si los venzo con soltura. O puedo demorar un tiempo prolongado, si es que es duro someterlos a un código, a una orden y a una ley.
– ¿Y si te pasa algo? ¿Si sucumbes? –Dijo ella ya puesta en su delante y cogida a su cuello.
 
3. Empeño
en volver
 
Él la apartó suavemente.
– Entonces habré cumplido con lo que es mi deber y mi designio.
– ¿Y no te parece cruel dejarnos a mí y a tu hija desoladas?
– Quedan seguras en tierra firme y he dado instrucciones para que nada les falte.
– ¡Eres cruel e ingrato conmigo que he consagrado toda mi vida a vivir contigo.
– Volveré esposa mía. El recuerdo de ustedes me hará ser prudente. Pero antes buscaré con mi embarcación a esos ladinos y arteros en el mismo lugar donde nacen y se engendran, que es en lo más lejano y hondo del océano.
– ¡Eso es abandonarnos a mí y a tu hija, que es tierna!
– ¡Nada les faltará aquí!, pero es ineludible que yo aplaque la furia de estos espectros brutales cuyas fechorías se ciernen sobre estas tierras.
– ¡Te matarán o te quedarás por ahí, enfermo y loco! Para ti ya no habrá regreso.
–Yo pondré todo mi empeño en volver, aunque no todo depende solo de mí el que me vaya bien o mal en esta contienda.
 
4. No
lo hagas
 
– Entonces deja esa idea descabellada.
– Tengo que cumplir esa misión que es insoslayable. Nada debe amenazar estas costas. Esa es la obligación que se me encarga que yo cumpla.
– Lo que me extraña es que por una aventura tengas que abandonar a tu familia.
– No confundas deber con aventura. Y tampoco misión que cumplir con abandono de los seres a quienes más quiero, adoro y venero.
– ¡Pero nos dejas solas! ¿No te conmueve abandonarme aquí, a mí y a tu hija pequeña a quien no verás crecer ni podrás educar?
– Este trabajo en el fondo lo hago por ustedes.
– ¡Pero si hemos podido vivir así hasta ahora!
– ¿Y no te preocupa vivir con estas amenazas? ¿Acaso, no es bueno corregirlas?
– Si es por nosotras, te decimos ¡que no! ¡Que no lo hagas! ¡Que te necesitamos a ti!
– Lo hago por ustedes y por todos los demás.
 
5. Tú
y yo
 
– Ya te decimos con total claridad: ¡no lo hagas!
– Lo haré. Ya te he explicado las razones, y con mi corazón puesto en mis manos.
– Eso sí te digo, Chucuito, que si finalmente te vas, ya no nos busques. Ni siquiera regreses. Olvídate de nosotras, de mí y de mi hija. Si es así me desuno contigo.
– Me rompe el alma, lo juro, pero de todos modos es mi deber.
– Si así lo quieres ya no te pertenezco. En el fondo presentía que eras así: presuntuoso, egoísta y traidor. Y puedes irte. ¡Vete!
Estas palabras ofendieron a Chucuito, le llenaron el alma de amargura y desilusión. No dijo nada y se alejó presuroso. Solo días después se acercó para despedirse, sin detenerse a oír una respuesta:
– He preparado mi nave y voy a partir. Yo volveré. Te buscaré solo aquí, y en ningún otro sitio. Solo aquí. A ti y a mi hija.
– Entonces no nos encontrarás.
– Nada depende de mí. Nuestro destino no depende de lo que tú y yo en verdad hagamos.
 
6. La tierra
que él amaba
 
Y Chucuito se hizo a la mar con su nave.
Era hábil en todo. Principalmente en dirigir una embarcación, en reconocer las corrientes marinas, en saber cualquier ubicación, orientándose por las estrellas.
En acertar en saber la profundidad de los océanos, en conocer el temperamento y el capricho de los vientos.
Era hábil en interpretar de la noche sus calmas y turbulencias. Y del día sus esperas. Del oleaje tanto sus tersuras como sus sinuosidades. Y de los monstruos también en vaticinar sus sueños y sus ansiedades.
Pero las marejadas que azotaban las orillas de la tierra, lugar que él amaba, se habían vuelto indómitas, atrevidas, sin orden ni concierto.
Y las borrascas cubrían de lluvia, neblina y oscuridad estas campiñas.
Y los maremotos destruían toda la vida que encontraban a su paso.
Y por más que Chucuito intentó persuadirlos estos endriagos lo desoían. Y hasta lo trataban con burlas, sorna y desprecio.
Es por eso que se embarcó a expulsarlos y a hundirlos en lo más distante y profundo del bruñido piélago.
 
7. Una señal
en el horizonte
 
Decidido levantó velas hacia el océano en su búsqueda para someter a estos esperpentos que asolaban las costas del Callao.
Ella también partió, y con ella se fue la gente pero en dirección opuesta, hacia las montañas encumbradas, a buscar refugio a su orgullo herido, obcecada de despecho y desengaño.
Aunque cuando ascendía no pudo resistir la emoción de voltear y ver aquella barca que se alejaba y un sentimiento desgarrador de tristeza y desolación embargó su alma.
Y pensó que no volvería a ver nunca más a quien hasta entonces había sido  su amante y fiel compañero. Dejó de observar y siguió su camino.
Tiempo después Challa asistió a muchas fiestas. Trató de encontrar distracciones y hasta se envolvió en lances de amor, atenta a los requiebros de otros dioses y huacas que la asediaban.
Pronto descubrió que el único ser a quien amaba era a su esposo. Que nadie podía remplazarlo en su corazón. Que no había otro ser como él sobre la faz de la tierra. Y desde el farallón donde vivía miraba el lejano mar esperando una señal en el horizonte que le avisara de su regreso.
 
8. Hundía
su lanza
 
Él, en cambio, navegó por el mar proceloso e inacabable, hasta poder ubicar dónde se guarecían las olas furiosas, las pérfidas borrascas y los maremotos alevosos. Todos ellos se habían coludido con artimañas y retirado a fin de tenderle una feroz celada.
El combate con ellos fue en alta mar. Las olas fueron indomables. Sacudían su bajel intentando romperlo. Lo arrojaron fuera de él. Lo ahogaban con sus azotes.
– ¡Te haremos añicos! –Vociferaban con gritos y alaridos ululantes.
– ¡Los hundiré en sus propias lavas y espumas! –Respondía él a los ogros y engendros.
Desataron en contra suya un furor implacable, sobre todo queriendo destrozar su nave. Pero ella estaba sellada con junturas de plata, y no pudieron destruirla.
Siempre flotaba. Sujeto de manos y pies a sus travesaños él les asestaba flechas, hundía su lanza y daba porrazos certeros a los espantajos que salían a enfrentársele.
 
9. ¿Dónde
buscarlas?
 
Poco a poco fueron menos sus enemigos, que los sepultaba en los abismos, dejando un mar completamente en calma.
Fue ardua la jornada y pudo morir en el intento. Pero sobrevivió.
Porque a todos sometió, la mayoría atravesándolos con su lanza. A todos hirió con sus dardos. Y finalmente pudo hacerlos desaparecer en lo más profundo de los abismos submarinos.
En ese afán habían pasado diez años. Cuando Chucuito inició su retorno, maltrecho por las heridas y los golpes que había recibido, su amor hacia Challa se había acrecentado. Navegaba veloz y esperanzado otra vez en tocar su tierra y encontrar a su familia.
Llegó al litoral desde donde partiera, pero no encontró ni a su esposa, ni a su hija.
Su desesperación fue inmensa de no poder verlas.  Ciertamente, ellas habían huido dejando abandonado este paraje cuya construcción de piedras había desaparecido.
¿Dónde buscarlas? ¿Tendría esto sentido?
 
10. Si no
regreso
 
Ahí fue que pidió a los dioses que lo ayuden en convertirse en guardián de estas orillas, diciéndole a Ticsi Wiracocha, el padre supremo:
– Lo que hay que evitar ahora es que otra vez regresen las marejadas, y con ellas que reaparezcan otra vez los seres infernales que la secundan. He cumplido mi misión. Ya no tengo familia. Conságrame como baluarte de estas costas.
Dijo aquello y acomodó su lanza hacia un lado. Y los dioses le consintieron el deseo de ser erigido como el guardián de estos lares. Y presto, dentro de su nave se convirtió en piedra, como su embarcación en moles inhiestas, a fin de cuidar y defender este litoral, como custodios valerosos.
Challa divisó desde lejos su nave detenida cerca de la bahía. Y su corazón se exaltó de júbilo y regocijo:
– ¡Vive! –dijo–. ¡Y ha regresado victorioso! ¡Mi amado ha regresado triunfante! –Abrazó a su hija y le dijo:
– Tú espérame hasta que yo retorne a buscarte. Mantente entre las nieves. Si no regreso pide auxilio a alguno de los dioses. Yo voy ahora en busca de tu padre amado.
 
11. Y lloró
tanto
 
Y corrió. Pero ya era tarde. ¡Él se había convertido en una isla erizada, junto a otra pequeña, que es su lanza y su nave que lo acompañan! Ella, desesperada y gimiendo se extendió cuanto pudo en la orilla, en un esfuerzo supremo por abrazarlo, o siquiera por tocarle al menos un pliegue de su piel con su mano, diciéndole:
– ¡A ti voy! Hacia ti tiendo mi brazo suplicante. ¡A ti me allego, amor mío!
Es lo que ahora se escucha susurrar al viento en los acantilados de Chucuito, y en las jarcias de todo navío que allí llega o de allí parte o se adormila al vaivén de las olas.
Y fue estirando su brazo cuanto pudo para alcanzarlo. Y no le fue posible siquiera rozarlo. Entonces les pidió a los dioses volverse ensenada, o una punta para estar al menos estirada cerca de su amado. Y allí está, eternizada en la actitud de tender su mano, su brazo y su pecho hacia él, como la tierra en esa parte lo ha perpetuado.
Y lloró tanto que es el único lugar del litoral que a lo largo de todo su margen tiene millares de cantos rodados y humedecidos de llanto, de queja y de sollozos. Son las lágrimas de Challa las piedras redondas y cantos rodados que hay a lo largo del litoral del Callao.
 
12. Canto
de amor
 
Lloró y clamó tanto que su hija pudo oírla. Y bajó a consolarla.
Encontró tan hermosos estos lugares, en donde ella había nacido y vivido junto con sus padres, que la embelesaron.
Le gustaron tanto que se quedó a vivir aquí, volviendo a poblar estos paisajes.
Y de esa descendencia se formaron varios señoríos. Y luego el reino de Maranga, hija de Challa, la diosa arrepentida. Y de Chucuito, el dios valeroso.
Él ha quedado para siempre como el protector que nos defiende de las marejadas, borrascas y maremotos, que antes asolaban estos dominios. Ella ha dejado como ofrenda sus lágrimas petrificadas en las playas del Callao.
Por eso, el golfo con su punta, las orillas y las dos islas de enfrente, constituyen el himno del adiós y del retorno de todo viajero que de aquí se ausenta. Y hacia aquí siempre vuelve.
Y el hondo canto de amor inextinguible que significa la tierra, el aire impalpable de su cielo, el fuego que late en los corazones y hogares de su gente y el mar finalmente apacible, que extiende suavemente sus olas en el Callao que es entrada y salida hacia el mar océano, y a la trascendencia.
 
 
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NATAL, SANTIAGO DE CHUCO,
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